Countries en la mira

Por Redacción

A pesar de disponer de casi tantos kilómetros cuadrados como la India, un gigante demográfico que tiene más de 1.200 millones de habitantes, la Argentina está entre los países más urbanizados del planeta. Así y todo, hay muchas personas que prefieren alejarse un poco del ruido mundanal refugiándose en los barrios cerrados, por lo común ubicados en zonas semirrurales, que aquí suelen llamarse “countries”, una palabra inglesa que en este contexto tiene connotaciones campestres. Se trata de una minoría que es mal vista por ciertos populistas no sólo porque les parece antisocial no querer vivir en una ciudad sino también porque está conformada mayormente por quienes cuentan con ingresos relativamente altos, de suerte que no sorprende que a distintos dirigentes kirchneristas, defensores ellos de lo popular, se les haya ocurrido que sería una muy buena idea derribar las “barreras arquitectónicas y urbanísticas” para obligar a quienes se han instalado en los countries a reintegrarse a la sociedad. Sin embargo, los resueltos a forzar los barrios privados a abrirse pronto se enteraron de que muchos oficialistas, incluyendo a la mismísima presidenta Cristina Fernández de Kirchner, una señora que a menudo busca tranquilidad en El Calafate, un lugar poco frecuentado, comparten el deseo de aislarse. Será por esta razón que los tentados a iniciar una ofensiva contra lo que a su juicio son reductos oligárquicos optaron por batirse en retirada. Conforme al ministro de Justicia Julio Alak, sería un auténtico disparate suponer que el gobierno haya pensado procurar frenar el desarrollo de los countries por creer que debería permitirse que “se junten en las plazas los ricos con los pobres y los dueños con los empleados para formar la cultura nacional”, como, según se informa, había dicho el día anterior. También se sintió constreñido a rectificarse el locuaz diputado oficialista Agustín Rossi, el de “las barreras arquitectónicas”; luego de atribuir la versión a que “no fui lo suficientemente explícito”, el jefe de la bancada kirchnerista pidió disculpas si “alguien que vive en countries se sintió afectado”. Por supuesto que la proliferación de los barrios cerrados no se debe sólo a la voluntad de quienes están en condiciones de hacerlo de disfrutar de una vida más sana que la habitual en la capital federal, las partes densamente pobladas del conurbano y otras ciudades. Un motivo es social: mal que les pese a quienes quisieran ver eliminadas todas las diferencias de clase, educación e incluso de opinión, desde que el mundo es mundo es normal que se formen grupos de personas que se sienten afines y que por lo tanto tratan de guardar cierta distancia de los demás, razón por la que han fracasado todos los intentos de imponer la uniformidad. Con todo, a juicio de muchos el motivo más importante de quienes han elegido trasladarse a barrios cerrados no consiste en sus presuntos prejuicios sociales, religiosos o étnicos sino en la búsqueda de seguridad. No cabe duda alguna de que el miedo que sienten millones de ciudadanos a ser asaltados en cualquier momento por delincuentes desalmados, además de la falta generalizada de confianza en la policía, ha contribuido poderosamente a la expansión tanto de los countries como del negocio de la seguridad privada, pero sucede que ni siquiera los barrios mejor protegidos han resultado ser invulnerables. De todos modos, aunque es claramente necesario que existan límites legales a la autonomía de los barrios privados, procurar eliminarlos abriéndolos a todos por motivos netamente políticos –“para formar la cultura nacional”, como planteó Alak– atentaría de manera violenta contra el derecho de los ciudadanos a crear clubes que de un modo u otro suelen ser discriminatorios. Asimismo, aunque no se haya equivocado por completo el diputado Rossi al afirmar que, como reacción frente a la inseguridad, “los countries no han sido una buena respuesta de la sociedad, es casi una respuesta medieval, es volver a la sociedad amurallada”, convendría que tanto él como otros oficialistas entendieran que la ampliación evidente de las grietas sociales en la Argentina se ha debido más a la voluntad de ciertos políticos de aprovechar en beneficio propio los problemas de seguridad que al deseo de quienes sienten temor de buscar refugio en fortalezas rurales o suburbanas.


Exit mobile version