Crisis carcelaria: “Sí, nos equivocamos”
Habló del cambio en el diseño penitenciario y del “garantismo estúpido”.
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Cruza las piernas, descansa la mirada. Viene de abrazar a un par de personas que llegaron hasta la puerta de su casa a pedir ayuda. Sus operadores filtran el reclamo, pero finalmente el gobernador pisa la vereda, los escucha. Se lo ve cansado, se desploma en el sofá. Su casa de Cipolletti no tiene muchos lujos, sí un aire de ausencia. Alberto Weretilneck reconocerá durante la hora de entrevista que el mayor problema de su gestión es la seguridad, que el gobierno tuvo responsabilidad en las últimas fugas de las cárceles de Río Negro y que en las prisiones hay un “gran negocio” que intenta “cortar”. Una característica de su gestión es ponerse al frente de la lucha contra la corporación del delito. Cuando era intendente motorizó la campaña anti-Montecino, el clan que hoy simboliza el narcotráfico de la región. Ya como gobernador, hace unos meses pateó el tablero al publicar una lista con los nombres de los supuestos delincuentes “más peligrosos de Bariloche”. Y cree que no falló. Los Montecino están presos (“gracias a la justicia neuquina”, aclara) y en Bariloche “los últimos datos nos muestran que los índices de delincuencia bajaron”. Claro, la historia se complicó cuando varios presos burlaron la seguridad de las cárceles y ganaron las calles. Entonces, a Weretilneck se lo escuchó decir que –palabras más, palabras menos– había agentes internos y externos que repelían las reformas que su gestión quería instrumentar en materia penitenciaria. Básicamente, la idea era aplicar la ley del Servicio Penitenciario, que dispone el retiro del personal de policía de las prisiones y su reemplazo por agentes civiles. –¿Un boicot a la reforma generó las fugas? – Cuando llegamos, el radicalismo no había cumplido con la aplicación de la ley. Las cárceles estaban bajo control policial, no había casi civiles ni gabinetes criminológicos. Intentamos el retiro de policía y el ingreso de los egresados penitenciarios. El error fue hacer el cambio tan rápido, porque el personal civil no tenía experiencia ni mando jerárquico, y además ni siquiera pueden portar armas. Entonces, como detonante se produjeron las fugas. –Pero las fugas fueron todas diferentes. –Sí, todas diferentes con un vaso comunicante: la zona gris que se generó porque los presos dejaron de estar bajo responsabilidad de la policía. –¿Dice que la policía miraba para otro lado mientras se fugaban? –Hubo un problema de funcionamiento, pero hay de todo un poco. En la fuga de Bariloche hubo negligencia porque los cinco reclusos piden salir de una celda para ir a otra, y los autorizan, justo el día que llegaba la jefa de vacaciones. Y se escapan porque en ese lugar se podía levantar el techo. La de Viedma, la del enyesado (N. de R.: el joven que escapó fracturado y usando muletas) habían dejado todos los portones sin candados, y no se escaparon más de milagro. Se fugó otro preso que era trasladado en un patrullero sin esposas y con las puertas sin trabar, por agentes con diez años de experiencia. –Miraban para otro lado. –No lo sé, quizá, pero están todos sumariados y denunciados penalmente. Hubo hechos de corrupción, a algunos les pagaron para escapar, casos de negligencia y también una zona gris en el control de la policía que había en ese momento en las cárceles y los penitenciarios que llegaban. –O sea, la corporación policial repelía la reforma. –Antes sí, ahora es otra historia. El esquema que planteamos fue imperfecto, porque dejamos un sistema híbrido funcionando, y evidentemente fue permisivo. No acusaría totalmente a la policía. -–La responsabilidad es del Ejecutivo. -–Sí, absolutamente, nos equivocamos. –¿Y ahora cuál es el panorama? –Mucho más claro, porque el personal policial maneja todo lo que tiene que ver con la seguridad y el civil el sector administrativo y los gabinetes criminológicos. Siempre dentro de la emergencia de seguridad, claro. Pero hay que hacer una profunda revisión, incluso cambiar el marco legal de todo ese personal, generar capacitación y los cuadros de conducción civil. La ley a mi juicio como está planteada no sirve y llegar a cumplir un esquema civil en su totalidad demandará unos cinco años. –Se dice que en las cárceles también hay mucho negocio. ¿El rechazo puede ser por eso? –Sí, era otro factor el negocio del ingreso de medicamentos, drogas, teléfonos. Estamos terminando con eso de a poco. Lo que pasa es que a veces hay un garantismo estúpido que molesta… –¿Los derechos humanos molestan? –No digo eso, queremos un sistema carcelario sin abusos ni vejámenes, pero el problema de la Argentina está en los extremos. Podés ser estricto en la conducta de los presos, controlar, requisar, sin torturar. –¿El mayor problema es la inseguridad? Es el tema. En otras actividades, educación, salud, no hay mayores problemas. Hemos mejorado muchísimo el sistema de información de la policía sobre las causas. Tenemos semana a semana lo que va pasando en las ciudades, las denuncias que ingresan y todas las ciudades están bajando el delito. Una cosa es lo que nos pasa con cuestiones de violencia como en el Mapu, o el Lavalle, pero no situaciones generalizadas. Cipolletti hace un año estaba desbordado con los arrebatos, robos en semáforos, en viviendas. Se reflejaba en los medios y en las estadísticas. Se nos complicó con el tema carcelario que dio una sensación de inseguridad general. –Está claro que el narcotráfico no se termina con el golpe a los Montecino. –No, pero hay investigaciones están en marcha y vamos a jerarquizar el área de investigaciones de la Policía y mejorar puestos fronterizos. La droga entra por el norte de la provincia y si bien están los perros y el trabajo con la Funbapa, debemos mejorar el funcionamiento de los puestos 25 de Mayo, Casa de Piedra, Conesa, Río Colorado, Pedro Luro. Jerarquizarlos con cámaras y escáner para controlar encomiendas.
Sebastian Busader sbusader@rionegro.com.ar Juan Cruz Garcia garciajcruz@rionegro.com.ar