Cristina y Scioli saben que se nubla su destino si no mejoran en octubre
Cristina Fernández y Daniel Scioli parecen destinados a compartir el mismo tren, incluso el mismo asiento, al menos hasta la noche del 27 de octubre, con la misma meta: revertir el 74% de votos opositores que reflejaron las primarias de agosto. Una derrota alarmante no les conviene ni a la presidenta ni al gobernador. Cristina Fernández percibe que su poder alcanzado por el famoso “54%” de hace dos años puede licuarse antes de fin de año si el tropezón de la PASO se convierte en caída en octubre. Scioli, en tanto, alimenta su aspiración presidencial en el 2015 pero no le sirve que el Frente para la Victoria haga una elección desastrosa, porque lo salpicaría inevitablemente. Sólo y tan sólo en ese contexto se enmarcan las medidas anunciadas con bombos y platillos en los últimos días. La catarata de votos opositores obligó a la presidenta a intentar suavizar las críticas que provienen de la clase media, el segmento que más ha sido denostado por el kirchnerismo. A aquella estuvo dirigido el aumento del mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias, pero también el improvisado plan de seguridad y el aumento en las categorías del monotributo. La imprevisión de esas decisiones, que las hace claramente electoralistas, queda expuesta cuando decide enviar a miles de gendarmes, que saca de la frontera y el interior del país, al conurbano bonaerense en condiciones más que precarias. Y, peor aún, los reemplaza de manera desincronizada por oficiales del Ejército cuyo titular, César Milani, es cuestionado por su vínculo con la última dictadura militar y por realizar tareas de inteligencia. En espejo, Scioli salió a atacar uno de los principales flagelos de los bonaerenses: la inseguridad. Pero la designación del intendente de Ezeiza, Alejandro Granados, en esa cartera, fue condenada desde su nacimiento por la oposición, por el perfil “represivo” del ahora funcionario. Esa imagen negativa con la que debuta Granados afecta por ende a Scioli, salvo que de aquí a unos meses la gestión en Seguridad brinde los resultados que los bonaerenses esperan. Si bien el mandatario provincial no cejó en sus actividades de gestión, se percibe que todas ellas están direccionadas a revertir el traspié electoral de las PASO. No es casual que, mientras Cristina otorgaba el aumento para la categoría de los monotributistas y la suba de los aportes a las obras sociales, en La Plata Scioli anunciara un aumento del 112% en la jubilación mínima de los bonaerenses. Ocurre que en las encuestas en poder del Frente Renovador de Sergio Massa aumenta la brecha respecto de su competidor kirchnerista Martín Insaurralde. Ese espacio conseguiría unas 16 bancas de Diputados, seguido por el FpV con 11, seis del frente de Margarita Stolbizer y uno para Francisco de Narváez. Pese al oscuro panorama y a las medidas anunciadas, llama la atención la situación preanárquica generada en el seno del Partido Justicialista como consecuencia de la acción u omisión de la presidenta. De manera inverosímil, el candidato del oficialismo, apoyado por el PJ, propuso la baja de la edad de imputabilidad. Dado el perfil de Insaurralde, nadie hubiera dudado de que contaba con el guiño de Cristina. Sin embargo, alfiles presidenciales como Aníbal Fernández primero y después Carlos Kunkel aseguraron de inmediato que “nunca” votarían un proyecto de ese tipo. Suena extraño. Los que se anotan Está claro que el peronismo ya olfateó la crisis de liderazgo que se viene, a partir de la no re-reelección de la presidenta. Observan en el horizonte el fin del kirchnerismo y comienzan a anotarse Scioli, Sergio Urribarri, Juan Manuel Urtubey, Jorge Capitanich, Julián Domínguez y Florencio Randazzo para ocupar los sillones que quedarán vacantes en la Casa Rosada y en La Plata. Pero el proyecto de relanzar al peronismo no ya como la columna vertebral del Frente para la Victoria sino como el PJ podría chocar con sus propias aspiraciones y alimentar su descomposición si no mejoran la performance en octubre. Salvo que al día siguiente de las elecciones salgan a hundir el barco que los mantuvo a flote durante los diez últimos años.
Walter Schmidt DyN