“Cuando habla del modelo, Cristina tiene lío en la cabeza”
Amadeo está convencido de que hay desorientación y desorden de ideas en el gobierno nacional. Y un perfil autoritario que genera tensiones sociales.
— ¿Qué es difícil saber en relación al kirchnerismo y los términos en que ejerce el poder?
— Adónde nos quiere llevar. Se puede conjeturar, pero no más… ¡Y conjeturar con prudencia, claro!
— ¿Qué quiere decir con esto último?
— ¡Que en materia de opinión opuesta al kirchnerismo, hay de todo! Yo, sí creo y desde un convencimiento muy reflexionado por mí, que en la práctica objetiva del ejercicio del poder el kirchnerismo se ratifica diariamente en ver a la política como un campo de batalla. No aspiro a ser muy novedoso en esto, pero a las pruebas me remito: de esa práctica habla el cuadernillo que, apelando a El Eternauta, reparten los pibes de La Cámpora en las escuelas. No se distribuye en los términos creativos que implica la ficción; no se entrega para reflexionar desde ese lugar. Se distribuye para colocar el conflicto, la lucha, en la centralidad del discurso kirchnerista.
— La historia dice que ese tipo de cultura del ejercicio del poder implica ausencia de retorno, entonces…
— Es ir e ir e ir…
— Volvemos a la pregunta: ¿hacia dónde..?
— Y yo vuelvo a decirle que es complejo saberlo. Yo ni siquiera me atrevo a decir que en esto estén disimulando algo.
— ¿Usted cree que se pueden calzar como neutros los términos en que construyen poder?
— No digo eso. Poco es neutro en política. Pero tampoco puedo aventurar. Buscan mantener el poder, sí. Pero no puedo conjeturar sobre otros alcances. Sé lo que son en términos de práctica concreta de poder. Han demostrado a lo largo de estos nueve años que jamás de apartan del estilo que define a esa práctica… Incluso se ratifican en la cultura de echar más leña al fuego, como las declaraciones de Cabandié, uno los niños mimados del kirchnerismo, sobre la queja de gendarmes y prefectos.
— Le cambio la pregunta: ¿desde qué imaginario o dictado, en todo caso, se ha movido y mueve el kichnerismo en relación a qué hacer con la democracia que le posibilitó el poder?
— Esta es otra cuestión. Yo coincido mucho con el pensamiento del premio Nobel de Economía Amartya Sen. Lo asumo en términos de uno de mis maestros. En uno de sus libros sostiene que “la democracia es un punto de llegada pero también es un camino”. O sea, uno construye democracia haciendo democracia. Lo que no sabemos del kirchnerismo es si, para ellos, la democracia es un punto de llegada que les interesa y ese interés termina ahí, y en consecuencia no les interesa toda construcción ulterior de más democracia.
— Usted tiene amigos ahí, de años de militancia ¿Habla con ellos de este tema?
— Tengo muchos y muy queridos amigos en el kirchnerismo. Sí, de historias en común. Pero mire… perturba, duele, pero es la realidad: se torna muy difícil hablar con ellos. Sucede que muchos de ellos han mamado esta mirada mesiánico-conflictiva con que ejerce el poder el kirchnerismo… mirada que, por lo mesiánica, es paranoica. Entonces, cuando uno les reflexiona críticamente esta o aquella política del gobierno, bueno… desjerarquizan todo proceso de reflexión en común acreditándole malas intenciones a la reflexión que uno formula desde otro punto de vista.
— Usted viene de una formación intelectual, humanística y religiosa muy acentuada en relación al grueso de sus pares de cámara. Desde esta perspectiva, ¿qué le llega como aporte para reflexionar al poder K
— Es interesante lo que me pregunta porque cuando uno está en política pareciera que reflexiona nada más que desde la lucha política misma, desde lo que ésta exige… en ese calor. Pero uno también existe desde otro lado que le viene de lejos: de lo formativo por caso. Y sí, cuando reflexiono al kirchnerismo recuerdo una definición de un teólogo (se me escapa el nombre en este momento), que decía que para los autoritarios, “lo que no se debe pensar no se puede pensar”… No se trata de no sólo no hablar, sino de no pensar. Esta es una regla que atraviesa mucho de la historia de la humanidad. Y se ha cumplido y cumple a rajatabla tanto en la izquierda como en la derecha. Tiene sus nutrientes intelectuales en ambas partes. Yo, economista al fin, he estudiado mucho el pensamiento de Milton Friedman, que respaldó con fervor la dictadura de Pinochet. Y en ese respaldo y en otros que dio a dictaduras latinoamericanas, él siempre partió fijando una posición, siempre en relación al sistema económico: “Solamente se puede pensar en aquello que permite funcionar al mercado; lo otro no se puede pensar”… lo cual, en alguna medida, despejaba el camino para que, si pensaba de otra manera, se reprimiera… Al adversario, ni orejas. No diría “ni justicia”, como en algún momento dijo alguien…
— Juan Perón…
— No hay en este tipo de pensamiento, un pensamiento puro del adversario.
— ¿Qué imaginario alimenta ese tipo de arquitectura de pensamiento? Oscar Terán —quizá coincidamos en que fue uno de los pensadores más calibrados del último medio siglo— hablaba de “déspotas de la verdad consagrada” e incluso habló, en otro trabajo, de los “alucinados de lo real”.
— Creo que ese imaginario se funda en la idea de un rol predestinado. Aquí, en democracia, le pasó a Cavallo, un autoritario… no aceptaba ninguna objeción o simple reserva a sus decisiones. Y eso es kirchnerismo desde otro plano político, otros contenidos políticos. Porque estamos hablando de cultura de poder. Unos y otros autoritarios, en un tiempo en que las sociedades son cada vez más abiertas, donde el derecho a expresarse no se puede encorsetar, donde la tecnología nos abre el mundo día a día. Y esto, a la larga, genera tensiones entre un bloque de poder de verdad única y crecientes espacios sociales.
— ¿Encuentra indicios, atisbos, de tensión dentro mismo del kirchnerismo por vivir la aplicación sin solución de continuidad de este sistema de relación política?
— Hoy no. No sé si más adelante los habrá. Lo cual no quiere decir que en ese espacio no haya ausencia de gente que se siente incómoda por defender cuestiones que son indefendibles. Hay ministros y secretarios zarandeados por esa contradicción, ese clavar tacos. No me pida nombres… he hablado con ellos. Hay mucha patología en todo ese espacio. Silencios, muchos silencios. Se mueven desde rigideces, obediencias terminantes avaladas por convencimientos de conspiraciones sustentadas en lo paranoico. Lo veo todos los días en la Cámara de Diputados, donde los legisladores kirchneristas se cierran a toda posibilidad de incorporar una idea que, proveniente de la oposición, haga a mejorar un proyecto.
— Sé que opina que el kirchnerismo se sostiene, desde lo estrictamente político, en palabras. Y que en eso se parece al Juan Perón de finales de su segundo gobierno. ¿Cómo es todo esto?
— Aquel Perón no percibía que iba cometiendo un error tras otro y que crecía la opinión en su contra. Se movía mesiánicamente, se engañaba a sí mismo… a su política le ponía más énfasis en el adversario —recordemos el 5 por 1— que en la construcción.
— ¿Era un Perón desorientado?
— Sí, estoy convencido. Y ahora, con el kirchnerismo, sucede algo parecido aceptando las diferencias de contexto. Se nota claramente en el campo discursivo de la presidenta en relación, por caso, al modelo. Habla desde contenidos socialistoides —por llamarlos rápidamente—, en un país de propietarios y de aspiraciones de propiedad. Hay momentos en que embiste contra la propiedad siendo ella una mujer, si no millonaria, muy rica. Ella cree que, rodeada de los chicos de La Cámpora, va a construir poder y no entiende lo complejo que es construir poder político hoy. Está convencida, por ejemplo, de que el relato seduce, alcanza para siempre y que los argentinos que la respaldan seguirán hasta el fin de sus días rendidos a sus pies por ese relato, y así y así… Y cuando habla del modelo tiene mucho desorden, lío en la cabeza: por momentos habla de las bondades del capitalismo, y por momentos le achaca todos los males… Mucho lío en su cabeza.
CARLOS TORRENGO
carlostorrengo@hotmail.com
entrevista: A Eduardo Amadeo, peronista, diputado nacional