Daniel Ortega o “por la plata baila el mono”
Emilio J. Cárdenas (*)
El respetado diario nicaragüense de la reconocida familia Chamorro, “La Prensa”, llama constantemente a Daniel Ortega el presidente “inconstitucional” de Nicaragua. Siempre. Y es efectivamente así. Violando las normas de la Constitución que le impedían hacerlo, Daniel Ortega se ha eternizado en el poder de su país, aprovechando las divisiones de la oposición, que no consiguen superarse por los intereses personales de algunos de sus más conocidos dirigentes. Presuntamente socialista, Ortega no sorprendió a nadie cuando –durante la campaña electoral del 2006– anunció –ante la mismísima prensa extranjera– que, si alcanzaba la presidencia, establecería lazos diplomáticos con China. Ante ello, como es habitual, China señaló su propia disposición en ese mismo sentido, pero aclaró que previamente Nicaragua debía cortar relaciones diplomáticas con Taipei (esto es con Taiwán). Como es habitual en la política exterior del gigante asiático. Tan pronto ese anuncio fuera formulado, la prolija Costa Rica cambió inmediatamente de bando, en un acto claramente oportunista. Rompió con Taiwán y reconoció a China. Pero, en cambio, Nicaragua no lo hizo. Nunca. Pese a los mencionados anuncios de Ortega. Lo cierto es que el 11 de enero de 2007, o sea el día siguiente al de su reasunción de la presidencia (inconstitucional) de su país, (a cambio de qué, no se sabe a ciencia cierta) Nicaragua ratificó sus lazos diplomáticos con Taiwán. Que todavía mantiene inalterados, nada menos que siete años después. Como si nada hubiera pasado. Mientras tanto, China espera pacientemente. Curiosamente, cuando el tiempo del primer régimen sandinista de Nicaragua, China había sido reconocida, con actitud socialista ortodoxa. Pero sucede que hoy Ortega es –en toda la acepción de la palabra– el gran “dueño” de Nicaragua. Política y económicamente. Por eso, negocios son negocios. Y China, por ahora, como hemos dicho, espera. Afuera. Taiwán está, como cabía sospechar, financiando 27 proyectos en Nicaragua. En el sector alimentario: frutales y cerdos, fundamentalmente. Y financia además el programa social denominado “Hambre Cero”, de Ortega, una de las banderas del gobierno en su política de acciones contra la pobreza. Y ha prometido, asimismo, contribuir con nada menos que 30 millones de dólares a la construcción del estadio nacional de béisbol, deporte que apasiona –como es sabido– a ambos países. “Por la plata baila el mono”, dicen los españoles. Y tienen razón. Al menos es lo que parece ocurrir en Nicaragua. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
Emilio J. Cárdenas (*)
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