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De la cima al abismo: el “desgranamiento” de la UCR rionegrina

Como los secundarios en crisis, el otrora poderoso radicalismo provincial sufre un proceso de pérdida de identidad y deserción de votantes y dirigentes. Las razones de una debacle que es aprovechada por JSRN.

Eliana Medvedev Luna / Mirian R. Maldonado *


En educación, la diferencia entre el 100% incorporado al inicio a una cohorte y el porcentaje de retención se denomina “desgranamiento” y refiere al número de integrantes que, habiéndose matriculado un año, abandona o no se inscribe al año siguiente.

Hablamos aquí de desgranamiento para enfatizar el proceso progresivo, a partir del cual la UCR de Río Negro vio desmigajarse su nivel de aceptación y su rendimiento electoral, y migrar a sus votantes, sus militantes, dirigentes y autoridades. Cada año, desde el 2012, algún/a radical firmó el pase a Juntos Somos Río Negro y abandonó el barco a la deriva y sin “kybernao” (timonel, en griego, término del que deriva gobierno).

La UCR rionegrina, sola o en alianzas, gobernó durante 28 años (1983 a 2011) hasta que fue derrotada por el Frente para la Victoria (PJ y Frente Grande) conducido por Carlos Soria. En el período 1983-1987, la gestión fue ejercida por el barilochense Osvaldo Álvarez Guerrero, militante y defensor de los Derechos Humanos.

Hasta 1996 las políticas públicas estuvieron orientadas a la profundización democrática, la modernización del Estado, el desarrollo regional y el afianzamiento de las bases de sustentación del partido de gobierno.

En los períodos 1987-1991 y 1991-1995 la gestión fue encabezada por el radical desarrollista reginense Horacio Massaccesi, exministro de Gobierno de Álvarez Guerrero.

A partir del año “bisagra” 1989, la UCR mutó, se territorializó (Calvo y Escolar, 2005), se autonomizó de la dirigencia nacional, rediseñó el sistema electoral, separó las elecciones, cooptó a dirigentes, fabricó candidatos y terceras fuerzas para diluir el voto opositor, para acrecentar su aparato político.

Por dos mandatos, desde 1995 y hasta el 2003 gobernó el exintendente de General Roca, representante de los intereses del Alto Valle, Pablo Verani, que en el marco de la crisis provincial de 1995 cambió el eje de intervención del radicalismo provincial y aplicó políticas regresivas en consonancia con el ajuste nacional.

En los 90, un sistema de alianzas le permitió ala UCR consolidar mayorías y una hegemonía política que duró 28 años. Pablo Verani fue uno de sus exponentes más destacados.

Entre el 2003 y 2011 gobernó Río Negro Miguel Saiz, exintendente de Roca que llegó a la candidatura como tercero en discordia, en la interna, no jugada, entre Bautista Mendioroz y José Luis Rafucho Rodríguez.

Cada año, desde el 2012 en adelante, algún/a dirigente radical firmó el pase a JSRN y abandonó el barco, cada vez más a la deriva, sin timonel.

En el 2011, la UCR sin iniciativa ni liderazgo fuerte perdió la elección. Una desacertada estrategia de colectoras no acrecentó los apoyos a su candidato, César Barbeito, y se tradujo en menos escaños legislativos.

Tras la muerte del gobernador Soria, a 21 días de su asunción, asumió la Primera Magistratura su vice Alberto Weretilneck, quien estratégicamente movió las fichas en el tablero político -desplazó algunos y cooptó a otros dirigentes justicialistas y sedujo e incorporó también a muchos dirigentes y legisladores radicales- hasta modificar en forma total el escenario y organizar su propio partido provincial, Juntos Somos Río Negro.

2011: comienza la agonía

Ese 31 de diciembre comenzó la agonía de la UCR rionegrina que entró en declive, resquebrajándose el otrora fuerte sistema de identidad político-partidario, con consecuente pérdida de lealtad de electores y afiliados. Suena contrafáctico, pero si Soria hubiera permanecido en el poder posiblemente hubiera hallado un rol en el campo opositor.

En las elecciones del 2015 la UCR se presentó con su vieja etiqueta (lista 3) y llevó como candidato al exgobernador Massaccesi, pero solo alcanzó el 3,10 % de los votos, se ubicó en el 4º lugar y obtuvo solo una banca, por el Circuito Serrano.

Weretilneck ocupó el espacio y tiempo político que dejaron vacíos los otros dirigentes y ofreció gestionar y administrar respuestas exitosas.

La metamorfosis del juego-partido que propone candidato por candidato que se crea su partido, puso a la UCR en retirada y permitió a JSRN el crecimiento alrededor del carisma situacional (Kerz y Pomposo, 2006) de Weretilneck, que ocupó el espacio y tiempo político que dejaron vacíos los otros dirigentes y ofreció gestionar y administrar respuestas exitosas.

En la elección nacional de medio término del 2017 pareció resurgir de las cenizas cuando Lorena Matzen, expresidenta de la Juventud Radical, obtuvo, dentro de Cambiemos, el 31,97% de los votos y logró acceder a la banca de diputada nacional por la minoría. Frente a la convocatoria a elecciones provinciales para el 7 de abril, el 21 de enero se reunió la Convención radical, en Maquinchao. Allí se ratificó la pertenencia a Cambiemos y se autorizó a los comités seccionales a conformar frentes o alianzas electorales.

Esperanza y derrumbe. Matzen sumó 32% en 2017, pero en la PASO logró apenas 5,66% de los votos.

La fórmula de la alianza endogámica y monogénero -dos mujeres del Alto Valle, Lorena Matzen, de Allen, y Flavia Boschi, de Cipolletti- no logró conquistar las preferencias de los ciudadanos apartidarios, ni concitar siquiera el interés de los votantes que lo habían acompañado en el 2017. Cambiemos Río Negro alcanzó un magro 5,66 % de los votos. El único legislador que Cambiemos incorporó a la Legislatura es afiliado al Pro.

La performance, en las elecciones locales, de San Carlos de Bariloche, El Bolsón, Pilcaniyeu, Ingeniero Huergo, Cinco Saltos, Catriel, Sierra Grande, Río Colorado, General Roca, Choele Choel y Beltrán fueron adversas; la “ola verde” hundió aún más al radicalismo. Si bien logró retener Valcheta, Ingeniero Jacobacci y Guardia Mitre, fue derrotada también en Viedma, su último bastión en los municipios con mayor cantidad de electores.

Si el radicalismo rionegrino quiere recobrar su piso electoral, debería aceptar que cuando se pierde el poder -diría Maquiavelo- solo con prudencia, sabiduría y un ojo avizor que logre diferenciar oportunidades de amenazas podrá recuperar a aquellos votantes que por afiliación o simpatía tienen vínculos identitarios que pueden inclinar la balanza a la hora de elegir. Solo así tendrá una oportunidad de “volver a empezar”.

*Politólogas, docentes e investigadoras del Centro Universitario Regional de la Zona Atlántica (Curza), UNC


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