Desastre en Huinganco
El viernes 8 de febrero, a las 19:50, y como consecuencia de una tormenta veraniega que se desató a las 19 por un lapso de 20 ó 25 minutos sobre la pequeña localidad de Huinganco (principalmente sobre el lado oeste del cerro La Corona, naciente de los arroyos Huinganco y Huaraco en la cordillera del Viento), un alud de barro y agua arrasó el cauce de ambos arroyos, arrastró todo a su paso y dejó al pueblo aislado y partido en dos. Durante una hora o más, sucesivas oleadas de 60-70 metros de ancho por 5, 6 ó 7 metros de altura se llevaron puentes, postes de electrificación, de telefonía, cañerías de agua potable, una vivienda familiar, cercos, materiales de trabajo, construcción, etc. Enormes rocas de dos o más metros de diámetro arrastradas como simples pelotas de goma, álamos de 20-30 metros de altura caían como fichas de dominó, sauces añosos arrasados como si fuesen juguetes… Todo esto en simples arroyitos que en la época estival apenas sobrepasan el metro y medio de ancho por 30 ó 40 cm de profundidad… Lo sorpresivo del desastre provocó caos y pánico en la población, vecinos que quedaron aislados de sus familias a uno y otro lado de ambos arroyos sin saber qué había pasado con sus seres queridos; la telefonía celular colapsada y el anochecer inmediato aumentaba la angustia. Durante la noche se pudo ver a vecinos deambulando con sus linternas de una punta a otra buscando noticias de sus familiares, lo cual, sumado a los rumores de que se había roto la laguna Huinganco (en la cima de la hermosa cordillera del Viento, al lado del cerro La Corona) y que eran inminentes más golpes de agua y barro, transformó al tranquilo pueblo cordillerano en un infierno… Allí afloró lo mejor de cada uno, con mano abierta y solidaria dieron alojamiento a quienes quedaron varados, tanto en Andacollo como en Huinganco interesándose por el otro más que en sí mismo. Al día siguiente, a primera hora, comenzaron los trabajos para abrir pasos, donde había habido puentes, con escasas maquinarias y elementos, habilitándose provisionalmente los mismos. Se reconectó la energía eléctrica en aquellos lugares que era factible hacerlo, al igual que el gas natural y el agua potable. Salvo el caso del EPEN (por lo menos en Huinganco), todo fue llevado a cabo con gran improvisación y enorme voluntad de una parte de los trabajadores municipales, de otras reparticiones y vecinos voluntarios que se sumaron a las tareas, pero faltos de un plan de contingencia, de acciones efectivas y organizadas por parte de las autoridades municipales, que recién declararon la emergencia a las 24 hs. de ocurrido el desastre. Dichas autoridades, sobrepasadas largamente por la magnitud del evento, sin comunicar clara y masivamente el estado de situación y las acciones que tomarían para resolver los problemas que sufrieron los pobladores, sumado a la falta de contacto con los damnificados, la minimización permanente de la catástrofe y el no asumir el rol que les compete como máximas autoridades electas de la población, fueron causales de indignación y preocupación de numerosos vecinos. Que no haya habido víctimas humanas fue un verdadero milagro… A más de una semana del hecho, poco a poco la localidad retoma su ritmo normal, pero queda la inquietud en los pobladores sobre cómo y cuándo se realizarán las tareas de recomposición y restauración definitiva de las vías de comunicación terrestre (algunos pasos son provisorios), las conexiones de agua y gas, reparadas algunas provisoriamente; la reconexión telefónica (los postes quebrados, los cables telefónicos cortados y en el suelo…). Qué diagnóstico sobre la causa de la avalancha hay si la misma puede volver a ocurrir. Qué evaluación concreta se hizo de la magnitud de la catástrofe y de los daños materiales y humanos sufridos. Y, sobre todo, se duda de la capacidad de respuesta de las autoridades políticas locales ante estos eventos. El solo hecho de que el presidente de la Comisión Municipal haya estado de licencia en esos días posteriores al desastre da una idea de en qué manos está la localidad… Que Dios nos ampare. María Ana Suárez Lissi DNI 18.226.969 Orlando Raúl Rostan – DNI 14.213.280 Huinganco
María Ana Suárez Lissi DNI 18.226.969 Orlando Raúl Rostan – DNI 14.213.280 Huinganco
El viernes 8 de febrero, a las 19:50, y como consecuencia de una tormenta veraniega que se desató a las 19 por un lapso de 20 ó 25 minutos sobre la pequeña localidad de Huinganco (principalmente sobre el lado oeste del cerro La Corona, naciente de los arroyos Huinganco y Huaraco en la cordillera del Viento), un alud de barro y agua arrasó el cauce de ambos arroyos, arrastró todo a su paso y dejó al pueblo aislado y partido en dos. Durante una hora o más, sucesivas oleadas de 60-70 metros de ancho por 5, 6 ó 7 metros de altura se llevaron puentes, postes de electrificación, de telefonía, cañerías de agua potable, una vivienda familiar, cercos, materiales de trabajo, construcción, etc. Enormes rocas de dos o más metros de diámetro arrastradas como simples pelotas de goma, álamos de 20-30 metros de altura caían como fichas de dominó, sauces añosos arrasados como si fuesen juguetes... Todo esto en simples arroyitos que en la época estival apenas sobrepasan el metro y medio de ancho por 30 ó 40 cm de profundidad... Lo sorpresivo del desastre provocó caos y pánico en la población, vecinos que quedaron aislados de sus familias a uno y otro lado de ambos arroyos sin saber qué había pasado con sus seres queridos; la telefonía celular colapsada y el anochecer inmediato aumentaba la angustia. Durante la noche se pudo ver a vecinos deambulando con sus linternas de una punta a otra buscando noticias de sus familiares, lo cual, sumado a los rumores de que se había roto la laguna Huinganco (en la cima de la hermosa cordillera del Viento, al lado del cerro La Corona) y que eran inminentes más golpes de agua y barro, transformó al tranquilo pueblo cordillerano en un infierno... Allí afloró lo mejor de cada uno, con mano abierta y solidaria dieron alojamiento a quienes quedaron varados, tanto en Andacollo como en Huinganco interesándose por el otro más que en sí mismo. Al día siguiente, a primera hora, comenzaron los trabajos para abrir pasos, donde había habido puentes, con escasas maquinarias y elementos, habilitándose provisionalmente los mismos. Se reconectó la energía eléctrica en aquellos lugares que era factible hacerlo, al igual que el gas natural y el agua potable. Salvo el caso del EPEN (por lo menos en Huinganco), todo fue llevado a cabo con gran improvisación y enorme voluntad de una parte de los trabajadores municipales, de otras reparticiones y vecinos voluntarios que se sumaron a las tareas, pero faltos de un plan de contingencia, de acciones efectivas y organizadas por parte de las autoridades municipales, que recién declararon la emergencia a las 24 hs. de ocurrido el desastre. Dichas autoridades, sobrepasadas largamente por la magnitud del evento, sin comunicar clara y masivamente el estado de situación y las acciones que tomarían para resolver los problemas que sufrieron los pobladores, sumado a la falta de contacto con los damnificados, la minimización permanente de la catástrofe y el no asumir el rol que les compete como máximas autoridades electas de la población, fueron causales de indignación y preocupación de numerosos vecinos. Que no haya habido víctimas humanas fue un verdadero milagro… A más de una semana del hecho, poco a poco la localidad retoma su ritmo normal, pero queda la inquietud en los pobladores sobre cómo y cuándo se realizarán las tareas de recomposición y restauración definitiva de las vías de comunicación terrestre (algunos pasos son provisorios), las conexiones de agua y gas, reparadas algunas provisoriamente; la reconexión telefónica (los postes quebrados, los cables telefónicos cortados y en el suelo…). Qué diagnóstico sobre la causa de la avalancha hay si la misma puede volver a ocurrir. Qué evaluación concreta se hizo de la magnitud de la catástrofe y de los daños materiales y humanos sufridos. Y, sobre todo, se duda de la capacidad de respuesta de las autoridades políticas locales ante estos eventos. El solo hecho de que el presidente de la Comisión Municipal haya estado de licencia en esos días posteriores al desastre da una idea de en qué manos está la localidad… Que Dios nos ampare. María Ana Suárez Lissi DNI 18.226.969 Orlando Raúl Rostan - DNI 14.213.280 Huinganco
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