Diego Frenkel y Los Animalitos se consolidan en nuevos trabajos musicales

Frenkel recuperó el gusto por la canción, por la mezcla rítmica, el uso de instrumentos orgánicos, mientras que el grupo liderado por Nico Landa lanza se sumerje en la aventura de encontrar nuevas canciones siempre con estilo country litoraleño.

Por Redacción

MÚSICA

DIEGO FRENKEL Y SU BANDA-“RITMO”

En esta nueva etapa acompañado por una banda joven, Frenkel recuperó el gusto por la canción, por la mezcla rítmica, el uso de instrumentos orgánicos con un toque de programaciones, siempre en beneficio de la canción.

Acompañado por Pedro Bulgakov en bajo, percusión y coros, Florencio Finkel en bajo y coros, sumados a Lucy Patané en la guitarra, Frenkel viene trazando un camino desde los discos “Célula” y “Espontaneas”.

Frenkel es uno de los más interesantes compositores surgidos en la segunda mitad de los 80 y principios de los 90 junto a Palo Pandolfo y Francisco Bochatón. Y su camino es ante todo una búsqueda timbrica, rítmica, desde un lugar atípico, poco comercial y moderno.

Ese camino empieza en este álbum con la groovera “Danza”, apoyado sobre guitarras medio new wave, mientras Frenkel va explicando porque danzar. Un groove parecido sostiene “Via láctea”, también un medio tempo, con las guitarras cruzándose en airecitos a los Talking Heads, al espíritu ecléctico de David Byrne.

La timbrica de las guitarras es más rockera, aunque se mezclen las eléctricas con las acústicas como al final de “Vía Lactea” y al principio de “Corazón”, con una cadencia blusera, despojada de todos los yeites del género. EN este tramo, Frenkel y su banda comienza a elevar la velocidad y a meterle más “Ritmo” con Bulgakov golpeando más fuerte la batería, la guitarra tomando airecitos funky y la voz de Frenkel ganando color en el estribillo, bien cargado por la guitarra que apenas se esconde detrás de su voz.

“Mantra” es frenético, delirante como Frenkel arrojando frases como un rapero, las guitarras punzantes y la base marchando como una maquina de tren, bien poderosa. Frenkel repite casi psicótico “yo me meto en el mantra” con el bajo, la compañía de programaciones y percusiones de todo en el tipo como si fuera un afro-beat al estilo de Malcolm McLaren.

La calma acústica llega con “Océano”, aunque solo sea unos segundos y tome el camino de un medio tempo con un interesante trabajo de las guitarras eléctricas y del bajo y la batería. El estilo new wave vuelve con las guitarras de “Elemental”, con el agua más calma, aunque hacia el final Frenkel arme un juego de palabras y las guitarras lo acompañen en esa ocasión lúdica.

“Lluvia” tiene una carga más rítmica con el empuje de la batería y de la percusión, mientras que “Resplandor” se juega en un terreno más rockero, con la voz de Frenkel bien al frente, y las guitarras riffeando y jugueteando como en el cierre con un “Sha-na-na” y un solo.

En “El deseo” Frenkel y su banda vuelven a rockearla, con jugueteos de la guitarra, riffs, distorsiones y azotes, mientras el ex La Portuaria, vuelve a darle rienda suelta a los colores de su garganta. Mientras que el tándem Bulgakov-Finkel sostiene todo desde un esquema monolítico, gordo, bien cargado, que se lleva la canción a un viaje al África con momentos de percusión bien la frente. Para el cierre Frenkel se juega en “Amor-demolición” con un himno de tintes épicos, donde se luce todo su equipo.

LOS ANIMALITOS-“NUESTRA AVENTURA”/

El grupo liderado por Nico Landa lanza su nueva aventura musical siempre con su búsqueda cancionera dentro de un estilo que ellos mismo definen como country litoraleño -una presencia que se marca desde la hermosa foto paisajista que ilustra el sobre interno- y que los acerca a grandes buceadores de la canción rock argentina.

Para lograr ese sonido, los Animalitos se pusieron en manos de Martín Tucán Bossa, integrante de La Franela, y productor con experiencia, que puso el acento en que las guitarras de Javier Calcu Hernández y Gonzalo Gutiérrez tuvieran ese sonido bien americano mezcla de rock, country y folk, para vestir las letras románticas, plagadas de aires ribereños y de una prosa bien coloquial que narra Landa, que tuvo la ayuda de otro poeta fértil, el Cuino Marcelo Scornik.

Para reafirmar esa búsqueda cancionera dentro del genero country, los Animalitos llamaron al experto local en pedal y lap steel guitar, Pablo Hadida, que embelleció las canciones, mientras Landa cuenta historias de turismo, de esos argentinos que viene del interior a buscar una oportunidad en la gran Ciudad como ocurre en la fresca “En el aire”.

El trabajo de Landa, Hernández y Gutiérrez sería imposible sin el trabajo de esa base precisa, capaz de ir del folclore paraguayo, el chamamé a un sonido al estilo de los Heatrbreakers de Tom Petty, que integran el bajista Alfredo Vargas y Uriel Tordo en batería.

“Un trío” es pura ocurrencia romántica, al estilo más cancionero de los Auténticos Decadentes, de Landa, trabajando sobre los riffs de las guitarras y con coros, bien de banda de compinches jugando en la noche.

“Veintisiete” arranca con programaciones, pero luego el inteligente entramado de las guitarras lo llevan al campo de un mid-tempo rockero, con Landa jugando a ser un poeta de lo cotidiano, buscarle un costado más sencillo al amor, con estribillos pegadizos, ocurrentes de un amor casi simbiótico.

En su intención de marcar a fuego el sello de country litoraleño, los Animalitos recurrieron al arpa de Eduardo Zalazar para darle aires bien paraguayos a la bonita balada “Chica del barrio obrero”, en la que Landa habla de “tomar tereré con choricito y mandioca”, además de mezclar palabras en guaraní acompañado por una romántica percusión, mientras las guitarras se lucen con un interesante trabajo melódico.

La mixtura buscada por la banda se evidencia en el riff inicial de “Entre la vida y el amor”, una canción que con dulzura y suavidad se cuenta la historia de un perdedor y un soñador romántico del litoral, que emparenta a la banda con el grupo de bandas cancioneras como Estelares, Ella es tan Cargosa y los correntinos de Superlasciva.

“Hasta la alegría siempre” es puro juego en su letra, exuda optimismo, simpleza y a esta altura el disco ya se hace infaltable en el equipo de música, porque las canciones conquista por su brillo y su toque de distinción.

El trabajo de Hadida vuelve a destacarse al inicio de “Más fuerte que un viento norte” puro country que Landa empapa de argentinidad y criollismo con su letra bien de la selva litoraleña, con el Paraná empapando los pies de los Animalitos.

Ese clima de un argentino del interior que la yuga en la Capital se repite en la romántica “Silencio de amor” con otro trabajo destacado de las guitarras y de la lap de Pablo Hadida, mientras Landa cuenta la historia del litoraleño que perdió a su amor en la Gran Urbe. “Bajo tierra” mantiene la identidad, pero ahora Landa cuenta la historia de un amor en un viaje en tren, en el Gran Capitán, que termina en Posadas, luego de un largo viaje.

Ese clima cancionero con la identidad clara de rock y country se apodera de la también romántica “No hace falta ni hablar”, con un estribillo de esos que quedan en la memoria y se repiten casi como una ayuda memoria mental. Y el clima continua en “Subís la música”, donde también las guitarras llevan al oyente y a la banda en un viaje cariñoso, de asado sabatino, vino, cerveza, un buen flan casero, mientras decidís como encarar a la chica más guapa del encuentro. EL disco se cierra con una versión bien country de un clásico de los Animalitos, la oscura y romántica “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos” con un agregado de identidad futbolera en la letra.


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