Diez preguntas y respuestas para entender la fiebre amarilla

El brote de la enfermedad en algunos estados de Brasil generó preocupación en aquellos que tienen previsto un viaje. Tener información es imprescindible para minimizar riesgos y evitar temores.

El brote de fiebre amarilla en Brasil y la muerte de un vecino cipoleño que había viajado a Río de Janeiro generó preocupación en la población.

Entender y saber qué es la enfermedad y cómo se puede prevenir son factores esenciales para minimizar los riesgos pero también los temores.

1. ¿Qué es la fiebre amarilla?

La fiebre amarilla es una enfermedad vírica aguda, hemorrágica, transmitida por mosquitos infectados. El término “amarilla” alude a la ictericia que presentan algunos pacientes. El virus causante de la fiebre amarilla es transmitido por mosquitos infectados. La mayoría de los pacientes son asintomáticos. Los síntomas pueden consistir en fiebre, dolores de cabeza, musculares y de espalda, náuseas y vómitos, ictericia y hemorragias bucales, nasales, oculares o gástricas. La forma más eficaz de protegerse de la fiebre amarilla es la vacunación.

2.- ¿Dónde hay fiebre amarilla?

Hay fiebre amarilla en 47 países endémicos de África, América Central y Sudamérica. Cerca del 90% de los casos notificados cada año corresponden al África subsahariana.

Los viajeros infectados procedentes de esas zonas pueden exportar la enfermedad a países en los que no hay fiebre amarilla, pero la enfermedad también se puede propagar fácilmente si en el país hay especies de mosquitos capaces de transmitirla, condiciones climáticas específicas y el reservorio animal necesario para mantenerla.

El estado de San Pablo, en Brasil, fue declarado zona de riesgo por fiebre amarilla por la Organización Mundial de la Salud que recomendó vacunarse diez días antes de viajar. También el organismo internacional señaló que Brasil está viviendo un aumento de la actividad de fiebre amarilla desde 2016.

3.- ¿Cómo se transmite?

El virus de la fiebre amarilla se transmite por mosquitos infectados, generalmente del género Aedes (los mismos que transmiten los virus de Zika, de la fiebre chikungunya y del dengue). También la transmiten los mosquitos Haemogogus, que se encuentran sobre todo en la selva. Los mosquitos se infectan cuando pican a personas o monos infectados. La enfermedad no se transmite por contacto entre personas.

Los mosquitos se crían en la pluvisilva tropical, los entornos húmedos y semihúmedos, las masas de agua estancada y cerca de las habitaciones humanas en los entornos urbanos. El aumento del contacto entre las personas y los mosquitos infectados puede generar epidemias, sobre todo en zonas urbanas en las que la población no está vacunada contra la fiebre amarilla.

Los brotes de la enfermedad son especialmente preocupantes cuando tienen lugar en zonas de hacinamiento con servicios deficientes de suministro de agua y gestión de desechos que facilitan la cría de los mosquitos.

4.- ¿Cuáles son los síntomas?

El periodo de incubación es de 3 a 6 días. Los síntomas suelen presentarse en 2 fases.

La primera, aguda, se caracteriza por fiebre, dolores musculares, sobre todo de espalda, cefaleas, escalofríos, pérdida de apetito y náuseas o vómitos. La mayoría de los casos mejoran y los síntomas desaparecen al cabo de 3 o 4 días.

Sin embargo, un pequeño porcentaje de pacientes entran en una segunda fase, más tóxica, en las 24 horas siguientes a la remisión inicial. Entonces presentan fiebre elevada, ictericia y dolor abdominal con vómitos y deterioro de la función renal. Puede haber hemorragias bucales, nasales, oculares o gástricas, con aparición de sangre en los vómitos o las heces. La mitad de los pacientes que entran en esta fase tóxica fallecen en un plazo de 10 a 14 días, mientras que la otra mitad se recupera sin daños orgánicos importantes.

5.- ¿Cómo se diagnostica?

Es difícil diagnosticar la fiebre amarilla, sobre todo las en fases iniciales, porque sus síntomas pueden confundirse con los de otras enfermedades comunes, como el paludismo, el dengue, la leptospirosis o la enfermedad por el virus de Zika, y también con los de algunas intoxicaciones. Los médicos u otros clínicos que atiendan a un paciente pueden no saber si tiene fiebre amarilla basándose únicamente en los síntomas, sobre todo cuando en la zona también son frecuentes muchas de las enfermedades antes mencionadas.

Para confirmar la sospecha de fiebre amarilla son necesarias pruebas de laboratorio. Los análisis de sangre pueden detectar anticuerpos contra el virus, que demuestran que la persona se ha infectado o ha sido vacunada. También se utilizan otras técnicas para identificar el virus en muestras de sangre o en el tejido hepático obtenido después de la muerte. Estas pruebas requieren personal de laboratorio muy capacitado y equipos y materiales especializados.

6.- ¿Existe un tratamiento para la fiebre amarilla?

No hay tratamiento específico para la fiebre amarilla, pero un buen tratamiento de los síntomas, como la deshidratación, la fiebre y las infecciones sobreañadidas, mejora la tasa de supervivencia. Las infecciones bacterianas asociadas pueden tratarse con antibióticos. La fiebre amarilla es prevenible mediante la administración de una vacuna extremadamente eficaz que confiere protección de por vida.

7.- ¿Cómo se previene?

La vacuna es el medio más importante para luchar contra la fiebre amarilla. La vacuna es segura y asequible, y la administración de una sola dosis confiere protección de por vida contra la enfermedad. Para prevenir los brotes en las zonas afectadas, la cobertura vacunal debe ser de al menos un 80% de la población en riesgo.

Más información: ¿Cuántos casos de fiebre amarilla se registraron este año en Argentina?

8.- ¿Quién debería vacunarse?

La OMS recomienda vivamente la vacunación sistemática de todas las personas mayores de 9 meses en los países donde hay fiebre amarilla. Durante las epidemias, cuando se están realizando campañas de vacunación en masa, la vacuna se administra a todas las personas de más de 6 meses de edad (cuando los riesgos derivados de la enfermedad son superiores a los de efectos adversos de la vacuna).

La OMS recomienda la vacunación de todos los viajeros (con escasas excepciones) que se desplacen a zonas donde hay riesgo de fiebre amarilla. En caso de que un viajero tenga motivos médicos para no vacunarse, debe aportar un certificado de las autoridades competentes que lo justifique.

Algunas personas no debería vacunarse de forma sistemática:

* Los lactantes de menos de 9 meses (o de menos de 6 meses durante los brotes, cuando los riesgos derivados de la enfermedad son superiores a los de efectos adversos de la vacuna);

* Las personas mayores de 60 años

* Las embarazadas (excepto durante los brotes);

* Las personas con alergia grave a las proteínas del huevo;

* Las personas con inmunodeficiencias graves.

Mas información: Por qué aconsejan no vacunarse contra la fiebre amarilla a los mayores de 60 años

9.- ¿Estoy protegido contra la fiebre amarilla inmediatamente después de la vacunación?

En general, la inmunidad contra el virus de la fiebre amarilla se adquiere unos 10 a 14 días después de la fecha de vacunación. En las zonas endémicas es fundamental que se adopten otras medidas de protección personal durante estos 10 a 14 días: uso de ropa protectora, de mosquiteros de cama tratados con insecticidas, incluso durante el día, y de los repelentes recomendados.

El certificado de vacunación contra la fiebre amarilla es válido a partir de los 10 días siguientes a la administración de la vacuna.

10.- ¿Dónde me puedo vacunar?

Primero hay que consultar en los hospitales y centros de salud de la provincia de Neuquén y Río Negro . La vacuna no es parte del calendario, sino que son aplicaciones especiales para viajeros, y que viene en frascos de 10 dosis, por lo que se trabaja con un sistema de listas. Quienes quieran ponérsela, deben anotarse y serán convocados a los vacunatorios.

Más información: Si vas a Brasil cuidado con la fiebre amarilla ¿Dónde vacunarte?


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