Dilemas argentinos

Redacción

Por Redacción

Por exjefe de Gabinete A. Fernández | Especial para “Río Negro”

Alberto Fernández – (Ex Jefe de Gabinete) Especial para “Río Negro”

No fue una elección más. A partir del domingo muchas cosas cambiaron en Argentina. Un poder intocable quedó en la lona, mientras un conservador (moderno y democrático pero conservador al fin) logró acaparar los votos necesarios para ganar el balotaje. Como corolario de ambas cosas, el peronismo disciplinado de la última década deambula perdido, tratando de explicar lo ocurrido. Y la mitad del país, que duda de ese “conservador” devenido ahora en presidente, descubre que el “relato” oficial, plagado de épica triunfante, acabó siendo tal fiasco que no logra explicar la derrota padecida. Esta es la Argentina del día después. Una Cristina aturdida que trata de soslayar el sopapo recibido felicitando prontamente a quien se lo ha propinado y una fuerza política victoriosa que con toda premura intenta estructurarse para asumir las responsabilidades que le han impuesto. Todo ocurre mientras los “progresistas”, como si fueran “conservadores”, despotrican por el modo en que se expresó el voto mayoritario. Y los “conservadores”, como si fueran “progresistas”, maldicen el impuesto al salario, el autoritarismo venezolano y el patético pacto con Irán. La Argentina se ha conmovido tanto que todo parece haberse dado vuelta. Macri triunfó legítimamente. Al final, contra lo que todas las encuestas pronosticaban, no le sobraron votos. Ganó casi ajustadamente. Pero ganó. Su gran mérito fue haber advertido que el enojo social con el gobierno se había extendido. Se dio cuenta de que sólo debía pararse en la senda opositora y esperar paciente que los desaciertos oficiales empujaran a la gente hacia esa vereda. Scioli perdió, pero no hizo una mala elección. Con el resultado que obtuvo ha dejado vivo al “cristinismo”. Al fin y al cabo, sólo perdió seis de los cincuenta y cuatro puntos que en el 2011 obtuvo la presidenta. Algo excepcional si se considera que debió enfrentar la contienda cargando la mochila de un gobierno que negó la inflación y la pobreza, dislocó el funcionamiento de la economía, amparó muchas inconductas públicas y atentó contra todas las instituciones invocando un apoyo mayoritario que alguna vez tuvo y fue desperdigando con el correr de sus errores. A la luz de todo ello, suena casi milagroso que uno de cada dos votantes haya decidido elegirlo. Pero así fue. Macri deberá ser el presidente que desactive las minas sembradas por la administración de Cristina. Aún no se sabe cómo piensa actuar para alcanzar esa meta. Ni siquiera se conocen los miembros de la brigada llamados a evitar que los explosivos detonen. Sin embargo, el riesgo de llevar adelante un plan de acción que opere a modo de shock parece ya muy lejano, pues todo indica que no cuenta con la fortaleza política necesaria para hacerlo. Además, de proceder de ese modo sólo dejaría al descubierto que la “campaña del miedo” que tanto criticó estaba anticipando lo que vendría.

“El gran mérito de Mauricio Macri fue haber advertido que el enojo social con el gobierno se había extendido”

En el Congreso de la Nación asoma la gran debilidad de Macri. Sabe que no contará con mayoría en ninguna de las cámaras y que sus propias fuerzas apenas representan un tercio del total del Parlamento. Ante semejante cuadro, casi será indefectible que deba articular pactos para poder lograr los objetivos que se proponga. Allí, en el Parlamento, Cristina concentrará todo su poder residual. Aunque sus diputados y senadores serán en muchos casos la llave de acceso para convertir en leyes las propuestas de Macri, los líderes parlamentarios del “cristinismo” deberán esforzarse previamente por mantener unido el bloque. Es sabido que en el peronismo la derrota dispersa y los días que se viven intranquilizan el espíritu de unidad. A este escenario institucional se le suma el político. Ahora se dice que el peronismo se apresta a dar inicio a su recuperación. Aunque todos concentran la atención en la necesidad de renovar la dirigencia, la diversidad que convive bajo el paraguas de Perón exige llevar adelante un debate profundo que saque al justicialismo del limbo oportunista en el que vive y lo vuelva a colocar en el lugar que ocupan los que dicen representar la voz de los desposeídos. No es un cambio cosmético lo que se requiere. No se trata de encontrar nombres que vengan a “revolucionar” la paz de los cementerios que ellos mismos impusieron. ¿O es que Urtubey o Capitanich en estos años alzaron su voz tratando de anticiparse a este presente? Se trata, ante todo, de definir de una vez y para siempre qué intereses quiere representar un justicialismo que ha sido conservador con Luder, neoliberal con Menem, progresista con Kirchner y apenas obediente con Cristina. Dilemas a resolver en un tiempo que se viene, que está muy próximo, y que se han desatado en el mismo instante en que en Argentina todo se dio vuelta.

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“El gran mérito de Mauricio Macri fue haber advertido que el enojo social con el gobierno se había extendido”


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