Domar a la Bestia Negra

José María Maitini
Debo al juez laboral Juan Orsini la genialidad del concepto, casi tomado de fuentes literarias o mitológicas pero muy gráfico en su representación. Para él una maldita Bestia Negra recorre (como siempre pero ahora más que nunca) las calles y las plazas, de Neuquén y del país. La Bestia es salvaje. Es peligrosa. Siempre se la quiso dominar. Restringir. Es la paria del sistema. Es el germen invasivo de nuestra constitución liberal. Ella es los bombos.
Ella es la lucha. Sabe que es como el Peronismo: sabe que es lo maldito del país burgués. Y sabe que no fue la constitución del 49 que le dio vida sino un gobierno de facto en el 57. ¿Un gobierno militar creando el Frankenstein? ¿Un gobierno que bombardeó la plaza, que proscribió partidos? Muchos creemos que fue con motivo de construir una pantalla democrática. Pero a la Bestia no le importa nada de todo esto. Ella camina y camina y la buscan domar, adormecer. Pero aun así, sigue y sigue y nada —o quizá pocas cosas— detiene su paso.
Sabe que su esencia es el daño. Su naturaleza es dañar: genera daño absteniendo tareas; genera daño cortando el plusvalor. Daña a propios… y daña a extraños. La Bestia Negra no se detiene. Daña defensivamente (para forzar a que se cumpla un derecho vulnerado) y ofensivamente (para defender un interés y convertirlo en derecho). Ella no para y sabe, siempre sabe, que tiene el Derecho a su favor. Ella se convoca colectivamente (su dueño es un colectivo) pero su ejercicio es individual (cada uno la monta si desea).
La Bestia daña porque tiene el aval de la Constitución y los Tratados. Sabe que nadie puede prohibirla. No tiene Ley General, pero a la Bestia la doman sólo dos supuestos: obligatoriamente la calman cuando buscan conciliarla (Ley 14.786); obligatoriamente la retienen cuando quiere arremeter contra los servicios esenciales (art. 24 Ley 25.877). Sabe que con la salud hospitalaria e individual, con la luz, el agua, el gas… no puede meterse. ¿Y el día de clase? ¿Y el derecho a transitar, de llegar a mi trabajo? Nada detiene a la Bestia, que aparte de ser maldita es Negra, que acecha al Poder, que ronda las calles cada vez que la convocan. Pero entonces… ¿cuál es el límite a su daño? ¿Quién la para?
Ella misma es un derecho. Sabe que no es ilegal. Sabe que genera un derecho para obtener y conservar todos los otros. Sabe que nace con el Estado Social.
¿Tiene la Bestia cheque en blanco para meterse en mi casa, para saquear mis productos del comercio, para entorpecer mi negocio? No. Sabe que no. La Bestia responderá por el daño que uno de sus titulares realice, pero el daño será reprochable individualmente. No será Ella la responsable en conjunto porque Ella sabe que Ella misma es un derecho. Sabe que no es ilegal. Sabe que genera un derecho para obtener y conservar todos los otros derechos. Sabe que obliga a replantear el dictum romano “no dañar al otro”. Pero la Bestia también sabe que es herramienta de tutela colectiva.
“¡Pero ningún derecho es absoluto! ¡Pero todos los derechos son relativos! ¡Disparen, disparen contra la Bestia Negra!” Y siempre dispararon y siguen disparando y de mil maneras lo hacen: buscan definirla y ponerle otro nombre para contenerla (para dejar fuera ciertas acciones que ella contempla); buscan calificar su ejercicio como legal o ilegal (gobernadores inician sumario a docentes, descuentan sueldos… pero nada importa. Nada para a la Bestia: ella sabe que no es ilegal); buscan calificarla penalmente (¡Estorbo del normal funcionamiento del tránsito terrestre! ¡art. 194 del Código Penal! ¡Disparen!); buscan ponerle nuevos cotos no contemplados por ninguna ley (“¡Educación, servicio esencial! ¡Trabajo, servicio esencial!”; en 2012 la Corte le dijo a Orellano “¡Correo, servicio esencial!”); el Consejo de la Magistratura también la evoca: “¿Ante la Bestia, usted qué hará?” y el futuro juez —por no querer saber o conveniencia— dice una u otra cosa (¡Disparen!); doctrinarios le marcan su dueño (¡Sindicatos con personería jurídica, los únicos! ¡No los gremios! ¡No el trabajador! ¡Disparen!).”
Pero la Bestia Negra sigue porque sabe que es producto de los derechos sociales. Sabe que nace con el Estado Social. Que nace después de los derechos individuales y políticos y que ella los limita y que no es a la inversa, como quieren imponerle. Que para eliminarla deben modificar la constitución pero es muy difícil hacerlo. Y claro… en país con perfil liberal… la Bestia Negra sabe que buscarán domarla y reubicarla dentro del sistema. Es consciente de que marcha justamente contra el status socioeconómico fundante.
Ella sabe que es el fenómeno social patológico a vencer. Pero a la Bestia no le importa. Nada detiene el reclamar derechos que le sacaron y en ir por otros todavía no reconocidos. Nada la detiene y de fondo, siempre de fondo, los quejas, los ruidos, las molestias, son siempre las mismas: ¡Disparen, Disparen contra la Bestia! ¡Necesitamos domarla! ¡No sea que termine por deglutir el propio sistema que la estuvo engendrando!
* Abogado, profesor de Letras.