Donación de órganos: dos corazones, dos nuevas oportunidades

Miguel Alonso y Daniel Cuenca, dos vecinos de Río Colorado, son agradecidos de la chance que tuvieron. Hoy trabajan, hacen deportes, comparten momentos con la familia, y en el Día Internacional del Trasplante de Órganos y Tejidos concientizan sobre este hecho.

Los dos casos de Río Colorado son solo un ejemplo de la cantidad de personas que pudieron salvar sus vidas por la donación de órganos. (Fotografía: Matías Subat)

Los dos casos de Río Colorado son solo un ejemplo de la cantidad de personas que pudieron salvar sus vidas por la donación de órganos. (Fotografía: Matías Subat)

Para un ser humano, no existe un momento más difícil que aceptar la muerte de un ser querido. Más aún si en esos momentos de profundo dolor es necesario tomar la decisión de donar sus órganos, algo que permitirá darle vida a otras personas que necesitan un trasplante y que también están viviendo momentos de angustia por su futuro.


Cada 27 de febrero se celebra mundialmente el “Día Internacional del Trasplante de Órganos y Tejidos”, con el objetivo de destacar una actividad que salva vidas, brindando un homenaje a los que lo hacen posible.

En la comarca de Río Colorado y La Adela existen varios ejemplos de personas que recibieron algún trasplante de órgano y hoy pueden seguir disfrutando de sus vidas. Entre ellos se encuentran Miguel Omar Alonso (70 años) y Daniel Cuenca (63), dos vecinos riocoloradense quienes algunos años atrás recibieron un corazón y hoy continúan con su vida cotidiana.

Miguel es uno de los últimos relojeros de la región. Estuvo ligado a la política y siempre cercano a las actividades deportivas, hasta que una tarde en 2011, cuando realizaba su caminata diaria, sintió un dolor en el pecho. Inicialmente pensó que era un síntoma pasajero, pero la molestia continuó con el correr de los días.

Una noche se descompensó, con la fortuna que en esos momentos se encontraba con él un amigo, Sergio Storn, que reaccionó rápido y lo llevo al centro de salud. Tras los primeros controles fue derivado a la Fundacion Cipolletti y estuvo acompañado por el médico Carlos Mao. “Los pronósticos eran muy pocos alentadores, había sufrido un infarto y mi corazón había quedado hecho pedazos, pensé que no volvía” relató Miguel.

El relojero Miguel, feliz después de una nueva oportunidad. Además, tuvo la chance de conocer a la familia de su donante.


Tras varias intervenciones , solo le pudieron colocar un stent en una arteria del corazón, lo que le permitió seguir viviendo. “Estuve así mucho tiempo, solo vivía, porque no podía caminar 2 metros sin agitarme, estaba dentro de la casa con el aire acondicionado y el ventilador a la vez, porque me faltaba el aire, dormía con oxígeno…” añadió.

En julio del 2012 Pablo, uno de sus dos hijos, logró dar con la Fundación René Favaloro y justo para el Día del Padre le dio la noticia: tenía un turno. Para sorpresa de todos los profesionales, ese día Miguel llegó manejando.

Tras los estudios se determinó que la única salvación era un trasplante de corazón, y lo sumaron a la extensa lista de espera.

“Estaba jugado, de la forma que había vivido el último tiempo no era vida. Sabía perfectamente que dependía de encontrar un donante, luego que la operación saliera perfecto, y que no se presentara alguna complicación”, recordó Miguel.

Miguel tenía un pronóstico muy poco alentador, pero se salvó.


Pero la suerte estaba de su lado. Unos días después, recibió la gran noticia: había un donante. El 15 de julio, tras una larga jornada dentro del quirófano, le trasplantaron el corazón.

La recuperación fue larga y su buen estado de salud permitió que no aparecieran complicaciones. “Estaba casi muerto y ese día volví a nacer. Hoy con 70 años puedo seguir viviendo gracias a la familia del donante y sigo levantando la bandera para que muchas más personas sean donante. Es duro saber que se nos muere un familiar, pero es gratificante saber que donando los órganos podemos darle la oportunidad a varias personas”, cerró Miguel.

El otro caso es el de Daniel Cuenca, de profesión peluquero, quien siempre padeció la anomalía de Ebstein, un defecto cardíaco muy poco común que lo llevó a abandonar el futbol (jugaba para Villa Mitre) a los 21 años y el resto de las actividades deportivas luego de sufrir desmayos.

Ese problema lo limitó toda su vida, y con el paso del tiempo se agravó su situación. “Los últimos años ya ni podía caminar ni trabajar sin ahogarme por la falta de aire. Sabía que me iba a morir, pero no cuando” señaló Daniel.

Daniel se acercó a Fundación Favaloro en 2016 y pudo salvarse.


En 2016 decidió llegar hasta la Fundación Favaloro, donde le comunicaron que la única forma de seguir viviendo era el trasplante. “Al principio dudé, porque sentía que para que yo viviera tenía que morir otra persona, pero me dieron las explicaciones y me convencieron” comentó.

En diciembre de ese año fue incorporado a la lista nacional del INCUCAI como prioridad. “Una mañana un médico entro a mi cuarto y me dijo ‘Papa Noel te trajo un regalo’, era el corazón de un donante”, relató. El 26, tras Navidad, fue transplantado.

Daniel repasó varias vivencias y sucesos de antes y después de la operación, algunos ingratos: “En esos momentos éramos 5 personas esperando una donación, tres de ellos llevaban años esperando y nunca lo consiguieron. Sufrí mucho antes y otro tanto después de la operación, tuve altas y bajas, pero lo que tengo claro es que de esa situación salí gracias al deporte, mi familia, amigos y la Fundación Favaloro”.


La recuperación fue lenta. En Buenos Aires se vinculó con varios clubes y futbolistas reconocidos que lo alentaron a retomar el deporte. En 2017 comenzó con las actividades y llegó a integrar la Selección Nacional de la Asociación de Deportistas Trasplantados en los Juegos Nacionales, Panamericanos y Mundiales.

“Tengo un corazón joven, aunque el chasis ya tiene sus años” resumió Daniel en tono humorístico; al tiempo que aseguró que “gracias al donante volví a vivir. En cada competencia somos dos, yo y su corazón. Me prometí cuidarlo y por eso sigo en el deporte, que me salvó la vida”.


Miguel y la familia del donante



El destino le dio más de una sorpresa al relojero Miguel. Es que si bien es sabido que los donantes son anónimos y pocas veces las partes pueden conocerse, este último logró su cometido en 2015, tras varias averiguaciones y charlas entre conocidos y familiares. El papá del donante Hugo Henke, de Río Grande, llegó hasta Miguel para conocerlo.

Félix Henke era un joven agente policial de Río Grande, quien había tomado la drástica decisión de quitarse la vida en julio de 2012. Y su padre Hugo decidió de donar sus órganos, los que salvaron cuatro vidas.

Después de la determinación, Hugo se propuso buscar a las personas que habían recibido órganos de su hijo y tener la sensación de que sigue vivo en otro cuerpo. “Fue una decisión muy difícil, era mi hijo que había muerto, mi vida. Cuando el doctor me dijo que había otras personas que necesitaban los órganos hice las consultas con mis familiares y ellos me ayudaron a decidirlo. Me costó mucho en el momento” contó Hugo.


En 2015, durante un aniversario del fallecimiento del joven, Miguel fue invitado al sur a participar de los eventos religiosos organizados por los familiares.

Ese fue el primer encuentro cara a cara entre las partes. “Fue raro, muchas sensaciones difíciles de transformar en palabras. Ellos habían perdido a un hijo y yo tenía su corazón, que me volvió a la vida. Pero el abrazo y el llanto de ese momento fue emocionante. Para ellos soy como su hijo, a pesar de que soy mayor que ellos” relató Miguel, que siguen en permanente contacto.

“Yo estaba muerto y gracias a esa familia volví a nacer. Es una situación complicada, esperar que otra persona tenga que tener una desgracia para solucionarle el problema a otro. Lo importante es que la gente tome conciencia de la donación de órganos porque salva vidas”, cerró.


¿Cómo viene el proceso de la vacuna?



El miércoles 24, en el hospital “Jose Cibanal” de Río Colorado, Miguel recibió la primera dosis de la vacuna Astrazeneca y rápidamente los profesionales de la Fundación Favaloro se comunicaron para iniciar el seguimiento de la vacuna.

Además Miguel tiene inconvenientes con la obra social IPROSS, luego que dejaran de autorizar los controles anuales rutinarios en la Fundación donde se operó. Por tal motivo analiza iniciar acciones legales.

Aunque se inscribió en la página oficial de la provincia de Río Negro, Daniel se sumó a la lista de personas que desean vacunarse: “Me anoté hace unos días, me demoré, pero ya estoy anotado, ahora solo espero que uno de estos días me llamen y me den el turno”.

Daniel resaltó el trabajo que realizan el CUCAI, organismo provincial dependiente del Ministerio de Salud de Río Negro.


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