Donantesde sangre, se necesitan todo el año
Con tantos accidentes durante vacaciones, la disminución de personas que ofrecen su sangre parecería alarmante. Pero para los especialistas no hay riesgo e insisten en la donación voluntaria.
La baja en la cantidad de personas que donan su sangre durante el período de vacaciones es una constante no sólo en el país, sino a nivel mundial. Lo que hace la diferencia es que en los países europeos las autoridades sanitarias redoblan los esfuerzos y se anticipan al fenómeno incrementando las acciones que aseguren la adecuada provisión: utilizan bancos móviles de extracción, en especial a nivel corporativo -en empresas- y también en las universidades.
En la Argentina no se tienen datos de cuánto disminuye la cantidad de personas que van a donar sangre durante las vacaciones y tampoco se sabe con certeza la demanda anual. No obstante, integrantes de la comunidad médica reconocen que faltan donantes en el verano.
«Este es un fenómeno común en todo el mundo», admitió el jefe del servicio de Medicina Transfusional de la Fundación Favaloro, Horacio Salamone. También es cierto, contrapone, «que toda la actividad médica y las intervenciones programadas disminuyen por las vacaciones porque hay menos personal. Todas las cirugías que requieran de transfusiones pero que no sean de emergencia se reprograman para otras épocas.»
Para el especialista, es importante dejar en claro que no se mueren pacientes por falta de sangre y que no está en riesgo la provisión de sangre a la población: «Cuando alguien es golpeado por una situación trágica y requiere una transfusión la provisión de donantes está, se genera una respuesta inmediata; la gente es muy solidaria».
En algunas provincias existe un sistema de red que hace que todos los centros asistenciales estén conectados, y que cuando alguno de los hospitales tiene faltante de sangre sea provisto por otros de la misma red; funciona como un sistema centralizado de intercambio.
La obligación y el derecho
La intervención médica nunca puede estar supeditada a la provisión o no de donantes de sangre por parte de los familiares. Lo que debe generarse es una suerte de alianza entre los familiares y el hospital. Si se precisan donantes el centro asistencial deberá ver su existencia o realizar intercambio con otros, en tanto el entorno del paciente saldrá a buscar con el compromiso moral que se tiene de hacerlo. «Es importante que la gente sepa que ante una necesidad puntual -accidente, cirugía- los familiares y amigos, como integrantes de una sociedad, tienen una obligación moral de buscar donantes pero también tiene el derecho de exigir que se provean de los componentes sanguíneos necesarios para su familiar, porque es la obligación del sistema de salud. Si una institución no está en condiciones de poder darle sangre a un paciente que tiene que ser intervenido no debería aceptarlo y sí derivarlo a una institución que pueda hacerse cargo», advirtió Salamone.
Hacia un cambio de modelo
Estados Unidos abandonó desde la década del '70 el modelo de reposición, que es el basado en cubrir la demanda de sangre en un momento puntual, como puede ser la operación u accidente de un familiar o amigo. E implementó el modelo de donación voluntaria y repetida en el tiempo. Actualmente, se analiza allí la posibilidad de efectuar el recambio generacional de donantes, atrayendo a los jóvenes mediante el obsequio de remeras o tickets para recitales.
Lo que los hematólogos buscan gestar a nivel local es un cambio de paradigma similar, de modo que la gente, de manera espontánea, done sangre dos o tres veces al año. «El hecho de que una persona tenga que preocuparse por llevar una determinada cantidad de donantes -cuando un familiar o amigo lo precisa- genera una angustia muy grande». Las personas que se atienden lejos del lugar donde viven, por ejemplo, y no pueden salir a buscar familiares o conocidos para que donen. Para el entrevistado,
«es un sistema perverso y muestra la incapacidad del sistema de salud, del que todos formamos parte, para abastecer de un producto básico como es la sangre».
Por su parte el doctor Adolfo Claudio Galli, del área de Medicina Transfusional de la Fundación y del hospital Ramos Mejía, se refirió a la necesidad de establecer campañas que se anticipen a la merma de donantes cada año durante las fiestas y el período de vacaciones. «En países desarrollados las tienen porque esto ya está previsto. Desde los bancos de sangre también se tiene una atención con el donante (se les regala un llavero o algún otro objeto sin valor material) como para estimular la donación», indicó.
En EEUU planean estimular a los más jóvenes a través de presentes atractivos y de este modo recambiar a la gente que dona desde hace muchos años. «Se está debatiendo esta cuestión porque no se está generando el recambio de las generaciones más antiguas por las más jóvenes. La idea es que la persona venga convencida de la importancia de donar, no porque le van a dar una remera o un ticket, porque se correría el mismo riesgo que cuando se piden donantes por reposición: vienen por compromiso o -en el caso de los jóvenes- porque esperan algún beneficio», manifestó Salamone.
Contar con un sistema en donde se done sangre en forma voluntaria y regular quitaría presión sobre el paciente, sus familiares y sobre los eventuales donantes, que muchas veces se sienten obligados a dar el sí pero que pueden haber estado expuestos a factores de riesgo que hacen que su sangre no sea apta para la donación.
Aún hoy en muchos sectores de la sociedad persiste la incomprensión y la incredulidad cuando necesitan dadores de sangre. «Es común escuchar 'cómo puedo yo necesitar donantes de sangre': el tener mucho materialmente genera esa sensación de invulnerabilidad y la realidad es que no es así, la falta de sangre no hace distinciones de clases sociales», concluyó.
CAROLINA STEGMAN