“Dos experiencias directas”

Por Redacción

Atento a las opiniones vertidas por el Dr. Delfín Francisco Delgado en la página 19 de la edición del 15 del corriente, me permito agregar que el tema no sólo le preocupa al citado profesional sino a personas que no teniendo los elementos con los que él cuenta para la valoración de que se trata nos permitimos razonar con los que disponemos: algo de inteligencia y mucho de elemental criterio. Valgan para ello mis dos experiencias directas. Mi esposo (21/7/06) ingresó a la guardia de una institución de la ciudad y tras una larga espera fue recibido por la médica actuante, quien sólo con verlo le manifestó: “Usted no se va hoy a su casa, ¿eh? Espéreme”… y no la vimos más. Tras una internación precaria, con acompañante molesto, transcurridas algunas horas sin atención especial que tuviera que ver con las manifestaciones de la médica y ante mi angustioso pedido se lo trasladó a Terapia Intensiva para “al otro día” hacerle imágenes y estudios varios. Resultado: ingresado a las 18, falleció a las 12. Certificado de defunción: “paro cardiorrespiratorio”. El verdadero cuadro de situación: aneurisma aórtico abdominal, del cual nadie tomó nota. En julio de 1999 mi madre ingresó a otra institución de la ciudad con un diagnóstico de importante neumonía. Entró y salió de salita común a Terapia Intensiva dos veces porque a juzgar por el personal molestaba mucho. A la tercera movida falleció. Certificado de defunción: “paro cardiorrespiratorio”. Verdadero diagnóstico: neumonía. Nunca acabé de entender por qué no se enuncia la verdadera causa de la muerte de la gente, aunque me sobra entendimiento para imaginarlo. Pero no deja de ser preocupante que todo lo que se oculta, además de las causas que digo imaginar, nos priva de contar con los antecedentes médicos que se contabilizan para cuidar la salud de los descendientes de esos muertos y prevenir lo posible. Mis descendientes tendrán que morirse de paro cardiorrespiratorio, quieran o no. Y yo. ¡Qué novedad! ¿O acaso no nos morimos todos de eso cuando dejamos de respirar? ¿Y la causa? Quizá alguien nos explique lo que en nuestra calidad de comunes profanos no entendemos ni aceptamos… pero sufrimos. Marta Irene Verdenelli, DNI 3.860.435 Neuquén


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