¿Economía y política o economía política?
Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo
El concepto de economía política fue desarrollado por uno de los padres de la concepción liberal, Adam Smith, con basamento en la teoría valor-trabajo. Para él, el trabajo era la fuente del valor real, la creación verdadera de la riqueza, y el gobierno de turno no debería intervenir en la actividad económica. La economía argentina atraviesa un nuevo cimbronazo devaluacionista, pero ahora más fuerte que los anteriores. El ministro de Economía ha explicado en estos días cuáles fueron los anteriores en estos últimos diez años y qué cantidad de dólares se llevaron fuera del país, principalmente, los bancos y los grandes grupos económicos. Nunca desde de la debacle del 2001 el dólar había subido tanto en un solo mes, ya fuera el oficial como el paralelo. El ministro de Economía aseguró hace 45 días que la moneda estadounidense no superaría este año los 6,35 pesos y la presidenta antes de las elecciones parlamentaria de octubre había afirmado: “Los que pretendan ganar plata a costa de devaluaciones tendrán que esperar otro gobierno”. ¿Qué ha ocurrido entonces? En esta columna opinamos sobre dólar e inflación (14/2/2013) y sus causas generadoras, advertimos sobre la necesidad de ajustar algunas variables (30/11/2013 “La hora del ajuste”) –lo cual por cierto nos valió impugnaciones varias desde posiciones progresistas–, aunque fue el propio gobierno el que se lanzó a imponer ese ajuste evitando utilizar la temida palabra. Pero además otros actores económicos poderosos –el llamado “mercado” por grandes medios de comunicación y los economistas encumbrados– han empujando la situación hacia otros escenarios. Tengamos claro algo: los particulares, comerciantes e incluso empresarios nacionales que compran 200 o 30.000 dólares no son el factor desequilibrante de la situación cambiaria en la Argentina. Son los que se cubren de la inflación, los que intentan ahorrar o invertir en “algo seguro”, los más expuestos al machacar mediático de políticos, medios y economistas irresponsables que inflaman con combustible verbal la situación de debilidad del gobierno para desequilibrar aún más las políticas económicas que muestran el agotamiento consecuencia de sus propias contradicciones. Esto es, entonces, política, y la economía es un reflejo de una situación de debilidad, dado que las inconsistencias macroeconómicas vienen desde hace varios años y los cambios en la matriz económica argentina (el predominio de la industria sobre el campo, asegurando así el verdadero desarrollo) han sido absolutamente escasos para modificar una matriz productiva que aminore la necesidad de contar con dólares para importar insumos y remitir ganancias al exterior. Me explico. Venimos afirmando que el proceso de concentración económica argentino, que se aceleró en 1976, no ha detenido su curso, en tanto siete de cada diez grandes empresas son extranjeras (Encuesta Nacional de Grandes Empresas). Casi el 25% del PBI es producido por 500 con bajo valor agregado –materias primas de la minería y el agro–, a excepción de la automotrices. Estas empresas han venido aumentando cuatro veces más la productividad del trabajo de sus asalariados pero han generado sólo tres de cada diez puestos de trabajo, dato propio de la economía política de la cual hablaba Adam Smith. Si de la inflación en los precios de los alimentos hablamos, no podemos omitir que 25 empresas multinacionales producen el 80% de ellos y 10.000 pymes el resto. ¿Cómo puede funcionar entonces un mercado en competencia libre, como piden los políticos y economistas que rechazan la idea de un Estado nacional que regule el modelo de desarrollo? El gobierno ha venido descuidando el marco económico político en el que despliega su intento de redistribución del ingreso –la que por cierto ha mejorado hasta el 2011 con salarios equivalentes a la inflación– e incluso la reindustrialización del país. Con poder político ganando elecciones, una situación fiscal desahogada y reservas suficientes en el BCRA para afrontar la pesada deuda externa, las importaciones de insumos y energía, pudo controlar la situación. Pero ese esquema de sostén se viene debilitando desde hace tres años junto a una inflación que corroe el salario, incluso con paritarias de más de dos dígitos. Las propias inconsistencias del modelo, el cepo al dólar obstruyendo su compra a precios oficiales, la limitación para remitir utilidades al exterior de los grupos económicos incluso de capital nacional y el aumento de los costos empresarios –por cierto, los salarios– han dado impulso a la embestida de un conjunto de fuerzas económicas, políticas y comunicacionales que “han descubierto” la debilidad de un gobierno otrora fuerte. La política, siempre por sobre la economía, impulsada por un peronismo que se reagrupa y huele a nuevos liderazgos, ha hecho mella en el poder del gobierno promoviendo un desgaste que no será extremo, dada la necesidad de preservación personal de los ahora opositores y futuros funcionarios. La inflación responde entonces a múltiples causas –mercados concentrados, insumos importados en aumento por la inflación en dólares que se evidencia a nivel global– y no sólo a la emisión monetaria, como nos quieren “volver a hacer creer” con explicaciones superficiales y propias de finales de los años ochenta. Pero es claro que el déficit fiscal ha jugado su partida y el bombear pesos para sostener el consumo no puede resultar solamente una pretensión para ganar elecciones. Era necesario abordar cambios más profundos en momentos en que el gobierno disponía del poder político para hacerlo y no creer en una burguesía nacional salvadora que, como decía el exministro Pugliese, “escuche al corazón”. Se trata de intereses económicos y de rentabilidad, y en ese campo no se puede improvisar, dado que frente a las debilidades mostradas los impactos “de mercado” son cada vez más dolorosos. Serán meses difíciles en que el gobierno intentará ajustar aún más las variables y la presión sobre el dólar como herramienta de poder marcará una puja intensa de intereses, mientras se definen los nuevos actores que ojalá dirijan nuestro amado país al desarrollo verdadero. (*) Abogado. Docente de la Facultad de Economía de la UNC
DARÍO TROPEANO (*)
“
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora