Actividad económica en Argentina: por qué el PBI crecería menos del 2,5% pese al récord del agro y la energía
El dinamismo exportador del petróleo y el campo contrasta con el freno en la industria y el consumo masivo. Los analistas recortan las metas proyectadas por el FMI ante el impacto del ajuste fiscal y el deterioro del poder adquisitivo.
La economía exhibió en junio de 2026 un crecimiento interanual del 2,7%, mientras que en la medición desestacionalizada el avance fue del 0,8% respecto al mes anterior. (Foto: gentileza)
La actividad económica en la Argentina consolida una marcada brecha estructural entre los complejos exportadores y el mercado interno. Mientras el sector primario y los hidrocarburos impulsan un saldo comercial favorable que se encamina a superar los US$100.000 millones en exportaciones anuales, la demanda doméstica continúa sin señales firmes de reactivación. Este escenario llevó a las consultoras privadas y bancos a recortar las proyecciones de crecimiento del PBI para 2026 a un rango inferior al 2,5%, ubicándose muy por debajo del 3,5% estimado inicialmente por el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El periodista especializado en economía Pablo Wende analizó esta dinámica en RÍO NEGRO RADIO, descartó un escenario de colapso, pero advirtió sobre los límites del modelo: «No estamos ante una gran crisis como la de 2001, la pandemia o la corrida de 2018, pero sí ante un crecimiento sumamente austero. La actividad va a terminar el año con un avance modesto porque tenés sectores que vuelan mientras que las actividades que explican el grueso del empleo urbano siguen planchadas».
El especialista remarcó el contraste entre las proyecciones de los organismos internacionales y la realidad que marcan los números del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE).
«Se han desinflado bastante las expectativas y las proyecciones sobre cómo sigue la actividad económica. El Fondo Monetario Internacional proyecta un 3,5% en la última revisión del programa que tiene con Argentina, pero vamos a estar muy por debajo de eso. Muchos economistas que estaban del lado optimista y decían 3,4% o 3,5%, ahora dicen abajo de 3%, y el promedio de los analistas ya se ubica por debajo del 2,5%. Es una economía que va a crecer poquito», subrayó Wende.
Vale precisar la relación entre ambos indicadores para evitar lecturas cruzadas. El EMAE que difunde el INDEC es una medición mensual que funciona como anticipo del Producto Bruto Interno: capta la evolución de la actividad mes a mes, pero no reemplaza a las cuentas nacionales trimestrales, que son la medición oficial y definitiva del PBI.
Por eso el ritmo interanual que exhibe hoy la actividad no equivale a lo que crecerá la economía en todo el año: funciona como la foto del momento, mientras que la proyección anual inferior al 2,5% ya incorpora la desaceleración prevista para el segundo semestre.
Sectores que «vuelan» frente al estancamiento de la industria
La evolución del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) evidencia una economía que avanza a dos velocidades claramente diferenciadas:
- Motores exportadores: el sector agropecuario avanza con subas superiores al 10%, mientras que la energía y los hidrocarburos crecen arriba del 15%, apuntalados por el desarrollo no convencional en Vaca Muerta y la minería.
- Mercado interno en pausa: La industria manufacturera, el comercio minorista y la construcción muestran mejoras mensuales aisladas por efecto estadístico, pero sin consolidar un despegue productivo genuino.
«El vaso medio lleno es que el primer semestre cerró 1,7% arriba y hay un superávit comercial firme. El vaso medio vacío es que no hay ningún indicador que anticipe un boom del consumo masivo ni una recuperación fabril en el corto plazo», remarcó Wende.
El freno del gasto público y la motosierra fiscal
El ancla fiscal del programa económico también condiciona el ritmo de la reactivación. Con un superávit primario sostenido en una caída real del gasto público de 7 puntos, el Estado dejó de traccionar la demanda agregada: «El Gobierno licitó rutas para que las construyan privados o las provincias, pero la obra pública nacional directa está frenada. La motosierra nunca frena y la actividad no cuenta con el impulso del gasto estatal».
Crisis de ingresos: salarios formales en baja y el peso de las tarifas
El principal obstáculo para el repunte del consumo radica en el bolsillo de los trabajadores. Según los registros oficiales del INDEC, el salario del sector privado registrado avanzó un 29,6% interanual frente a una inflación del 34%, acumulando una pérdida superior a los cuatro puntos reales.
A esta contracción se suma el cambio en la canasta de gastos de los hogares. «No hay una pérdida masiva de empleo, pero sí una fuerte precarización tras la baja de unos 300.000 puestos formales hacia el monotributo y el cuentapropismo. La gente no llega a fin de mes porque, además de perder contra los precios, una porción mucho más grande del sueldo se destina a pagar luz, gas, agua y transporte por la quita de subsidios. Tendremos una economía más estable y con superávit, pero con bolsillos flacos», concluyó el especialista.
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La actividad económica en la Argentina consolida una marcada brecha estructural entre los complejos exportadores y el mercado interno. Mientras el sector primario y los hidrocarburos impulsan un saldo comercial favorable que se encamina a superar los US$100.000 millones en exportaciones anuales, la demanda doméstica continúa sin señales firmes de reactivación. Este escenario llevó a las consultoras privadas y bancos a recortar las proyecciones de crecimiento del PBI para 2026 a un rango inferior al 2,5%, ubicándose muy por debajo del 3,5% estimado inicialmente por el Fondo Monetario Internacional (FMI).
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