El consumo de carne tuvo su peor semestre de los últimos 30 años: cayó más del 11% interanual en junio 2026

La caída del poder adquisitivo, la fuerte suba en el precio relativo de los cortes vacunos y el mayor peso de las exportaciones frente a una menor producción explican el drástico retroceso en el abastecimiento interno. El consumo per cápita perforó el piso histórico y se ubicó en 47 kilos anuales.

Por Redacción

Foto: archivo Matías Subat.

El clásico asado de fin de semana y las comidas diarias a base de carne picada son cada vez más un lujo para los hogares argentinos. La feroz pérdida de poder adquisitivo frente a las carnicerías empujó a las familias a cambiar radicalmente sus hábitos alimenticios, provocando que el consumo per cápita caiga por encima del 11% en el primer semestre de 2026, el nivel más bajo de los últimos 30 años. Con una faena a la baja y frigoríficos que sostienen su rentabilidad volcándose a las exportaciones, el abastecimiento doméstico atraviesa su escenario más crítico.

Según el último informe económico elaborado por la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra), el abastecimiento del mercado doméstico de carne vacuna se desplomó un 11,5% en la comparación interanual durante el período enero-junio de este año. En términos de volumen, el consumo aparente se ubicó en 1.019.430 toneladas res con hueso, lo que representa casi 132 mil toneladas menos que las registradas en el mismo período de 2025.

Al observar la serie histórica, que se remonta a mediados de la década de 1990, los números son contundentes: se trata del peor registro en materia de consumo interno de los últimos 30 años. Ni siquiera los años más complejos de las últimas tres décadas, marcados por profundas crisis económicas o por procesos masivos de liquidación de hacienda, habían arrojado un nivel de abastecimiento doméstico tan bajo como el actual, marcando un piso histórico para el país.


El impacto de la inflación en el consumo de carne


Desde la entidad explicaron que esta severa retracción responde, como factor principal, al deterioro del poder adquisitivo de los hogares, fuertemente golpeado por el encarecimiento de la carne vacuna en relación con otros alimentos básicos.

En ese sentido, el promedio de los últimos doce meses del consumo per cápita encendió todas las alarmas: se ubicó en 47 kilos por habitante al año, un nivel 8,2% inferior al registrado un año atrás. En la práctica, esto equivale a que cada argentino consumió 4,2 kilos menos de carne.

El informe de Ciccra detalla que esta suba de precios no fue pareja entre los distintos cortes, pero sí generalizada en las carnicerías y góndolas. De acuerdo con los datos relevados por el Indec y recopilados por la cámara, el rubro carnes y derivados acumuló un incremento del 45% en los últimos 12 meses, posicionándose muy por encima del 33,5% que marcó el índice general de precios al consumidor (IPC) en el mismo lapso.

Dentro de este rubro, los cortes vacunos fueron los que lideraron las subas con un alza del 53,6% anual. En contraste, el pollo entero —el principal sustituto en las decisiones de compra familiares— aumentó a un ritmo considerablemente menor, registrando un 29,9% interanual. Esta amplia brecha de precios ayuda a explicar el cambio de comportamiento: una buena parte de los consumidores se vio forzada a reducir las cantidades adquiridas o a volcarse directamente hacia otras proteínas animales más económicas.

El impacto es aún más evidente al analizar cortes específicos de alto consumo popular. En la comparación interanual a junio, la carne picada común fue la que más subió de precio, con un impactante 56,2%, seguida muy de cerca por el asado, con un 54,3%. Estas cifras dimensionan por qué la caída del abastecimiento interno golpeó con especial crudeza a los productos que históricamente integran la dieta cotidiana de las familias argentinas.


Salto en las exportaciones de carne a pesar de la baja en la producción


La contracción del mercado interno no se explica de manera exclusiva por la barrera de los precios, sino que también la dinámica de la oferta también jugó un rol determinante. Durante el primer semestre se faenaron 6,02 millones de cabezas de ganado vacuno, lo que representa un 8,9% menos que en igual período de 2025. Este fenómeno se enmarca en un proceso de menor disponibilidad de hacienda para faena que la industria arrastra desde hace tiempo. En consecuencia, esta merma se tradujo en una producción total de carne vacuna de 1,428 millones de toneladas, acusando una baja del 6,2% respecto al mismo semestre del año pasado.

Sin embargo, hay un dato clave: la producción total cayó, pero no al mismo ritmo que el consumo interno. La razón principal de esta asimetría radica en el rumbo que tomaron las exportaciones. En los primeros seis meses del año, los envíos al exterior sumaron 408,6 mil toneladas, reflejando un incremento del 10,2% frente al mismo período de 2025.

Esto significa que, del volumen total de carne producida a nivel nacional, una porción significativamente mayor se destinó a abastecer los mercados externos, restando disponibilidad para los mostradores locales. Según los registros de Ciccra, la proporción de la producción destinada a la exportación saltó del 24,4% al 28,6% entre un semestre y otro. Como contrapartida directa, la cuota destinada al mercado interno se redujo del 75,6% al 71,4%.

Este complejo escenario se desarrolla en un contexto particular para el sector primario. Según reveló Infobae, Ciccra viene advirtiendo en sus últimos reportes que la ganadería argentina podría estar transitando la etapa final de una fase de liquidación de existencias que se prolongó por tres años, período en el cual los productores enviaron a faena una proporción de hembras mayor a la habitual. Aunque en los últimos meses este proceso mostró ciertos signos de desaceleración —lo que a futuro podría traducirse en una recomposición del rodeo—, por el momento esa transición no ha logrado impactar positivamente en las heladeras de los consumidores, consolidando el escenario más hostil de las últimas tres décadas para el consumo de carne en el país.


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