Eran contadores, dejaron todo atrás para fundar su propio negocio, y hace 40 años le ponen blanco a Neuquén

Es la historia de Carlos y Emma Kreplak, fundadores de Blancoamor. Los orígenes, la profesión que dejaron atrás, la competencia con los híper y la reconversión con una marca propia de colchones que anclada en calidad, ya se proyecta con alcance nacional.

Segunda generación. Carlos y Emma Kreplak, junto a su hijo Federico y su esposa Maggie (Foto: Cecilia Malletti)

Un viaje a Neuquén suele ser un viaje de ida. El Río Limay atrapa y enamora, y la tierra de las oportunidades invita a quedarse y a crecer. Así fue para Carlos Kreplak y Emma Torchia, fundadores de Blancoamor, una de las empresas más pujantes y longevas de la región.

Ambos contadores públicos y oriundos de Capital Federal, entrados los años 70 ambos se desempeñaban en su profesión. Emma se desempeñaba en la Caja de la Industria y Carlos trabajaba en Aluar y era titular de cátedra en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. En ese escenario Neuquén se cruzó en sus vidas y torció el rumbo de su historia.

En 1974 dejaron Buenos Aires y se establecieron en Neuquén. A los diez meses de llegar abrieron su propio estudio para ejercer la profesión. Pero el destino tenía otros planes.

“Nos la pasábamos asesorando a los clientes sobre cómo hacer para ganar dinero y para pagar menos impuestos. Entonces dijimos ¿por qué no aprovechamos todo lo que conocemos para nosotros? Y ahí decidimos abrir un negocio”, recuerda Carlos.

Los inicios en una Neuquén virgen


Tras un pequeño estudio de mercado, identificaron que en Neuquén no había negocios exclusivos de blanco o de textil para el hogar. Corría el año 1986, y en un pequeño local de Av. Olascoaga y Alcorta, ese fue el origen de “Blancoamor”.

Blancoamor 3 - Kreplak - Cecilia Malletti
Fundadores. Carlos y Emma Kreplak, el corazón de Blancoamor (Foto: Cecilia Malletti).

“Fue un éxito rotundo. El día de la apertura, la gente estaba agolpada en la puerta. Abrimos y se llenó de gente”, rememora Kreplak y afirma: “Desde el principio fuimos los dos con Emma, cada uno desde su rol, y nuestro objetivo fue brindarnos a la gente”.

El crecimiento se dio en base a tres pilares: calidad de atención, calidad de producto y a precios razonables. Sin embargo, el camino no fue todo de rosas. La irrupción de los hipermercados a fines de los 90, puso en riesgo toda la matriz del negocio.

"Nuestro secreto desde el día uno fue brindarnos a la gente. En los momentos críticos, cuando nos vimos obligados a ser creativos y a hacer algo diferente, la diferencia fuimos nosotros".

Carlos Kreplak, fundador de Blancoamor

“Ellos tenían en góndola productos estandarizados a un precio que era un poquitito más que el costo nuestro. Entonces era cuestión de reinventarnos, utilizar la imaginación, la creatividad y hacer una cosa diferente. Y la diferencia fuimos nosotros”, se enorgullece Carlos.

La transición generacional


Entrados en el Siglo XXI, llegó la hora de la transición generacional, un proceso natural que duró unos 15 años y culminó tras la pandemia.

Federico, uno de los tres hijos de Carlos y Emma, se crió dentro del negocio, participando y comprendiendo desde chico todas y cada una de las etapas y proceso del negocio. Tras recibirse de Licenciado en Administración de Empresas y realizar su maestría en Canada, Federico regresó a la región junto a su esposa María Magdalena Márquez, con la decisión de llevar las cosas a otro nivel.

Segunda generación. Federico Kreplak y María Magdalena Márquez, la nueva conducción de Blancoamor (Foto: Cecilia Malletti).

Tenemos dos maneras distintas de liderazgo. Yo soy más rígido y él es más participativo, más creativo, que le da más poder a su equipo”, explica Carlos.

Durante ese lapso Blancoamor se hizo fuerte no solo en textil, sino en colchones y más tarde en muebles, extendiéndose con dos locales más en Neuquén y llegando a otras ciudades como Cipolletti, Cutral Co y Centenario.

“Blancoamor es un lugar donde la gente se transforma. Nuestros empleados se van de Blancoamor son distintos a los que se entraron. Lo que mamamos culturalmente de nuestros padres es jerarquizar a las personas”

Federico Kreplak, CEO de Blancoamor

Pero con esa nueva impronta, no solo creció el negocio, sino la gente dentro de la empresa, y el rol de Maggie fue clave para eso. “Blancoamor es un lugar donde la gente se transforma. Nuestros empleados se van de Blancoamor son distintos a los que se entraron. Lo que mamamos culturalmente de nuestros padres es jerarquizar a las personas”, explica Federico.

El momento de la diversificación y el despegue


El punto de inflexión llegó en el año 2007. “Siempre fuimos buenos en comunicación, muy creativos”, afirma Federico, y agrega: “Lo que pasaba es que nosotros trabajábamos para grandes marcas y después las marcas capitalizaban todo nuestro esfuerzo de marketing”.

Fue así que decidieron lanzar Kress, su propia marca de colchones en sociedad estratégica con un fabricante de Santa Fe. La marca no solo ha logrado establecerse a nivel regional, sino que ya tiene presencia en el resto del país.

Aquel sueño nacido hace cuatro décadas sigue proyectándose hacia adelante en el legado generacional. Los planes inmediatos son expandir la red digital a nivel nacional y fortalecer la inserción de los productos exclusivos de la marca a nivel nacional.


Comentarios

Exit mobile version