Un informe redefine el impacto de la tarifa eléctrica en la Patagonia

Especialistas de la OTEA plantearon la distorsión que significa hablar de la tarifa más cara cuando no se tienen en cuenta conceptos como el poder adquisitivo de las familias, la asequibilidad eléctrica, la dispersión geográfica y la densidad poblacional que atiende cada empresa eléctrica.

Por Redacción

El tendido de redes en la meseta de Río Negro.

Un informe confeccionado por especialistas de la Universidad Nacional del Sur y el Conicet redefine el debate sobre el impacto de las facturas de electricidad aportando nuevas variables a la discusión, como el poder adquisitivo de las familias, la asequibilidad eléctrica, la dispersión geográfica y la densidad poblacional que atienden las empresas eléctricas.

El estudio fue realizado por el Observatorio de Tarifa Eléctrica de Argentina (OTEA), a cargo de la doctora en Economía María María Ibáñez Martín y la licenciada Milena Poggiese. Las especialistas entienden que existe “una trampa al comparar tarifas sin contexto, dado que no es lineal el análisis, ni se puede reducir a decir que tal o cual es la distribuidora más cara por el simple hecho de tener un precio monómico más elevado que otra empresa”.

El OTEA analiza sobre la problemática general de cómo se componen las tarifas de energía eléctrica, y pone especial relieve en tres cuestiones fundamentales: la densidad poblacional del área de concesión que se atiende, la dispersión geográfica y los ingresos económicos que tienen las familias de las diferentes regiones del país.

El estudio hace un aporte novedoso: comparar tarifas por precios y nada más, es caer en un error, algo que se hace permanentemente, porque una cosa es mirar el precio de la luz, y otra muy distinta es medir cuánto cuesta pagarla.

Para OTEA es vital entender que para una distribuidora eléctrica no es lo mismo operar en una zona con una enorme dispersión geográfica, como ocurre en la Patagonia, que otra con pocos kilómetros para recorrer, mantener y operar. Tampoco es igual atender instalaciones de media y baja tensión en zonas en muchos casos despobladas o casi despobladas que en sectores con fuerte concentración poblacional.

Para el caso, a diferentes distribuidoras eléctricas de la Patagonia se les atribuye “ser las más caras del país” por tener precios en kilowatts hora por encima de otras que operan en grandes urbes, muy pobladas, algo que por lo anteriormente planteado incurre en una conclusión incorrecta.

Empresas públicas o privadas patagónicas como EPEN (Neuquén) y EdERSA (Río Negro) distribuyen electricidad, en promedio, en un territorio con algo más de 1 usuario por kilómetro cuadrado, cuando en distribuidoras como las bonaerenses (Edenor, Edesur, Edelap) lo hacen con cientos de usuarios por kilómetro cuadrado. La compañía rionegrina, para el caso, tiene una de las áreas de concesión más extensas del país (203.000 kilómetros cuadrados), con geografías disímiles como valles, estepa, zona atlántica y cordillera, y escenarios climáticos complejos.

Asequibilidad eléctrica


El OTEA también esclarece un punto fundamental en cuestiones tarifarias, y tiene que ver con la asequibilidad eléctrica de las mismas. Básicamente hace foco en los ingresos salariales promedios en las diferentes regiones, para entender en qué provincia las facturas de electricidad tienen un mayor impacto en la economía familiar. Es decir, dónde le cuesta más al usuario pagar la factura.

Ese es el cambio de enfoque que plantea el observatorio, que analiza no sólo el valor monómico de la electricidad (valor promedio de un kilovatio), sino también el peso relativo de la factura sobre los ingresos de los hogares.

“El análisis evidencia que las diferencias territoriales en asequibilidad son significativas y responden a una compleja interacción entre precios de la energía, patrones de consumo y niveles salariales”, indica OTEA, y agrega que un precio de electricidad elevado “no necesariamente implica un mayor esfuerzo económico” para las familias. Y agrega que “las distribuidoras de la zona Patagonia y Comahue (EPEN, EdERSA, etc) muestran los mejores indicadores de asequibilidad: aun con monómicos relativamente elevados, los mayores niveles salariales compensan parcialmente el peso de la factura eléctrica”.

Es decir, en términos de asequibilidad eléctrica el mapa tarifario de la Argentina cambia considerablemente, y pone en discusión una idea repetida sobre que en la Patagonia el precio de los servicios es más caros. Para el caso, en el ranking de las distribuidoras más asequibles del país (factura sobre ingreso salarial) figuran varias patagónicas, como las cooperativas de Río Grande (Tierra del Fuego, donde la factura de luz promedio significa en el salario promedio un costo del 1,19%), Madryn (Chubut, 1,27%), Río Colorado (Río Negro, 1,48%) y EdERSA (Río Negro, 2,47%).

Y el informe no disminuye el peso de las facturas en las economías familiares, sobre todo en una situación compleja del país, si no que muestra un enfoque más exacto de la composición de las facturas, y saca la siguiente conclusión: el mayor esfuerzo para pagar la luz se concentra en provincias del Norte argentino, donde existen ingresos salariales más bajos, “niveles de consumo eléctrico por encima del promedio nacional y estructuras tarifarias más exigentes”.

En contrapartida, las distribuidoras eléctricas de la Patagonia y el Comahue, en varios casos con monómicos más elevados que en el Norte, aparecen con mejores indicadores de asequibilidad que la mayoría de las regiones del país. 


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