Ecuador, amordazado
Desde la caída una tras otra de las dictaduras militares que habían gobernado casi toda América Latina hacia las décadas últimas del siglo pasado, en buena parte de la región ha sido posible opinar libremente, pero en algunos países regímenes que están haciéndose cada vez más autoritarios están resueltos a restaurar el statu quo anterior. Es éste el caso en Ecuador, donde el presidente Rafael Correa ha desatado una guerra sin cuartel contra los medios que según los militantes oficialistas son “hegemónicos”, lo que es su manera de decir que para frustración de los propagandistas gubernamentales siguen mereciendo la aprobación del grueso de la ciudadanía. Además de privarlos de publicidad estatal y de usar fondos públicos para subsidiar a medios creados para apoyarlo, Correa acaba de arreglárselas para que la Justicia local condene a los dueños del diario de mayor tiraje de su país, “El Universal”, de Guayaquil, y al ex editor a pagarle 40 millones de dólares, además de pasar tres años de cárcel, por “injurias calumniosas”. El supuesto delito del diario consistió en opinar que un futuro mandatario de Ecuador podría enjuiciar a Correa por “haber ordenado fuego a discreción contra un hospital lleno de civiles”. Aludía a los episodios confusos de septiembre del año pasado. En aquel entonces se produjo un motín policial que según Correa fue una intentona golpista, versión que muchos encuentran poco convincente ya que no hay evidencia de que los revoltosos hayan querido reemplazar al gobierno, pero creerlo así le conviene a Correa al permitirle figurar como víctima de conspiradores antidemocráticos. A esta altura, no cabe duda de que lo que tiene en mente Correa es arruinar a El Universal, que conforme a sus directivos no está en condiciones de pagar la multa leonina supuesta por el fallo judicial, e intimidar a lo que aún queda de la prensa independiente de su país para que se limite a alabar su gestión “revolucionaria”, siguiendo así el camino de su aliado, el presidente venezolano Hugo Chávez, quien no ha vacilado en golpear económicamente a aquellos medios gráficos y televisivos que se niegan a respaldarlo con el entusiasmo debido. Se trata de una estrategia parecida a la del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en su conflicto contra el “monopolio” Clarín aunque, en Venezuela y Ecuador, los mandatarios la están llevando a extremos hasta ahora desconocidos aquí; a pesar del reparto grotescamente distorsionado de la publicidad oficial costeada por todos los contribuyentes para favorecer a medios amigos y perjudicar a los demás, y los subsidios generosos que sirven para contribuir el llamado, con franqueza insolente, periodismo militante, los medios independientes argentinos parecen capaces de sobrevivir a la campaña virulenta en su contra emprendida por el kirchnerismo. Por fortuna, cuando es cuestión de independencia intelectual, nuestras tradiciones son más fuertes de lo que es el caso en ciertos países hermanos. Con todo, lo que está sucediendo en Venezuela y Ecuador es motivo de viva preocupación tanto aquí como en otras partes de América Latina, en la que los valores democráticos todavía no se han consolidado por completo. Aunque los países son distintos los unos de los otros, las sucesivas modas políticas, como la representada por la ola de dictaduras militares que tantos estragos provocaron y que se replegaron de manera simultánea, suelen afectar a toda la región. Si Chávez y Correa logran asfixiar a los medios críticos sin ocasionar una reacción internacional que los perjudique lo bastante como para obligarlos a desistir, quienes comparten sus instintos autoritarios se sentirán tentados a tratar de emularlos. Si bien parece escaso el riesgo de que se repita la etapa en que la región se vio cubierta de dictaduras castrenses, para muchos no han perdido su atractivo las formas de pensar que hicieron a las sociedades latinoamericanas tan vulnerables a la tentación autoritaria. La única diferencia es que en la actualidad quienes están aprovechando las deficiencias notorias de la cultura política latinoamericana para acumular poder y dinero, y para castigar a los que se animan a criticarlos, no son uniformados sino civiles de mentalidad que en el fondo es similar, ya que lo que más temen es la libertad de expresión.