Educar en la belleza para un mundo mejor
“Es preciso usar la imaginación, volver a las fuentes del saber”, dice
OSCAR SARHAN
Considerado el precursor de las políticas culturales no sólo en Francia, su país, sino en el mundo, Jack Lang, el ex ministro de Cultura y Educación, de Françoise Mitterrand, estuvo en Buenos Aires invitado por el Ministerio de Cultura de Argentina, para la clausura del foro de reflexión, “Vivir y pensar el Siglo XXI: Una mirada sobre el mundo actual”. Miembro del Partido Socialista desde su juventud, a Jack Lang se le atribuye haber sido quien viró el curso de su nación en lo que respecta al fomento de la cultura como base social y recurso económico. Hombre de muchas palabras pero también de muchas acciones, creador, entre otras cosas, de la Ley Lang, que regula el precio fijo de los libros, y de la emblemática Fiesta de la Música, no duda en desgranar este presente teñido por una crisis económica y social cada vez más coyuntural y de la que aún no hay vistas de que termine. Sus años de experiencia en la política francesa y europea (fue ministro de Cultura y de Educación, en el período comprendido entre 1980 y 2000), le permiten expresar su disconformidad a la hora de hacer un balance de la realidad que mantiene en vilo a todo un continente. “Esta crisis mundial, dura y compleja –admite– no es excusa para no hacer nada, para no usar la imaginación, para no educar en la belleza, para no exprimir la inteligencia de nuestros jóvenes. Sus ideales, los de hoy tanto como los de ayer, se mantienen inalterables: “Es preciso usar la imaginación, volver a las fuentes del saber, creer en nuestros jóvenes, educar a los niños desde la sensibilidad”. En fin, encontrar los medios, y que existen, para relativizar la dureza de un presente confuso y violento por donde se lo mire. A usted le tocó gobernar en una época fantástica en Francia, los años ochenta. De su boca, la frase que un buen ministro es quien sabe robar buenas ideas ¿A quién le robó usted? Jack Lang: A muchos (sonríe). Fui un gran ladrón de muchísimas experiencias a lo largo de mis viajes a otros países. Fue lo que me permitió crear cosas estupendas como el Festival Mundial de Teatro de Nancy, que incluyó al teatro universitario, al teatro de Avant-Garde. Me tocó darle la bienvenida a artistas talentosos que llegaban de América Latina, en especial de Argentina, Brasil y México. Desde un teatro lírico estos países fueron quienes me enseñaron sobre la vida, la sociedad, el idioma. Me nutrí de estas experiencias, por eso digo que fui un gran ladrón, porque supe tomar lo mejor de ellos. La visita a tantos países moldeó la política nacional de las artes de mi país. Suecia, México y Dinamarca me enseñaron también sobre los museos. –Usted desarrolló la Cultura de su país. Sé que es difícil pensar y acompañar a la Cultura, como antes ¿Cuál es el trabajo a realizar en pos de ella? –No hay razones para pensar que antes era más fácil que hoy desarrollar todo lo que encierra el término Cultura. Cuando me tocó gobernar desde el Ministerio de Cultura de Mitterrand, la situación económica no era simple. Teníamos una inflación, nunca como la de Argentina, pero con un 12 o un 13 por ciento. Un comercio exterior modesto y a tres millones de franceses sin trabajo. Era muy difícil invertir en la Cultura. Sin embargo lo logramos, porque llegamos a la conclusión que allí estaba una de las salidas a la crisis que nos golpeaba. Invertimos masivamente en la inteligencia del pueblo, en la educación, en el saber, en la cultura. Y con esto no digo que el resto quedó en un plano secundario, sino que elegimos algo que era determinante para poder evolucionar, salir de ese pozo. –¿Qué encierra para usted el término Cultura? –La palabra “Cultura” es muy rica y compleja porque abarca una multitud de realidades. La Cultura puede ser el Arte en todas sus direcciones, pero también incluye lo científico. Por sobre todo la Cultura es el estado mental de una sociedad, es su imaginario, sus representaciones colectivas. –También es suya la expresión que “hay que educar a los niños como principitos” ¿Dónde se ubica este deseo cuando los “principitos” han sido sorprendidos con armas en el colegio? –Es una elección de sociedad educar a los niños como príncipes. También podemos seguir optando por educarlos de manera salvaje, dándoles ejemplos de dominación, de subordinación. Podemos lograr educarlos con aprendizajes que tengan que ver con la convivencia civilizada, con la tolerancia por lo distinto. Se puede educar a un niño con ternura, con respeto y para el respeto. Sólo así lograremos una sociedad más humana, invirtiendo en lo mejor de cada uno. Este es el rol de la sociedad y de sus gobiernos. Si usted me pregunta esto por el homicidio a una veintena de niños en una escuela de Estados Unidos, le respondo que hemos llegado hasta lo inimaginable. Educarlos como pequeños príncipes es hacer hincapié en una educación espiritual, artística, lingüística y cívica. –¿Educarlos en la belleza? –Sí, absolutamente. En la belleza, en la inteligencia, en la comprensión, en la curiosidad, en el respeto por los demás. Un principito no es un niño consentido, «l’enfant roi» . Debemos educarlos para que descubran, para que aprendan a elevarse progresivamente. Una educación completa: física, racional, artística y sensible. Es posible! Aquí mismo, en su país, existen escuelas y universidades con muy buen nivel, abiertas a toda América Latina. –¿La globalización es el comienzo o el final de nuestra época? –Me gustaría que eso que llamamos mundialización o globalización, sea una fuente de recurso intelectual, cultural y científico. Podemos hacer una analogía entre el presente y lo ocurrido en los siglos XV y XVI, cuando se produjo la primera mundialización en la historia. Europa, por aquel entonces necesitó nuevas conjeturas y salió a descubrir y a conquistar nuevos continentes. Las fronteras del mundo se abrieron a nuevos comercios. A esto se le sumó la invención de la imprenta, que acompañó la difusión y el intercambio intelectual. Soy optimista al pensar que Internet es hoy, lo que fue la Imprenta, ayer. Es nuestra revolución, somos conscientes de ello, para lo bueno, y para lo negativo. Nos falta seguir regulando sus leyes, sus límites para que no se nos vuelva un arma nociva, sino que sea una herramienta para una evolución más civilizada. –¿Dónde se encuentran los ideales de hoy? –Estoy convencido que debemos tomar cosas del pasado, pero no hay un modelo a seguir. Debemos inspirarnos en todo lo que acontece hoy en el mundo, y tomar de allí los modelos que nos sirven. Hay que inspirarse un poco de todos. De Estados Unidos por ejemplo, con sus cosas buenas y sus cosas horribles. Es un país que está demostrando tener la capacidad de levantarse, de trabajar, de redireccionarse. Es un pueblo que puede ver la diferencia entre su actual presidente, un hombre inteligente, brillante y fantástico, que contrasta con un pasado marcado por George Bush. Los coreanos tienen grandes logros concernientes a la educación, a la cultura y a la investigación científica. Los gobiernos de cada país, deben inspirarse, también, en otros ejemplos, y que sirven para construir un país mejor. –Sabidos son los lazos entre Francia y Argentina ¿qué opinión tiene de nuestro país? –Aquí en Argentina hay muchas cosas para remarcar y que son apasionantes. Creo que no se debe perder de vista la vida cultural e intelectual de su gente. Este país es muy rico en todos los sentidos. Es un pueblo pensante. La capacidad que los argentinos han tenido desde siempre para reinventarse es admirable, y eso se conoce en el mundo. Argentina recibió inmigraciones sucesivas a lo largo de su historia, y puede que éste sea el secreto de su gran riqueza. La diversidad de razas, y por ende, su manera distinta de pensar, y su convivencia, es la fuente de este país, es su gran fuerza.
“La capacidad que los argentinos han tenido desde siempre para reinventarse es admirable, y eso se conoce en el mundo”, asegura.
ENTREVISTA: jack lang
OSCAR SARHAN
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