El álbum de fotos de los fines de semana largos

Cuando aparece en el calendario un nuevo feriado largo turístico, los primeros balances seguramente no tardan en aparecer.

Redacción

Por Redacción

COLUMNISTAS

Anunciando casi siempre altos porcentajes de ocupación, estos balances puntuales llenan las páginas de muchos diarios, publicaciones del sector y, últimamente, también suelen viralizarse en algunas redes sociales, dando cuenta de un importante movimiento turístico en buena parte del país. El análisis de la efectividad de la política de fines de semanas largos, sin embargo, es un juego de muchas aristas, que casi siempre se presenta parcializado. Podríamos pensarlo como un álbum de fotos variadas, que compondrían una escena panorámica bastante más compleja de lo que los balances inmediatos, efectistas y siempre provisorios, suelen mostrar.

La primera foto siempre es positiva y refleja la bonanza de altos porcentajes de ocupación durante estas minitemporadas altas en buena parte de los destinos turísticos de todo el país. Se multiplican las postales de distintos organismos oficiales provinciales y municipales dando cuenta de estos resultados en estos oasis de alta ocupación.

Durante el último feriado largo turístico del 25 de Mayo -y aunque fue bastante particular por su cercanía al fin de mes y porque aún no se habían cerrado la mayoría de las negociaciones paritarias, lo que llevó a un movimiento de turistas sensiblemente menor-, los informes dieron nuevamente cuenta de números muy favorables: la Cámara Argentina de Turismo estimó que se movilizaron cerca de 600.000 personas, que gastaron un cifra cercana a los 1.000 millones de pesos, lo que generó un impacto económico acumulado entre los primeros cinco feriados largos del 2015 de 11.000 millones de pesos.

Acompañan esta foto cifras positivas en el incremento en las reservas áreas en las rutas de cabotaje: tanto Aerolíneas Argentinas como LAN Argentina, por caso, coincidieron en indicar que muchas de sus rutas domésticas superaron el 85% y hasta el 90% de ocupación en sus vuelos.

Asociada a esa primera instantánea, una segunda foto deja de manifiesto una realidad insoslayable: los fines de semana largos contribuyen sensiblemente a distribuir las visitas, y con ello el gasto turístico, y por ende a reducir el impacto del infierno tan temido de la alta estacionalidad, tan típica del sector. Esto es algo sobre lo que no hay discusión. Pero además de romper la estacionalidad, estos fines de semana largos han consolidado una tendencia de viajes por todo el país, que tiñe de un carácter federal el mapa del turismo interno argentino. Es la gran oportunidad de los destinos emergentes, aquellos que tienen un potencial de recursos y experiencias pero que no han alcanzado mercados actuales, para aparecer en el mapa de las opciones turísticas. Muchos pueblos del interior del país que nunca fueron considerados turísticos comienzan a recibir una corriente incipiente y creciente de visitantes y se abren para ellos alternativas de diversificación económica concretas.

Las fotos que siguen en el álbum empiezan a mostrar la complejidad del tema. No faltan quienes argumentan que los feriados largos terminan siendo un juego de suma cero, ya que lo que ganan los receptores del turismo local es lo que pierden otras actividades económicas que disminuyen sus ventas en estos días. En esta argumentación, la proliferación de feriados largos atenta contra la competitividad de los otros sectores económicos ajenos al turismo. Ante esta realidad, el verdadero factor de generación de valor agregado genuino está dado por la atracción de turistas extranjeros. De acuerdo al Indec, en el 2014 nuestro país recibió 5,9 millones de visitantes extranjeros, lo que representa un incremento del 13% interanual. Estas cifras en apariencia positivas pueden enmarcase en un contexto comparativo regional: según datos de la Organización Mundial del Turismo, nuestro país recibió comparativamente menos turismo extranjero que otros vecinos de la región. Tomando el promedio anual de turistas del exterior ingresados entre los años 2010 y 2013 en proporción a la población de cada país, Argentina alcanza una tasa de 132 turistas internacionales por cada 1.000 habitantes, mientras que en Chile esa tasa asciende a 183 turistas y en Uruguay a 771 turistas.

La cuarta foto, tal vez la más velada y la menos conocida, muestra que la política de fines de semana largos, aun contribuyendo a romper estacionalidad y distribuir visitas, no ha logrado incidir en el más importante indicador de rentabilidad, el porcentaje de ocupación promedio anual, que no ha variado positivamente en la mayoría de las regiones turísticas del país. En nuestra región, y de acuerdo a datos oficiales, en los últimos veinte años ningún destino turístico del Corredor de los Lagos ha superado el 40% de ocupación promedio anual. Algunos cortes temporales permiten un análisis más integral: Si se toma por caso el período 2007-2010 para San Martín de los Andes, los pernoctes bajaron un 0,5%, pero mucho más lo hizo el porcentaje de ocupación promedio -donde incide el aumento de establecimientos y plazas-, que se redujo en términos del 3,45%. En el 2010, y de acuerdo siempre a datos oficiales de la Dirección Provincial de Estadísticas y Censos de la provincia de Neuquén, sobre la base de datos del Indec, San Martín de los Andes registró un porcentaje de ocupación promedio anual de 28,6%, mientras en Villa La Angostura sólo fue del 21,4%. La paradoja es que este decrecimiento y en el mejor de los casos estancamiento en el indicador de rentabilidad se da en un contexto de incremento sostenido de la demanda turística. O sea que crece la demanda, porque los destinos hacen bien sus deberes en términos de atractividad y posicionamiento, pero eso no incide positivamente en la rentabilidad del sector, porque la oferta turística crece por encima de la demanda.

Las movilidades del turismo en la forma de migraciones por amenidad o por estilos de vida pueden reconocerse como una de las influencias que inciden de manera notoria en esta crisis de rentabilidad, al propiciar un aumento de la oferta por sobre el desarrollo de la demanda turística.

Actualizando los datos a diciembre del 2013, se aprecia en San Martín de los Andes una remontada de estos indicadores de la mano del crecimiento sostenido de demanda, pero sobre todo, y por primera vez desde que se tienen registros estadísticos, de una disminución internanual en la cantidad de nuevos establecimientos y plazas ofrecidas. San Martín vio el problema y comenzó a actuar en consecuencia. La problemática es generalizable a la mayoría de los destinos turísticos del Corredor de los Lagos. En el período 2006-2013, por caso, resulta notorio que los destinos turísticos que más han incrementado su oferta turística, como Aluminé (casi el 140% de aumento de plazas en menos de siete años) y Junín de los Andes (82,05% de aumento de plazas), son los que más bajos porcentajes de ocupación promedio anual detentan (25,28% y 24,76%, respectivamente). El sobreaumento de la oferta finalmente ha diluido la oportunidad que la proliferación de fines de semana largos representaba para estos destinos emergentes.

Este fenómeno es generalizable a la mayoría de las áreas turísticas del país: de acuerdo a datos del Anuario Estadístico 2012 del Ministerio de Turismo de la Nación, todas las regiones turísticas argentinas, con excepción de la Región Centro, han visto disminuir sus porcentajes de ocupación en el período 2006-2012, siendo la Patagonia la región turística que mayor caída registra en términos de porcentajes de ocupación, un 15,6 % en los seis años considerados.

Pero lo más curioso de este análisis es que se verifica que, para el mismo período, en todas las regiones se produjo un aumento de la capacidad hotelera. Nuevamente, decrecimiento de los porcentajes de ocupación en paralelo a un crecimiento sostenido de la oferta hotelera. Si bien se puede considerar que este escenario es el resultado de muchas variables, como la lógica de cada sector hotelero, las diferentes tasas de estacionalidad y factores externos como las modas, gustos y preferencias de los consumidores o variables regionales como la evolución de la demanda, que podrían ser explicativas parcialmente de esta situación, en general se trata de lo que llamamos la «sombra del turismo», donde el sector termina facilitando el juego de otro negocio, el inmobiliario.

La hibridación entre negocio turístico y negocio inmobiliario lleva finalmente a considerar qué se entiende en definitiva por rentabilidad: ¿la rentabilidad turística o la rentabilidad inmobiliaria? ¿Se trata de inversiones que buscan rentabilizar o al final termina distorsionándose ese concepto en busca de la patrimonialización y de un recupero especulativo sobre bienes raíces? ¿No será que al final todo lo turístico termina siendo rentable porque todo lo turístico se pone finalmente a la venta? Es una discusión que hay que dar. Ante estos dilemas de competitividad, ¿es verdaderamente el único camino indicado agregar feriados? Continuar trabajando en sostener los factores críticos de competitividad -de soporte, de atracción y de gestión de destinos-, partiendo del reconocimiento de estas alertas, puede ser un camino válido.

(*) Profesor del área Economía del Turismo, investigador de Ceplades Turismo de la Facultad de Turismo de la Universidad Nacional del Comahue

rodrigo gonzález burgos (*)


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