El boxeador de Bariloche que mantiene su sueño en pie

Santiago Pincheira retomó los entrenamientos para recuperar el tiempo perdido por la cuarentena obligatoria, que además frenó su deseo por llegar al profesionalismo.



Santiago Pincheira (a la derecha) en una de sus últimas peleas que hizo en diciembre pasado, cuando logró un empate.

Santiago Pincheira (a la derecha) en una de sus últimas peleas que hizo en diciembre pasado, cuando logró un empate.

Tenía 14 años. Pero ese momento quedó grabado para siempre en su memoria. El estadio de bomberos voluntarios de Bariloche estaba colmado y el público enfervorizado por esos dos guerreros que estaban sobre el ring. Uno de esos boxeadores era el barilochense Jaime Vilpán. Esas imágenes sorprendieron a Santiago Pincheira. Nunca había visto una pelea. Fue el primer contacto con un deporte que desconocía, pero que con el paso del tiempo se transformó en una pasión.

Santiago hizo 37 peleas como amateur hasta diciembre pasado. Venció en 30 ocasiones, empató en 2 y perdió 5 combates. Dos de esas derrotas fueron en la semifinal y en la final del campeonato argentino amateur que se disputó en 2018 y 2019.

Comenta que finalizó el año pasado con dos peleas: un triunfo en Bariloche y un empate en General Conesa.

Explica que la Federación exige el 70 por ciento de las peleas como amateur ganadas y, sobre todo, la aptitud física.

Por eso, sostiene que cumplió los requisitos para llegar al profesionalismo. Por eso, había decidido iniciar los trámites para lograr la licencia correspondiente ante la Federación Argentina de Boxeo. Pero no alcanzó ni a sacar turno en la salita del barrio Las Quintas para los exigentes estudios médicos.

El gobierno nacional impuso la cuarentena obligatoria para tratar de frenar el coronavirus, y el boxeo quedó relegado, como todas las disciplinas deportivas. Y el sueño quedó en pausa.

Más de tres meses después, Santiago asegura que ese objetivo sigue en pie. Y por eso retomó los entrenamientos en su casa. No es como ir a un gimnasio. Pero por estos días es lo único que puede hacer.

Cuenta que la cuarentena lo había sorprendido sin ningún elemento para entrenar en su casa. Por eso, afirma que el objetivo en las semanas próximas es bajar de peso para estar listo cuando se reanude la actividad.

De entrenar en doble turno hasta antes de la cuarentena, dice que pasó a la parálisis absoluta. Su entrenador, Luis Cornelio, le facilitó equipamiento para poder entrenar otra vez.

Es que durante estas semanas de cuarentena hubo además otras urgencias. Santiago no tiene un empleo permanente y su novia se quedó sin trabajo. Cuenta que elaboraron berlines y budines para vender y hacer algo de dinero. 

Asegura, riendo, que la mayoría de los boxeadores están en la misma situación. Todos con poco entrenamiento y con problemas con el peso.

Santiago Pincheira en el ring, antes de la cuarentena.

Dice que tiene muchas ganas de volver a pelear. Cumplió 25 años en abril pasado y se propuso alcanzar su meta de ser profesional. Sabe que será un camino difícil. Pero nada en la vida fue fácil para Santiago. “Siempre me preguntan amigos y conocidos si volveré a pelear”, comenta. “En algún momento esto (la cuarentena por la pandemia) se tiene que terminar”, sostiene.

Todavía recuerda aquellos primeros pasos en el boxeo. Esas tardes de entrenamiento con boxeadores que lo golpeaban hasta con cariño para no hacerle daño. Es que era un novato. “Ellos no me pegaban fuerte, después me encontré con la realidad y era muy distinto. No quedó otra que aguantar y meter para adelante”, explica el joven. En ese momento, comprendió porqué su madre no quería saber nada con que se dedicara al boxeo. No aflojó. Comenta que sus buenos reflejos lo salvaron de varios golpes.

Es lo que le pasó con Gonzalo Maríngolo, cuando perdió la final –en la categoría 81 kilos– del campeonato argentino amateur, que se disputó en Corrientes en junio de 2019.

“Pegaba fortísimo. Había tirado de un solo golpe a los rivales que había enfrentado”, recuerda Santiago. “Yo decía: uh y mañana me toca a mí”, relata. Con esas dudas subió al ring y confirmó lo que había intuido. “Nunca había experimentado que me pegaran tan fuerte”, rememora. “Parecía que tenía dos piedras en las manos”, describe. Pero aguantó. Y se dio cuenta que podía pelear. Dice que el púgil de la Ciudad de Buenos Aires se llevó el triunfo de manera justa en las tarjetas, pero no lo mandó a la lona. Fue un duro examen y un aprendizaje más, en el sacrificado camino para convertirse en boxeador profesional.


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