“El caso de la fragata expresa ausencia

Para Corbacho, la ausencia de objetivos claros en materia de defensa genera un vacío muy elocuente para los intereses del país, carencia de la que es responsable la máxima conducción política.

Por Redacción

entrevista: Alejandro Corbacho, politólogo, especialista en temas de defensa

CARLOS TORRENGO

carlostorrengo@hotmail.com

— ¿Qué expresa el caso de la fragata Libertad en proyección a futuro para los intereses argentinos en el exterior?

— La precariedad que vive el país es la resultante de la precariedad de las decisiones en mucho de nuestra política. Muestra que los intereses del país seguirán estando en peligro ante la decisión política del Poder Ejecutivo de no resolver el reclamo de ciertos grupos de bonistas. Este es, desde la perspectiva de su pregunta, el dato esencial. La situación de la Libertad expresa esa precariedad. Explotó en las manos un tema que el poder político no podía ignorar en términos de su potencialidad. Sin embargo, sus funcionarios, los estamentos burocráticos que gestionan al Estado (Economía, concretamente) no tuvieron política para un caso así. Este es el núcleo duro, decisivo, en la causa del problema… Lo demás, no es nada en relación a la centralidad esencial de la causa.

— ¿Qué sería lo demás?

— Todas las teorías conspirativas que van y vienen para explicar el problema y que, de hecho, se disuelven sin explicar nada. La responsabilidad no está en el alto mando de la Armada o en este o aquel funcionario de la cartera de Defensa o de Cancillería. Está en los escalones más decisivos del máximo poder político que gobierna el país. En ese espacio no se podía ignorar dónde estaba segura o no la fragata. Es más, tengo entendido que Portugal no aceptaría que la fragata visitara ese país, una decisión vinculada, en términos de represalia, a la decisión de Perú de meses atrás de no permitir anclar en sus aguas —en respaldo a la Argentina por el tema Malvinas— a un destructor inglés. Y como sabemos desde muy lejos en la historia, Portugal es un aliado muy firme de Gran Bretaña… No podemos olvidar tampoco que la Fuerza Aérea suspendió el viaje de sus cadetes debido a que le podían embargar el C-130 en el que viajarían, o que Argentina tuvo que retirar de Ghana parte de la tripulación de la fragata en aviones arrendados a otros países debido a que, si lo hacía con los propios, bueno… los embargaban.

— ¿Qué es la fragata para el argentino medio, común?

— Digamos para el argentino sin prejuicio a lo militar… es querida, emblemática… una embajada muy linda, producto de nuestra propia industria naval y con más de medio siglo a cuestas. Ese argentino sabe que es un buque amigable que nos lleva por el mundo.

— Recuerdo, avanzada la década del ´50, cuando la entonces Alemania Occidental comenzó a enviar su buque escuela por los puertos de Europa, todo el debate que se abrió debido al recuerdo de la guerra…

— Bueno, en la sociología militar se estudia mucho el rol de los buques escuelas, de sus significaciones diplomáticas, comerciales… de todo lo que expresan al anclar —por caso— en puertos que en un ayer no muy lejano, eran puertos enemigos. Pero cuando reflexionamos el caso de la Libertad, es un encadenamiento de temas penosos.

— ¿Originados dónde?

— Por ejemplo, en la Cancillería. Me parece muy penoso que haya sugerido o recomendado a la tripulación que retornó que no lo hiciera de uniforme. Sí, es cierto, volvieron de uniforme pero fue por decisión del segundo comandante del buque que, de hecho, no aceptó la sugerencia y vaya a saber cuál será el destino de ese comandante… Para el militar de cualquier parte del mundo, el uniforme es la bandera, un emblema de soberanía. No hablo desde ningún nacionalismo, sino de una relación que hace a nuestra historia… Esta sugerencia se pareció a la decisión del poder militar que heredó Malvinas que, tras la derrota, escondió durante semanas a quienes habían combatido. Eran la vergüenza, cuando sólo habían cumplido con su deber en una guerra que ellos no habían decidido…

— Hay dos temas que la dirigencia política, toda salvo algunas excepciones, no toca: la defensa y la universidad. En relación a lo primero, ¿por qué ese silencio?

— Por prejuicio a lo militar. El grueso de la política sigue anclado en que lo militar es la dictadura… Hablar de la defensa no hace estrictamente a lo militar porque desde lo estratégico es un concepto más amplio, pero no es menos cierto que implica hablar del poder militar. Pero como hablar de lo militar no da rédito político, callan…

— Pero no es un callar neutro si uno reflexiona la mudanza que dio el poder militar a lo largo de 30 años de democracia…

— Bueno, pero eso vale para usted que reflexiona sin prejuicios sobre nuestra historia presente. La política no se entera que sólo un puñado muy pequeño de oficiales, los máximos mandos de las tres Fuerzas Armadas —algunas decenas, no más— estaban en actividad en marzo del ´80; tenían un promedio de 25 años; eran mandos menores. Ignoran que más del 90 % de la masa de oficiales y suboficiales, o no habían nacido para aquel marzo, o simplemente eran pibes o a lo sumo cadetes, y entonces ignoran o quieren ignorar que estas Fuerzas Armadas lo que quieren es profesionalización que la política no les da, porque con el 1 % del Presupuesto nacional para gasto militar, monto del cual el 90 % se va en sueldos, no queda nada para gestionar una buena profesionalización de las Fuerzas Armadas, a lo que se suma y ya se conoce con amplitud la carencia de equipamiento. Hoy en la Aduana, por política de la secretaría de Comercio, seguramente están varados repuestos para equipamiento de material no moderno, sino con más de 30 o más años de antigüedad…

— ¿Hace muy poco, el exministro de Defensa Horacio Jaunarena me comentó que días antes, un general chileno le había señalado que Argentina no tiene política de defensa porque se convenció de que nunca tendrá enemigos. Lejos de agitar extremos, ¿qué opina de esa reflexión?

— Bueno, eso hace a lo que yo llamo desde hace varios años “desarme psicológico” que hace a la dirigencia política y la sociedad. Hay convencimiento de que jamás vamos a tener conflictos, que nadie intentará sacarnos un espacio o que tengamos un problema que ponga en riesgo el espacio. Hoy no, es cierto… pero somos un país muy amplio y hay países con problemas de espacio. Mire: la Cámara de Diputados de la Nación aprobó el empleo del mapa bicontinental de Argentina que incorpora la Antártida, o sea un millón de kilómetros cuadrados ¿protegidos por quien? Argentina no tiene capacidad para hacerlo. Mirada desde los hechos, no hay política para dotar de esa capacidad. Tenemos un solo avión Electra para patrullar nuestra plataforma marina… la Patrulla Antártica que realizamos con Chile, ese país la cumple con un buque moderno, nacido en sus astilleros. Nosotros con uno construido en los Estados Unidos en plena guerra y que habría remolcado a un portaaviones americano tras la batalla de Midway…

— Ahora ¿el prejuicio con que es tratado todo lo militar ya desde la política como desde la sociedad, se funda sólo en el pasado del poder militar o hay otras razones convergentes? Porque en Argentina, los golpes “nunca fueron un rayo en un día de sol”, decía Federico Pinedo abuelo. Siempre fueron civiles y militares…

— Sí, el prejuicio también está alentado por la idea de que todos los instrumentos militares conducen a la guerra. O sea, el armamento lleva inexorablemente a la guerra; su único rol es el ataque, la ofensiva. Esta es una idea arbitraria, prejuiciosa. Se trata de política de defensa, no de planes de agresión…