El “circo” olímpico



1
#

2
#

Puerto Madero, donde hoy el Comité Olímpico Internacional (COI) inicia una semana clave de votaciones en Buenos Aires, es sede de un mini-Juego Olímpico. Buenos Aires, hay que decirlo, celebró ya unos Juegos con pretensión olímpica. Fueron los del Centenario, en 1910. Pero mejor no recordarlos. El COI, que ya por entonces se arrogaba exclusividad de la marca “Juegos Olímpicos”, se irritó porque Buenos Aires no pidió permiso y echó sin contemplaciones a su miembro argentino, Manuel Quintana, un integrante de las elites porteñas, hijo del presidente homónimo. Los de esta semana son “mini-Juegos”, como me los definió uno de los organizadores, porque “la familia olímpica”, como se la llama, a veces con tono burlón, está protegida al nivel de “dos cumbres presidenciales”. Carriles exclusivos, seguridad hasta los dientes. La fuente cita a Jefes de estado, príncipes, jeques, sultanes, presidentes de multinacionales y justifica así el hecho de que Puerto Madero se parezca a una zona sitiada. Los periodistas creyeron que la credencial que lograron con gran facilidad bastaría para su trabajo. No fue así. Se puede caminar por Puerto Madero, claro, y entrar a una enorme Sala de Prensa habitualmente vacía y en la que no pasa nada, con más entusiastas voluntarios que periodistas. Pero a la cocina no entra nadie. O casi nadie. La cocina es el Hotel Hilton, a 150 metros de la carpa de prensa, pero de acceso prohibido a menos que el periodista tenga un pase especial. Si un miembro de la familia accede a una entrevista, su vocero bajará entonces a la puerta del hotel, entregará el pase al periodista y lo llevará directo, sin escalas intermedias, al lugar de la entrevista. Cumplidos los habituales veinte minutos de preguntas y respuestas (respuestas casi siempre de diplomacia pura), el vocero acompañará al periodista directo hasta la salida, otra vez sin escalas, le pedirá que devuelva el pase y adiós. Algún que otro periodista, de los que llevan años recorriendo el circo olímpico, logró alojarse dentro del hotel. Otros, los más veteranos, también tienen chances con sus fuentes de años. Pero el resto lo sigue por tevé, como todos. Como todos, está claro, siempre y cuando interese el circo olímpico. No parecen muchos hoy en Buenos Aires.

Por EZEQUIEL FERNÁNDEZ MOORES

opinión


Comentarios


El “circo” olímpico