Pachuk: "El confinamiento llevó la sesión terapéutica a la intimidad del hogar"

“Río Negro” entrevistó  a Carlos Pachuk, uno de los pioneros en utilizar internet para atender a sus pacientes. En tiempos de pandemias, esta modalidad se impuso. ¿Qué pasará con los que no soportar el cara a cara virtual?

Carlos Pachik, psicoanalista.

Sentado tranquilamente en su consultorio, el mundo para Carlos Pachuk era el que veía, allá por los ´80, los pacientes presenciales que llegaban y partían; utilizaba su computadora simplemente como un procesador de textos y un correo que permitía su contacto con el exterior.

Hacia fines de la década del noventa, una mujer de unos cincuenta años le pidió una entrevista; estaba deprimida desde que el hijo había emigrado a Madrid. “Se me ocurrió contactarlo y hacer una reunión familiar con la computadora, a través del Skype, que en esos tiempos empezaba a funcionar”, comenta Packuk en el libro que acaba de publicar, “Terapia de grupo virtual. Curarse por internet”, de Lugar editorial.

“La primera sesión resultó maravillosa; era una sensación extraña para la paciente, que lloraba a mares al ver a su hijo querido en la pantalla, y para mí también. Así realizamos unos seis meses de entre­vistas vinculares por la webcam, y un día el muchacho apareció con una novia madrileña muy simpática. “¡Hola, madre!”, fue su primer saludo, con una voz encantadora. Resultó otro momento muy especial: la presentación y el establecimiento de una relación familiar vía on line. Recuerdo que mi paciente dijo: “Es como si estuviéramos todos juntos”.

El cuadro depresivo cedió; el problema era la falta de contacto con el hijo: la visión y la voz por la cámara hicieron la luz. Di por terminado el tratamiento, y la paciente instaló una computadora con cámara en su casa, y las charlas con el hijo y la pareja pasaron a ser habituales”, agrega el profesional.

“Decidí escribir este libro para relatar episodios inéditos que se produjeron al calor de las sesiones en esta novedad radical; luego, fueron surgiendo inquietudes teóricas, hasta culminar en interrogantes profundos respecto del destino de la humanidad en manos de la tecno-ciencia que nosotros mismos –vaya contradicción– utilizamos con fervor”, comenta.

La estructura de la obra comprende tres partes: la primera, de contenido clínico comienza con su pasaje del consultorio presencial al virtual; luego desarrolla cinco sesiones por Internet, ya sea chat o webcam, y una sesión on line individual con una paciente española. La segunda corresponde a las ficciones virtuales con una divertida historia respecto de la pérdida del celular y dos cuentos de ciencia-ficción, para finalizar con la tercera que presenta dos capítulos de pura especulación teórica. El libro, aclara este pionero mundial de las sesiones virtuales, prioriza la practica clínica y la fantasía de las crónicas que imaginan el futuro.

Pregunta: ¿Cuándo y por qué comenzó con esta modalidad de terapia grupal virtual?

Respuesta: En 2008, siendo profesor titular de Teoría y Técnica del Departamento de Investigación de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES) presenté un Proyecto de Investigación para realizar una terapia de grupo virtual que fue aceptado. Durante cuatro años (2009-2013) coordiné un grupo virtual con pacientes de todo el mundo en habla castellana que dio lugar a este lugar. Realicé esta terapia porque en ese tiempo ya estaba atendiendo virtualmente a parejas y como mi especialidad son los grupos decidí probar si funcionaba el sistema con seis u ocho pacientes, Las primeras conexiones se hicieron por Skype.

Ventajas de la terapia virtual: habilita una continuidad ante la ruptura de los lazos familiares y los efectos psíquicos de la migración que afectan a los pacientes.

Frente a la ausencia de códigos culturales con los psiquiatras del lugar recupera para el paciente su referente en el terapeuta del país de origen que marca la importancia de seguir ligado a la lengua natal, de esta manera el tratamiento on line recupera el anterior que no pasa a ser otra pérdida de la migración.

Representa un medio alternativo para la gente que vive en un pueblo y por razones de confiabilidad no puede atenderse con analistas del lugar.

Permite un intercambio cultural con habitantes de diferentes países y regiones, es un tratamiento democrático que nos aparta del mundo cerrado en que vivimos y permite ver al otro como diferente y no como un extraño origen de la discriminación.

Desde un punto de vista económico significa un ahorro de tiempo y dinero al evitar el traslado al consultorio. También aquellas personas que tiene un trabajo móvil y suelen viajar se conectan en todo el mundo por wifi.

Para el analista el consultorio se transforma en infinito, puede atender a cualquiera en cualquier parte del mundo.

Problemas de la terapia virtual: no se puede atender por esta vía casos graves como Adicciones, psicopatía, violencia de género, cuadros psiquiátricos que necesitan la presencia física del analista.

P: ¿Cuáles son las diferencias entre la práctica de sesión grupal en relación a la dinámica de una sesión individual entre paciente y terapeuta?

R: En la sesión individual el paciente está en transferencia con el analista y trae un relato de lo que sucede con otros que no están. En la terapia grupal la transferencia es con el grupo (climas, escenas, situaciones que solo ocurren estando en grupo) mientras que la transferencia dirigida al terapeuta pierde la relevancia que adquiere en el diván, aunque la palabra del analista tenga un efecto especial. Es decir analizarze en grupo tiene más alternativas y variantes por la presencia de los otros y el conjunto. En el grupo se interpreta en vivo y en directo la conducta y el rol en que el paciente se ubica y los otros le adjudican.

P:¿La pandemia y las sesiones on line modificaron aspectos del método psicoanalítico?

R: La pandemia condujo al confinamiento y llevó la sesión a la intimidad del hogar tanto de pacientes como de analistas. Esto despierta la curiosidad de los pacientes de saber cómo vive el analista y hay que tener mucho cuidado donde se ubica la cámara y que nadie interfiera en la sesión, situación nueva en el encuadre.

El contexto tecno-digital ha alterado el psiquismo y los conceptos de espacio, tiempo, cuerpo y lenguaje. La sesión puede ocurrir en cualquier lugar (los pacientes que viven en departamentos chicos y con familiares se recluyen en el auto y a veces en el baño para hacer la sesión). Si bien hay un tiempo acotado de las sesiones, los pacientes arman washapp del grupo terapéutico y se conectan en cualquier momento, el cuerpo parece ausente porque no hay contacto pero no deja de vibrar con sentimientos , emociones. Por ello acuñé el término “corporalidades”, en cuanto al lenguaje en la terapia virtual mundial si bien es en habla castellana y en horario argentino se utiliza mucho en lunfardo de los giros idiomáticos locales y también altera el lenguaje la producción de los memes de internet que pueden ser una frase, un chiste, una canción o un comportamiento que los pacientes utilizan con frecuencia para explicar lo que les ocurre con otros códigos.

P:¿La sesión terapéutica virtual puede remplazara la sesión presencial tradicional?

R: La terapia virtual se ha hecho masiva de la noche a la mañana al surgir la pandemia se crearon plataformas como Zoom, Adobe Connet, Jitsi... que han generado un cambio de paradigma en la terapia analítica, han llegado para quedarse pero esto no significa que reemplazen a la terapia presencial. En la era postpandemia habrá grupos mixtos presenciales y grupales en la misma sesión grupal. Les doy un ejemplo: hace poco integré virtualmente a un joven cordobés en un grupo de porteños, este paciente no se va a instalar en Bs As, luego continuará en el grupo cuando los porteños se reúnan presencialmente y nos conectaremos a través de la plataforma zoom o la que más se adapte mediante una nootbook que instalaré en medio del consultorio para que todos lo vean y continue participando.

P:¿De qué manera se ha modificado la Terapia de Grupo Virtual desde que Ud comenzó con esta práctica?

R:La terapia virtual hace diez años era muy poco utilizada y cuestionada por la ortodoxia analítica. En los grupos era prácticamente inexistente. Seguí trabajando con este encuadre porque mientras se aborde el inconsciente, la asociación libre y la transferencia el psicoanálisis funciona con cualquier tecnología. El salto se produjo con la Pandemia que impidió la terapia presencial y desde entonces todos los analistas la utilizan. Se dan varias paradojas el terapeuta puede ser un excelente clínico pero si tiene una computadora que no esté actualizada, o una plataforma antigua los ruidos y las interferencias van a influir en la sesión que puede llevar a la una crisis en el tratamiento. Lo mismo vale para los grupos, basta que algún paciente tenga un sistema obsoleto para que todo el grupo no pueda trabajar, genera rápidamente fantasías de exclusión, el paciente se transforma en el chivo emisario del grupo. Para evitarlo se sugiere que este paciente se mutee (elimina el sonido) y hable solo cuando quiera intervenir. La continuidad de los tratamientos depende de los algoritmos y de las plataformas, la virtualidad genera en este aspecto una simetría entre analistas y pacientes. ¿Qué transferencia está en juego? ¿Qué pasa con el comienzo de la sesión? ¿Quién llama a quién?

Hay un problema entre el deseo y la técnica si a la hora de la sesión el paciente no aparece no sabemos si es por dificultades técnicas o por resistencias. ¿Qué hacer? Yo planteo después de diez minutos “estoy en línea”, pero no llamo al paciente. Existe el riesgo de dar vuelta la demanda, y que sea el deseo del terapeuta el que quiera hacer la sesión. Algunos pacientes han desertado, especialmente los que hacían diván pues no soportan el cara a cara virtual que entorpece la asociación libre. Con aquellos que han continuado sugiero usar solo el sonido sin activar ningún sistema de video, para recuperar el encuadre analítico.


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