El corto viaja de la Patagonia a Buenos Aires

“Fantasmas” se exhibió en una muestra porteña.

Redacción

Por Redacción

Generada por el Grupo Nosotros Patagonia, la 4ª Muestra de Cortometrajes de Realizadores Patagónicos propuso en la Universidad de Cine, ubicada en Pasaje Giuffra 330, San Telmo, los cortos seleccionados, “Fantasma” de Carlos Montoya por Neuquén, “Al sol en bici” del Grupo Humus de Río Negro, y “Biancheria” de la chubutense Mariana Graciana, “Vicente Casares” de Gonzalo Zapico por Santa Cruz.

Tras la proyección “Río Negro” dialogó con Carlos Montoya, el director de “Fantasma”, un corto realizado con la técnica del stop motion. “Es una técnica muy laboriosa que requiere mucha inversión de tiempo. Pero también tiene un aspecto lúdico. Con mucha paciencia y cuidado técnico, no deja de ser un juego. Uno manipula cosas como cuando jugaba de chico y va actuando a través de sus personajes. Hay algo un tanto mágico en la animación, porque si bien el animador va construyendo un movimiento paso a paso, una vez que ve el resultado final siempre se sorprende, como si el personaje de pronto tomara vida. Y si se logra eso, es realmente “animación”, que más que movimiento quiere decir dar ánima, dar vida.”

–Es una idea central y primigenia. Cuando niños, los muñecos, nosotros, los soldaditos, éramos personajes de una ficción…

–¡Tal cual! En el fondo, estamos jugando con muñecos. Y ni hablar cuando se animan objetos, resignificándolos donde los objetos se transforman… Eso es jugar como niños, es volver a esos juegos donde un palo era una pistola y una lata, un robot. Volviendo a la técnica, también demanda mucho trabajo la preparación de personajes y ambientes. Todo lo que se ve, hay que crearlo o construirlo. En el caso de “Fantasma” utilicé muñecos de plastilina con una estructura interna de alambre, atornillados a una mesa. El resto es madera y cartón pintado…

–¿Cómo surgió la ideal del corto?

–La tomé de una micro ficción conocida como “Un creyente”. Una curiosidad respecto de la historia es que figura en la Antología de la Literatura Fantástica de Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, cuya autoría se atribuye a un tal George Loring Frost. “Pero resulta que una vez que me puse a investigar sobre la obra, ya terminado el corto, me entero que el tal G.L. Frost nunca existió y que el relato podría pertenecer al mismo Borges, dada su afinidad a los textos apócrifos y a este tipo de chanzas literarias.

–Sé que enseñás animación a niños en la Casa de Cultura de Aluminé. ¿Cómo les transmitís esa propuesta?

–El trabajo con chicos y chicas es un gran desafío. Tienen una gran imaginación y cuando rompen el cerco que le vamos poniendo los adultos, a través del cine infantil convencional, la mala televisión u otras cosas, surgen imágenes muy buenas. Cuando aceptan que hay que trabajar duro para lograr algo muy breve pero sorprendente, son capaces de bajar un cambio y encarar la experiencia. En este tiempo, estoy trabajando animación con objetos y al principio resulta un poco difícil de romper la tendencia a la cosa concreta, al muñequito, al autito ya hecho; pero una vez que se da el salto, se ve un espacio de libertad muy grande. Por otra parte, afortunadamente, por internet podemos ver muchas realizaciones de primer nivel artístico a las que en otro tiempo era impensable acceder desde lugares como Aluminé, y eso nos ayuda mucho.

Realizada en stop motion, “Fantasmas” recrea la microficción titulada “Un creyente”.

Eduardo Rouillet

eduardorouillet@gmail.com


Generada por el Grupo Nosotros Patagonia, la 4ª Muestra de Cortometrajes de Realizadores Patagónicos propuso en la Universidad de Cine, ubicada en Pasaje Giuffra 330, San Telmo, los cortos seleccionados, “Fantasma” de Carlos Montoya por Neuquén, “Al sol en bici” del Grupo Humus de Río Negro, y “Biancheria” de la chubutense Mariana Graciana, “Vicente Casares” de Gonzalo Zapico por Santa Cruz.

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