El desamparo de una adolescente en Venecia
El director argentino Pablo Giorgelli presentó en la sección Orizzonti del Festival Internacional de Cine su película “Invisible”, en la que indaga en la soledad de una joven de 17 años.
Hace seis años el Festival de Cannes proclamó a Pablo Giorgelli como el mejor debutante concediéndole una Cámara de Oro. El director argentino se ha tomado su tiempo para reafirmar que era merecedor de esa distinción y regresó a la Mostra de Venecia con “Invisible”, un drama áspero sobre una adolescente que hace frente a un embarazo no deseado. Y todo surgió de unos cafés que comenzó a tomar con su nueva coguionista, María Laura Gargarella (“Tokio”), con quien ha forjado esta historia de soledad y desamparo.
Si en su debut “Las acacias” abordó la paternidad, ahora el realizador, que ha sido entretanto padre de dos hijas, indaga en la maternidad. “Hay algo que tiene que ver con la familia que me interesa: el tema de los vínculos familiares, cómo se construyen los vínculos familiares, cómo eso te define, cómo uno es quien es a partir del hogar del que viene”, aseguró el realizador.
Y para hacerlo más familiar el realizador eligió el barrio de La Boca, que conoce de toda la vida. Filmó delante de la casa de su madre. Imaginar a la protagonista en su propio barrio le hizo viajar a su adolescencia, dijo. Mora Arenillas, hija del actor Fabián Arenillas, es la que carga a sus espaldas con todo el peso de la película que por su realismo entronca con el documental.
Giorgelli es un director “invisible”, no se deja notar y el espectador siente todas las tribulaciones de la joven, que vive con su madre deprimida y cuya pareja no quiere saber nada del pequeño. En una sociedad en la que es ilegal el aborto, las circunstancias le obligan a hacerse adulta de golpe.
El embarazo es la trama que empuja la historia, sin embargo, la película trata “del desamparo y la soledad de esta chica de 17 años que no encuentra claridad en su vida y que a partir de este embarazo inesperado se pone en marcha”, apunta el realizador, que compite en la sección Orizzonti, la segunda en importancia dentro del certamen italiano.
“Invisible” aborda ante todo la incomunicación entre adultos y adolescentes en esa etapa tan vulnerable, y también contiene una crítica al Estado, que no atiende, que expulsa a los jóvenes al dejarles a su suerte cuando hacen frente a un embarazo.
A Giorgelli la Cámara de Oro no le cambió la vida. Eso sí, aprovechó para viajar y presentar la película en diferentes partes. Después se tomó un largo tiempo de desconexión del cine y le ofrecieron un guión para rodar en Brasil. Se sintió abrumado por la ilusión de que le ofrecieran hacer la película pero, según cuenta, la historia no era para él. “No me apuro, espero a que se den las cosas. Uno tiene que convivir con las películas que hace toda la vida y no me puedo permitir hacer algo de lo que no estoy convencido”, explica el realizador que se gana el pan con otros menesteres no siempre vinculados al cine.
Ahora ya sabe con qué va a seguir, tiene en mente una película sobre una familia italiana que reside en La Boca y otra inspirada en la novela “Trasfondo”, de Patricia Rato, sobre la expedición militar de un submarino durante la guerra de las Malvinas. “Es una película de guerra pero es una película de espera, porque no sucede nada”, comenta todo ilusionado.
Giorgelli se queda con la definición del cine que en cierta ocasión le dio el director Hirokazu Kore-eda, que este año casualmente presenta a concurso película en Venecia. “El cine –dijo el japonés–, es un río que fluye, que me contiene”. Y a Giorgelli le parecieron magistrales estas palabras, pues responden al interrogante de por qué hace cine. “¿Por qué se mete uno en estos líos larguísimos que duran años, que requieren un enorme esfuerzo físico, emocional y económico?. Uno busca algo de protección”.
Pocos filmes y
muchos premios
Pablo Giorgelli nació en Buenos Aires en 1967.
Su historia con el cine comenzó como montajista en “Moebius”(1996), filme al que siguieron “Sólo por hoy” (2000), “ Natural” (2002).
En 2010 estrenó “Las acacias”, su ópera prima como director.
El filme ganó la Cámara de Oro en Cannes en 2011 y varios premios internacionales , entre ellos el Premio Horizontes del Festival de San Sebastián.