El Día de la Lealtad y su significado para el peronismo




El 17 de noviembre de 1972 regresa al país el general Juan Domingo Perón, después de 17 años de forzado exilio. Una conjura cívico-militar-clerical, provocó el derrocamiento de su gobierno constitucional el 16 de septiembre de 1955.


 Las Fuerzas Armadas y los partidos políticos opositores, transformados en “comandos civiles”, participaron en ese funesto golpe de Estado que desalojó a un gobierno que contaba con el apoyo y el respaldo de la mayoría del pueblo argentino.


 Perón inicia el largo camino del destierro, refugiándose un tiempo en Paraguay, Venezuela y Panamá, para encontrar definitivo exilio en España.
 El 16 de septiembre de aquel año, no solo se inició un baño de sangre contra el pueblo argentino, sino que comenzó la destrucción de la soberanía política, la independencia económica y la justicia social.


 La resistencia a los usurpadores del poder soberano del pueblo surgió rápida y espontánea desde las bases populares indignadas por el derrocamiento del presidente constitucional y el encarcelamiento de sus máximos dirigentes.


Esa reacción, sostenida y mantenida por muchos años hasta el retorno del ex presidente al país en 1972, no tiene antecedentes en la República Argentina. La juventud peronista jugó un papel relevante en el retorno de Perón.


Cuando se habla de “Resistencia Peronista” es porque sus iniciadores e integrantes fueron exclusivamente justicialistas. Los demás partidos políticos sin excepción aplaudieron con entusiasmo y fervor la caída del gobierno popular y colaboraron en la integración de la Junta Consultiva avalando sus atropellos.


Dirigentes políticos y gremiales que resistían la dictadura cívico-militar-clerical llenaron las cárceles de todo el país. Incluso los usurpadores del poder rehabilitaron la vieja prisión de Tierra del Fuego que el gobierno de Perón había cerrado en 1947 por inhumana. También fueron ocupadas por presos justicialistas instalaciones en cuarteles, comisarías y escuelas. Varios barcos fondeados en el Río de la Plata y el propio Congreso Nacional alojaban prisioneros por el pecado mortal de ser peronistas.


El decreto 4161, una monstruosidad jurídica, fue aprobado por unanimidad de la democrática Junta Consultiva. La nueva norma permitió muertes, detenciones y torturas. También prohibía con penas de prisión nombrar o pronunciar las palabras Perón o Evita, partido Justicialista o entonar la marcha peronista o Evita Capitana.


Lo cierto e innegable es que la Resistencia Peronista mantuvo viva la llama de la rebelión contra todas las dictaduras y también con los gobiernos inconstitucionales de Arturo Frondizi, de José María Guido y de Arturo Illia, donde la mayoría del pueblo que era peronista estuvo proscripto y criminalizado de la vida cívica nacional.


 En 1964 Perón intenta regresar al país, pero el entonces presidente de la Nación, el radical Arturo Illia aborta esa posibilidad impidiendo que el avión que lo trasladaba a su patria ingrese en territorio argentino. En complicidad con la dictadura militar que gobernaba Brasil hizo detener el avión en Río de Janeiro y, luego de algunas horas de tratativas, ordenaron su regreso a España.


Durante 18 años el peronismo no pudo nominar a sus candidatos ni presentarse con sus banderas y símbolos a las convocatorias a elecciones presidenciales.
Tras esa larga etapa de la vida nacional los luchadores sociales y políticos con presión permanente hicieron posible el retorno al país y a la presidencia de Perón por tercera vez, con el respaldo del sufragio soberano de la mayoría del pueblo argentino.  


 Cumplido el objetivo del retorno de Perón, en 1972, los militantes orgánicamente acompañaron al gobierno constitucional hasta la muerte de su líder.


El 17 de noviembre de 1972 regresa al país el general Perón, después de 17 años de forzado exilio, período en el que su fuerza no pudo nominar candidatos ni presentar sus símbolos.



 Posteriormente se reintegraron a la lucha, contribuyendo para hacer ingobernable al país en la última dictadura genocida del general Jorge Rafael Videla, que derrocó el 24 de marzo de 1976 al gobierno justicialista y constitucional  de María Estela Martínez de Perón. Los motivos fueron la abultada deuda externa, 7.500 millones de dólares, vacío de poder y dificultad para cancelar los compromisos internacionales. El gobierno había adelantado las elecciones generales para el 17 de octubre de 1976. Faltaban ocho meses para elegir un nuevo gobierno nacional, pero los partidos políticos argentinos prefirieron a Videla y su séquito de tenebrosos asesinos.


 Con un nuevo gobierno peronista en la conducción de la República Argentina a partir del 10 de diciembre de 2019, como siempre, se luchará para “sostener la plena vigencia de la soberanía política, la independencia económica y la justicia social”.

* Periodista de Viedma 


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