El Estado presente ante la crisis y el necesario tripartidismo



Lucas Pica *

A casi dos meses exactos desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara la pandemia por el covid-19, acontecimiento este que precedió el dictado del Decreto de Necesidad y Urgencia N° 297/2020 dictado por el Poder Ejecutivo Nacional, por el que se dispuso el aislamiento social, preventivo y obligatorio de la población y tiene como objeto salvaguardar el derecho colectivo a la salud pública y los derechos esenciales a la vida y la integridad física, resulta de utilidad reflexionar y analizar a grandes rasgos cuál ha sido la respuesta hasta el momento, tanto desde el Estado así como de los actores que conforman el mundo del trabajo y la producción.


A nivel global no caben dudas que, salvo contadas excepciones, la mayoría de los Estados y naciones han priorizado la salud de la población, disponiendo medidas restrictivas de excepción a la libre circulación  de bienes y personas, cerrando también sus fronteras, con las lógicas consecuencias económicas que esto trae aparejado.
Esta situación se verifica tanto a escala nacional, como provincial o local con sus mínimas variantes de mayor o menor apertura de ciertas actividades.


El gran reto que asumen hoy los gobiernos es el de encontrar el equilibrio y cómo ir avivando la llama de una economía que está en parate.
Según el último informe actualizado de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) existe una previsión para mediados de año de una pérdida equivalente a 305 millones de puestos de trabajo en el mundo, números estos que de solo mencionarlos asustan y mucho; ni hablar para el sector del empleo informal.


Este sector sin duda será el más castigado, desnudando la pandemia la precariedad e injusticias de nuestro mundo laboral, situación que ya venía cruel y que la desnudez lo hizo más cruel aún. Prueba evidente de ello es que en nuestro país los solicitantes del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) superan las 8 millones de personas, mientras que a la fecha la ayuda dispuesta bajo el programa de Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP),  por la cual el Estado asume el pago de una asignación equivalente al 50% del salario, no alcanza a los 2 millones de trabajadores.


Vemos que con mayor a menor intensidad y sujeto también a su capacidad económica, la mayoría de los Estados a nivel mundial han adoptado políticas de ayuda económica para los sectores más desfavorecidos por la pandemia, ya sea a través del otorgamientos de subsidios a las empresas o a los trabajadores desempleados, tanto de la economía formal como informal así como también para los autónomos, lo que demuestra una vez más que, ante situaciones críticas, es el Estado y no el mercado es que puede dar respuestas a la crisis. Por eso que aquellos pregoneros de las virtudes del mercado que todo lo ordena debieran cuanto menos sonrojarse. Es el Estado y sólo el estado que puede y debe acudir al rescate de la crisis.


Lo cierto es que los distintos gobiernos han ido al rescate de los suyos, en intensidades diversas. En el caso de Río Negro y por reflejos de la gobernadora Carreras, la consultora Analytica que ha medido su capacidad de respuesta en su llegada a pymes, familias y municipios,  colocó a Río Negro entre las cuatro mejores sobre el total de las 24 provincias. Así se ha asistido con decisiones fiscales entre ellas, diferimientos de cobros y exenciones, con ayuda social directa, con créditos para las pymes a tasa cero, con coparticipación a municipios incluso de fondos no coparticipables, entre otras respuestas. Pero sabemos que los recursos con que cuentan los Estados no son infinitos y que no pueden reemplazar a los recursos que se generan en la actividad productiva del sector privado.


Es por eso que, en lineamiento con los principios y recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se torna cada vez más imprescindible transitar el camino del consenso y del tripartidismo involucrando a todos los actores sociales. La salida entendemos está en el rescate por parte del Estado y el tripartismo donde confluyen los representantes de los trabajadores, de los empleadores y el Estado como propiciador de esas mesas.


Así como es evidente la intervención exitosa por parte de muchos Estados, hay ausencia de respuestas coordinadas de organismos internacionales.



Las estrategias y las mesas de diálogo han de estar signadas a menguar el impacto de la crisis y detectar nuevas necesidades de empleos y servicios como consecuencia de la pandemia (sectores delivery, aseo, salud, atención personalizada de la población de riesgo, teletrabajo, etc.)  
Sin lugar a dudas, y tal cual lo ha expresado el Director General de la OIT con motivo del recordatorio por el Día del Trabajador, esta situación inédita nos obliga a repensar y examinar más de cerca no solo la situación actual sino fundamentalmente para construir una normalidad mejor, más equitativa e igualitaria.


Entramos en pandemia con un mundo desigual y esta desigualdad se está viendo atrozmente resignificada.

Por último, y como correlato de lo expuesto, así como resulta evidente la intervención exitosa por parte de la mayoría de los Estados a través de distintas políticas públicas, no podemos dejar de señalar la ausencia de respuestas coordinadas a nivel de las instituciones y organismos internacionales, G-20, Banco Mundial FMI, G-7, organismos que deben responder como respondieron en la crisis del 2008 y que aún parecieran estar aletargados en su respuesta pandémica.


* Legislador provincial - JSRN


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