El G7 se reúne en medio de duras protestas
Líderes de las potencias analizarán el comercio internacional, el cambio climático y el avance de Estado Islámico
GARMISCH (Alemania).- Cánticos, proclamas, disfraces y un pulpo gigante: los manifestantes tomaron ayer la idílica ciudad alpina de Garmisch-Partenkirchen para mostrar su repulsa contra la cumbre del G7 que se celebra hoy y el lunes en el sur de Alemania. Con temperaturas rozando los 30 grados y en medio de un masivo despliegue policial, la marcha central contra la reunión de jefes de gobierno de siete de los países más ricos del mundo (G7) recorrió la ciudad con ambiente festivo. Pese a la tensión con que se esperaba la protesta, sólo hubo incidentes aislados. En la cumbre abordarán la situación del comercio internacional, un acuerdo de la ONU sobre cambio climático, salud pública, reducción de la pobreza y crisis de seguridad globales. Además, si bien no figuran en la agenda de la cumbre, se espera que se discuta sobre el estado de las negociaciones nucleares con Irán, el avance de Estado Islámico (EI), la crisis de Grecia, y la situación en Ucrania. La cumbre viene marcada por el temor a que se produzcan disturbios, en especial en la marcha prevista para hoy hasta el palacio de Elmau, donde se reunirán la alemana Angela Merkel, el estadounidense Barack Obama y sus pares de Francia, Reino Unido, Italia, Japón y Canadá. “Queremos llamar la atención sobre una cumbre para la que se dedica una gran cantidad de dinero que podría destinarse a otra cosa”, comentó Nicole, una alemana de 38 años acompañada de su marido y sus tres hijos, uno de ellos de apenas unos meses, sobre los 150 millones de euros que costará el encuentro de dos días. “Estoy aquí porque me preocupa”, agregó. La mujer se mostró serena ante el riesgo de disturbios: “No tengo miedo. No estoy haciendo nada prohibido. Parece que los que tienen miedo son ellos, que montaron este dispositivo”, agregó sobre la policía. Hippies, anarquistas, jóvenes, niños, ancianos, bávaros, familias… La manifestación unió a personas de todo origen y edad en un cuadro más propio de un carnaval multicultural que de una marcha anticapitalista, si no fuera por los miles de policías. La ciudad alpina quedó tomada por carrozas con música tecno, pelucas, payasos, performances y vecinos asomados a los balcones viendo pasar el desfile de manifestantes. (DPA y AFP)