El hilo conductor
Héctor Mauriño vasco@rionegro.com.ar
No sólo entre sectores de peso de la opinión pública, entre los jueces y magistrados, entre los abogados independientes y entre los bloques opositores, las ternas de Jorge Sobisch para cubrir tres vacantes en el Tribunal Superior de Justicia, tampoco cuentan con consenso en el bloque del MPN, y ni siquiera en el seno del propio gobierno.
Esta temeraria ofensiva del Ejecutivo para imponer a sus amigos de magros antecedentes profesionales en la cabeza del Poder Judicial, es sólo uno de los asuntos vitales que abrieron una fisura en la sociedad política que gobierna la provincia. La inconsulta «proyección nacional» del propio gobernador, una jugada personal que arrastró al partido a un revés federal, y los acuerdos sacados de la manga para una tan vertiginosa como inconsistente fusión con Río Negro, son otros de los temas que encendieron la discordia.
En todos ellos hay un hilo conductor, la matriz del problema que más preocupa a un sector de peso en el partido provincial: la aparente voluntad del gobernador de marchar solo, sin consultar a nadie, en aspectos trascendentes para el futuro de la provincia.
«Va solo adelante y se ha distanciado tanto del gobierno y del partido que si se cae al abismo caerá solo. Esto parece Sobisch contra Sobisch», tal la inquietante reflexión que se escuchó en los más altos círculos de poder.
Contrariamente a lo que podría suponerse, allí se acata el liderazgo de Sobisch, pero se recuerda que el gobernador es un «primus inter pares» y no el dueño de una receta infalible, imposible de verificar en la práctica.
Entre los incondicionales del poder, particularmente entre los operadores de Sobisch en la Legislatura, impera en cambio el sentimiento contrario. En ese microclima, se disparó la paranoia y no sólo los opositores sino muchos en la fuerza propia son ahora objeto de suspicacias.
Los esfuerzos del oficialismo para quebrar a la oposición y lograr mayoría en la Legislatura vieron el éxito esta semana. Sólo faltaba fracturar el bloque de la Alianza y la coartada para que el diputado radical Rubén Vandalda pegara el salto la proporcionaron los intendentes Quiroga y Benítez.
Lo hicieron desde una supuesta racionalidad política -«Necesitamos un bloque de la UCR»- que apenas si logra disimular la propia conveniencia, que ahora pasa por una «nueva alianza», esta vez con Sobisch, para garantizarse fluidez de recursos y, quién sabe, la ansiada reelección.
En el escenario oficial el único que pudo capitalizar mínimamente la ruptura de la inercia legislativa fue el vicegobernador. Ocurre que Sapag mostró la plasticidad necesaria cuando se negó a quebrar los mecanismos institucionales, algo que al parecer le reclamaban en su partido, y acató la orden judicial que frenaba el tratamiento de las ternas.
Pero así como su actitud fue vista como una muestra de tolerancia por la oposición y con cierto alivio dentro del propio bloque del MPN -que a esta altura es remiso a hacer de verdugo del Poder Judicial ante la opinión pública-, provocó las iras de los incondicionales del gobernador.
Esta semana, cuando llegó el fallo de la Cámara que enmendó el amparo de Bassi, los hechos terminaron por darle a Sapag la razón frente a sus pares. Sin embargo la Legislatura, que pudo sesionar con el aporte de la «nueva mayoría» del oficialismo, ni siquiera intentó el tratamiento de las ternas.
Ocurre que, a esa altura de los acontecimientos, los ultras del gobierno se encontraron con que la relación de fuerzas dentro del propio bloque permite sacar varias leyes adelante, pero no las polémicas ternas. Así, al cabo de un encuentro privadísimo, el oficialismo terminó por colocar las ternas bajo un paraguas mientras aprovecha para sacar adelante otras leyes de su interés. Sin embargo, la puja interna dejó una secuela de desconfianzas. Algunos ya no quieren oír hablar de ternas y preferirían que fueran rechazadas. Otros, esperan la oportunidad para tomarse revancha.
El de las ternas no fue el único caso en el cual el voluntarismo oficial se estrelló contra la realidad. Esta semana los partidos provinciales descartaron a Sobisch como conductor del agrupamiento. En realidad, el gobernador perdió interés por el asunto cuando comprendió que le había aparejado una crisis interna en el MPN, y los federales perdieron el interés en la conducción de Sobisch cuando comprendieron que sus prioridades habían cambiado.
En uno y otro caso, el exceso de protagonismo del neuquino jugó su papel. En el MPN porque buscó un alineamiento considerado «ajeno» a los parámetros ideológicos del partido; en el Movimiento Federal, porque nadie pareció dispuesto a entregarle un cheque en blanco por tres años.
No sólo entre sectores de peso de la opinión pública, entre los jueces y magistrados, entre los abogados independientes y entre los bloques opositores, las ternas de Jorge Sobisch para cubrir tres vacantes en el Tribunal Superior de Justicia, tampoco cuentan con consenso en el bloque del MPN, y ni siquiera en el seno del propio gobierno.
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