El hombre de las acuarelas
Es conocido: desde muy pibe Adolf Hitler gustó del dibujo. Devoto de museos y galerías de arte en la Viena de pre Primera Guerra Mundial, se sabe también que se ganó parte de su existencia pintando acuarelas a modo de tarjetas postales. Inocentes, de elaboración rápida y, aunque de desigual calidad, el grueso de las que se logró preservar están en el Museo de Arte de Viena. Y a él ese paso por la plástica le fue útil en la construcción de su poder. El 24 de abril de 1934, cuando Adolf Hitler llevaba algo más de un año como canciller de Alemania, en su edición para Munich el diario “Völkischer Beobachter” publicó un artículo bajo el título “El arte como fundamento del poder creador político. Las acuarelas del Führer”. “El filósofo Nietzsche –señala– dice que no hay nada más caprichoso que el azar. Hoy sabemos que no fue azar que Adolfo Hitler fuera uno de los numerosos estudiantes de pintura de la Academia de Viena. Estaba designado para una tarea más grande que la de ser solamente un buen pintor, o quizá un gran arquitecto. ”El don para la pintura no es sin embargo un aspecto de su personalidad simplemente debido al azar, sino un carácter fundamental que toca al nudo de su ser. Existe un lazo interno e indisoluble entre los trabajos artísticos y su gran obra política. ”Lo artístico es también la raíz de su desarrollo como político y como hombre de Estado. Su actividad artística no es simplemente en este hombre una ocupación de juventud surgida del azar, no es un desvío de su genio político sino la condición primera de su idea creadora de la totalidad. ”Si examinamos la historia como la elaboración creadora de fuerzas espirituales, entonces nos es indispensable comprobar que el fenómeno de un hombre de Estado tal como Hitler sólo podía emerger de sus fundamentos artísticos, cuyos elementos esenciales son la construcción y la visión imaginativa que perfecciona. ”El nacionalsocialismo no es un principio intelectualmente construido, no es un programa construido, no es un programa racional como el marxismo, sino que es un movimiento espiritual nacido de las potencias originarias del alma del pueblo, una Weltanschauung (visión del mundo) que surgió de una concepción espiritual total. ”El Führer dio al concepto de política un contenido fundador y ha podido hacerlo porque su idea política se desarrolló a partir de los conocimientos de una actividad artística autocreadora”. (Eric Michaud, en “La estética nazi. Un arte de la eternidad”, Adriana Hidalgo Editora, págs. 60- 61)
Es conocido: desde muy pibe Adolf Hitler gustó del dibujo. Devoto de museos y galerías de arte en la Viena de pre Primera Guerra Mundial, se sabe también que se ganó parte de su existencia pintando acuarelas a modo de tarjetas postales. Inocentes, de elaboración rápida y, aunque de desigual calidad, el grueso de las que se logró preservar están en el Museo de Arte de Viena. Y a él ese paso por la plástica le fue útil en la construcción de su poder. El 24 de abril de 1934, cuando Adolf Hitler llevaba algo más de un año como canciller de Alemania, en su edición para Munich el diario “Völkischer Beobachter” publicó un artículo bajo el título “El arte como fundamento del poder creador político. Las acuarelas del Führer”. “El filósofo Nietzsche –señala– dice que no hay nada más caprichoso que el azar. Hoy sabemos que no fue azar que Adolfo Hitler fuera uno de los numerosos estudiantes de pintura de la Academia de Viena. Estaba designado para una tarea más grande que la de ser solamente un buen pintor, o quizá un gran arquitecto. ”El don para la pintura no es sin embargo un aspecto de su personalidad simplemente debido al azar, sino un carácter fundamental que toca al nudo de su ser. Existe un lazo interno e indisoluble entre los trabajos artísticos y su gran obra política. ”Lo artístico es también la raíz de su desarrollo como político y como hombre de Estado. Su actividad artística no es simplemente en este hombre una ocupación de juventud surgida del azar, no es un desvío de su genio político sino la condición primera de su idea creadora de la totalidad. ”Si examinamos la historia como la elaboración creadora de fuerzas espirituales, entonces nos es indispensable comprobar que el fenómeno de un hombre de Estado tal como Hitler sólo podía emerger de sus fundamentos artísticos, cuyos elementos esenciales son la construcción y la visión imaginativa que perfecciona. ”El nacionalsocialismo no es un principio intelectualmente construido, no es un programa construido, no es un programa racional como el marxismo, sino que es un movimiento espiritual nacido de las potencias originarias del alma del pueblo, una Weltanschauung (visión del mundo) que surgió de una concepción espiritual total. ”El Führer dio al concepto de política un contenido fundador y ha podido hacerlo porque su idea política se desarrolló a partir de los conocimientos de una actividad artística autocreadora”. (Eric Michaud, en “La estética nazi. Un arte de la eternidad”, Adriana Hidalgo Editora, págs. 60- 61)
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