El hombre que “cazó” a Bin Laden
La agencia AP descubrió al oficial de inteligencia que encabezó la búsquedadel líder terrorista. Su habilidad para los detalles que otros ignoraron fue decisiva para sacar a la investigación del pantano.
Cuando comandos especiales de la armada (Navy SEALs) mataron a Osama bin Laden, la Casa Blanca dio a conocer una fotografía del presidente Barack Obama y su gabinete en la sala de situaciones especiales viendo el transcurrir de la operación. Oculto de la vista, fuera del marco de la ahora famosa foto, estaba un veterano analista de la CIA. Es posible que en la caza del terrorista más buscado en el mundo no haya habido nadie más importante. Su trabajo de casi una década fue encontrar al líder de Al Qaeda.
El analista fue el primero en escribir, el año pasado, que la CIA tenía una pista real para encontrar a Bin Laden. Supervisó la compilación de pistas que llevó a la agencia al complejo fortificado en Abotabad, Pakistán. Y su voz estuvo entre las más confiadas diciéndole a Obama que Bin Laden estaba probablemente tras esos muros.
Por razones de seguridad, la CIA no le permite hablar con reporteros. Pero entrevistas con funcionarios y ex funcionarios de inteligencia revelan una historia de callada persistencia y perseverancia que llevaron al mayor éxito antiterrorista en la historia de la CIA. AP aceptó el pedido de la CIA de no publicar su nombre completo y no revelar ciertos detalles biográficos, para que el analista no sea blanco de represalias. Llamémosle John, su segundo nombre. John estaba entre los centenares de personas que llegaron al Centro de Antiterrorismo de la CIA luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001. Había sido un especialista destacado en los departamentos de Rusia y los Balcanes en la agencia. Aunque luego, otros medios lo ubicaron (ver aparte)
De Rusia con detalles
Cuando Vladimir Putin llegaba al poder en Rusia, por ejemplo, John presentó detalles ignorados por otros y escribió lo que algunos colegas consideraron el perfil definitivo de Putin.
Su evaluación cuestionó algunas creencias de la agencia sobre el pasado de Putin en la KGB y elaboró un retrato mucho más completo del hombre que dominaría la política rusa.
Esa capacidad para detectar detalles aparentemente insignificantes, para trenzar hilos disparejos de información en una narrativa coherente, le dio una habilidad especial para cazar terroristas.
“Podía darte siempre las implicaciones más amplias de todos esos detalles que estábamos compilando”, dijo John McLaughlin, que como vicedirector de la CIA recibió informaciones regulares de John en las mañanas .
A partir del 2003, cuando se sumó al centro antiterrorista, hasta el 2005, John fue la fuerza motriz en las capturas de terroristas: Abu Zubaydah, Abd al-Nashiri, Khalid Sheik Mohammed, Ramzi bin Alshib, Hambali y Faraj al-Libi.
Pero no había presa mayor que Bin Laden. El líder de Al Qaeda se le había escabullido a las fuerzas estadounidenses en las montañas afganas de Tora Bora en el 2001 y la CIA pensaba que se había refugiado en las zonas tribales de Pakistán . En el 2006 la agencia tenía a su tercer director desde el 11 de septiembre de 2001. Muchos de los supervisores directos de John se habían retirado o cambiado de puesto. John no se quería ir. Quería seguir trabajando en el caso de Bin Laden.
Examinó y reexaminó cada aspecto de la vida del terrorista. ¿Como vivía cuando estaba oculto en Sudán? ¿De quiénes se rodeó cuando vivía en Kandahar, Afganistán? ¿Cómo sería el escondite de Bin Laden en ese momento?
La CIA tenía una lista de pistas potenciales, asociados y familiares que podrían tener acceso a Bin Laden. “Sigan trabajando esa lista poco a poco”, le dijo John a su equipo, recuerda un funcionario de inteligencia. “Él está ahí en alguna parte. Vamos a encontrarlo’’.
En el 2007, una colega a la que la AP acordó también no identificar decidió concentrar su atención en un hombre conocido como Abu Ahmed al-Kuwaiti, un nombre de guerra. Otros terroristas habían identificado a Al-Kuwaiti como un importante correo para la cúpula de Al Qaeda y ella pensaba que encontrarlo podía llevar al paradero de Bin Laden.
Tomó tres años, pero en agosto del 2010 Al-Kuwaiti fue detectado en una escucha telefónica de la Agencia de Seguridad Nacional. La analista le envió un memorándum a John diciendo que su equipo pensaba que Al-Kuwaiti estaba en algún lugar en las afueras de Islamabad.
En la medida en que la CIA cerró el círculo alrededor de Al-Kuwaiti, el equipo de John actualizó el memo con nueva información. Ese memo revisado fue finalizado en septiembre del 2010. John, para entonces vicejefe del departamento de Afganistán y Pakistán en la agencia, lo envió por correo electrónico a aquellos que necesitaban ser informados.
El título era “Anatomía de una pista”. Como se esperaba, el memo inmediatamente se convirtió en un tópico candente en la agencia y el director Leon Panetta solicitó más detalles.
John nunca se excedió en sus promesas, pero no dudó en decir que había buenas probabilidades de que ésa pudiera ser la oportunidad por la que había esperado la CIA.
La agencia localizó a Al-Kuwaiti en un complejo tapiado en Abotabad.
Si Bin Laden se estaba ocultando allí, en un suburbio no lejos de una academia militar de Pakistán, eso contradecía mucho de lo que la CIA había supuesto sobre su escondite.
Pero John dijo que no era tan descabellado. Considerando todo lo que sabía de los escondites previos de Bin Laden, John dijo que tenía sentido que éste se hubiese rodeado solamente de sus correos y familiares y no usara teléfonos o internet. Panetta le pasó la información a Obama, pero había mucho por hacer aún. El gobierno trató todo lo posible de determinar quién estaba en ese complejo en Abotabad.
Hora de decidir
En una pequeña casa cerca del lugar, la CIA colocó a personas que no llamarían la atención. Ellos observaron y esperaron, pero no consiguieron información definitiva. Satélites capturaron imágenes de un hombre alto caminando por los terrenos de la propiedad pero nunca pudieron ver su rostro.
Eso sucedió durante meses. Para febrero John les dijo a sus superiores, incluyendo a Panetta, que la CIA podía seguir tratando, pero que era improbable que la información mejorase. Le dijo al director que ésa podía ser su mejor oportunidad para encontrar a Bin Laden y que no duraría eternamente. Panetta le dijo lo mismo al presidente.
Para abril el presidente había decidido enviar a los Navy SEALs a asaltar el complejo. Aunque el plan estaba ya en marcha, John habló con su equipo, dice un alto funcionario de inteligencia.
“Hasta el último momento –les dijo–, si tenemos cualquier indicio de que pudiera no ser él, alguien tiene que alzar la mano y decirlo antes de que arriesguemos vidas estadounidenses”.
Nadie lo hizo. En la sala de situaciones especiales en la Casa Blanca el analista que apenas era conocido fuera de los círculos de inteligencia tomó su puesto junto a los más altos funcionarios de seguridad del país, los nombres y rostros bien conocidos de Washington.
Unos angustiantes 40 minutos luego de que los comandos especiales irrumpieran en el complejo llegó el reporte: Bin Laden estaba muerto. John y su equipo habían adivinado correctamente, tomando un riesgo intelectual basado en información incompleta. Un riesgo que puso fin a un decenio de desilusiones.
ADAM GOLDMAN y MATT APUZZO
AP
“John”, fuera de cuadro, estaba en la sala de la Casa Blanca donde siguió el operativo. Se ve su corbata.
Cuando comandos especiales de la armada (Navy SEALs) mataron a Osama bin Laden, la Casa Blanca dio a conocer una fotografía del presidente Barack Obama y su gabinete en la sala de situaciones especiales viendo el transcurrir de la operación. Oculto de la vista, fuera del marco de la ahora famosa foto, estaba un veterano analista de la CIA. Es posible que en la caza del terrorista más buscado en el mundo no haya habido nadie más importante. Su trabajo de casi una década fue encontrar al líder de Al Qaeda.
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