El juez asaltado fue maniatado junto a sus hijos
A la esposa no la redujeron, pero tuvo que cocinar para los tres asaltantes y luego entregar dinero
CIPOLLETTI (AC).- Durante años escuchó los relatos de cientos de víctimas que contaban cómo los delincuentes ingresaban a sus viviendas y amenazaban con total desparpajo. Ahora al ex juez Penal Alfredo Pozzo le tocó vivir una situación similar en carne propia.
El jueves por la noche tres sujetos irrumpieron en su vivienda, efectuaron un disparo para amedrentar, le propinaron un culatazo en la cabeza y lo ataron, al igual que a todos los integrantes de su familia. Más de una hora estuvieron los delincuentes en el interior de la propiedad y hasta comieron hamburguesas que su mujer les preparó.
«Tenían hambre», contó la mujer del magistrado. Ella fue la que más contacto y diálogo tuvo con los malvivientes, porque fue a la única que no maniataron. La usaron como «guía» para revisar la casa y tratar de hallar lo que pretendían: dinero y armas. Pero el botín se limitó a unos 500 pesos, mercadería y ropa que cargaron en el auto del juez. El vehículo apareció luego en Allen.
Todo comenzó poco después de las 21.30 cuando el actual titular de la Cámara Laboral Segunda de Cipolletti se encontraba en su vivienda junto a su mujer, sus tres hijos y un amigo de uno de los chicos.
Los sujetos aprovecharon que la ventana del dormitorio principal de la casa había quedado sin traba e ingresaron. Los tres tenían los rostros cubiertos con remeras y portaban armas de puño.
Para intimidar, lo primero que hicieron fue darle un culatazo en la cabeza a Pozzo y efectuar un disparo en el interior de la sala, «que por suerte no rebotó ni le pegó a nadie», dijo el juez.
Después los hicieron colocar boca a abajo y los ataron a todos, excepto a la mujer.
«Es la necesidad», le dijo uno de los sujetos. Ella, tratando siempre de mantener la calma, les ofreció los productos perecederos y no perecederos que tenía de reserva en su casa. Y como le pidieron comida, les cocinó unas hamburguesas.
Ni siquiera para comer se sacaron las remeras que les cubrían los rostros. Apenas hacían un pequeño espacio para que les quedara la boca libre para ingerir los sandwiches y tomar yogur.
Pozzo, quien durante unos 20 años fue juez penal en Roca (por eso inicialmente se informó que el robo había sido a un ex magistrado), dijo que a pesar de la terrible situación que vivieron, el trato fue «relativamente bueno». Uno de sus hijos le dijo que le ajustaban mucho las ataduras «y se las aflojaron un poco», reveló.
Para atarlos de pies y manos, los individuos usaron distintos correas y cables, incluso el del teléfono. Después de permanecer más de una hora en el interior de la casa, ubicada en el sector rural de Cipolletti conocido como «La Falda», los delincuentes pidieron las llaves de uno de los dos autos de la familia y cargaron todo lo que consiguieron. El robo fue principalmente de mercadería y ropa. «Los chicos quedaron prácticamente descalzos», dijo la mujer del magistrado.
Cargaron todo en un Renault 19 de color gris y se fueron. También se llevaron alrededor de 500 pesos entre el efectivo y los dólares que tenían en las billeteras.
Los individuos en ningún momento hicieron comentarios sobre la profesión de Pozzo. Evidentemente desconocían que era juez. Un importante operativo policial se montó apenas se conoció lo sucedido.
Un par de horas después del hecho, se supo que el auto había aparecido abandonado en la calle Conquistadores del Desierto de Allen. Estaba en perfecto estado.