El laberinto del sistema electoral de EE. UU. puede generar sorpresas

El eje estará en los “estados oscilantes” como Florida o Pensilvania, el nivel de participación en un sistema de voto voluntario y la actitud de las minorías.



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En el 2000, una cerrada votación tuvo en vilo al país. (Foto: ap )

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Florida es una gran incógnita.(Foto: ap )

Las últimas encuestas reflejan una leve ventaja de Hillary Clinton sobre Donald Trump para las elecciones presidenciales del próximo martes en Estados Unidos. Sin embargo, los mismos sondeos reducen la probabilidad cierta de un triunfo de Trump a menos de 20%. Las conclusiones parecen desdecirse y, sin embargo, parecen confiables. ¿Cómo puede ser?

Esa paradoja resume el complejo y diverso sistema electoral estadounidense, que le da gran peso a cada uno de los 50 estados, que elige presidente a través de un Colegio Electoral, en el que el voto es optativo y se puede ejercer anticipadamente y por correo (36% en 2012), y esta vez todo ello salpicado por Trump con sospechas sobre la limpieza de los comicios.

Especulando con sorpresas, se compara esta votación con las que provocaron el “Brexit” y el rechazo del acuerdo de paz en Colombia.

Es cierto que el electorado se polarizó y Trump sorprendió en las primarias. Pero esta elección escapa a un simple “sí o no”: es indirecta, se decide en cada estado, pone en juego el Congreso y sus reglas son más complejas que un referéndum.

El mapa electoral se divide en tres: los estados tradicionalmente republicanos (rojos), los demócratas (azules) y los “swing states”, que alternan sus preferencias, aportan muchos electores y deciden la elección, como desde hace tiempo Florida y Ohio, y últimamente una decena más.

La presidencia se define en un Colegio Electoral, en el que pesan los estados con más electores, como California (55 de 538), que por huso horario cierra las urnas al final del día y puede volcar la elección, como ocurrió con John F. Kennedy en 1960 sobre Richard Nixon (49,7 a 49,6%, pero 303 a 219 en electores).

De ese juego depende la segunda gran duda del martes: si el Partido Republicano retendrá el control del Senado (54-44) y de Representantes (247-186), como desde 2010. La Administración Obama sufrió terriblemente esa renguera política. Al Partido Demócrata le cuesta menos ganar la Presidencia que el Capitolio: sus votantes valoran más los cargos ejecutivos. El Senado se renueva parcialmente (34 de 100 bancas) pero los Representantes sus 435 y si quieren la mayoría los demócratas tienen que retener las actuales y sumar nada menos que 30.

Baja participación

La presidencia se gana con 270 electores (en 2012 Barack Obama obtuvo 332).

Las mismas encuestas que igualan casi en voto popular a Hillary y Trump exhiben una mayoría ajustada pero determinante de 20 ó 30 electores en favor de la demócrata.

En 2000, tras días de recuento de los votos del estado de Florida, resultó presidente George W. Bush, con sólo un elector demás (271), aunque Al Gore obtuvo 1% más de votos populares.

Esta vez, los demócratas tienen un problema parecido: les “sobran votos” en distritos azules que ya tienen asegurados pero les falta en algunos “swing states” claves. En el Senado, millones de votos urbanos demócratas valen igual que los pocos rurales republicanos: dos bancas por estado.

Para empezar, no deciden todos los ciudadanos habilitados para votar, sino los que se registren.

Esa participación decayó hasta tocar el 41,9% (92,3 millones) en 2014. Por eso Hillary como Trump centraron sus últimos esfuerzos en convocar a las urnas. En 2012 votaron 121 millones.

La reactivación del escándalo por el uso incorrecto de mails de parte de Hillary cuando fue secretaria de Estado puede dar un aire inesperado a Trump.

Sin embargo, más de un tercio de los votantes ya habrá sufragado por correo antes del martes (en algunos estados, la mayoría ya votó). A su vez, muchos seguidores de Trump no solían votar y es impredecible si lo harán ahora.

Por fin, nunca Estados Unidos exhibió un electorado tan diverso, donde los blancos serán sólo 7 de cada 190 votantes.

Así, los latinos pueden jugar un papel inédito, pero concurren poco a votar (10% menos que el resto), lo cual licua su incidencia. En 2014, más de 18 millones de latinos habilitados prefirieron quedarse en casa. Esta vez, quizás el temor a Trump los haga reaccionar y definir en un final de resultado abierto.

Datos

Estados que definen

la contienda

Hay una decena de estados la disputa es muy ajustada o donde el voto puede definir el proceso a favor de uno u otro.

Aunque tienen muchos electores ni California (demócrata) ni Oklahoma (republicana) tienen atención.

En esta elección Florida, Pensilvania, Ohio, Carolina del Norte y Virginia son las batallas más importantes.

Florida distribuye 29 votos electorales, Pensilvania 20, Ohio 18, Carolina del Norte 15 y Virginia 13.

Para llegar al número mágico de 270, hasta el pequeño Iowa, con seis votos electorales, puede inclinar la balanza.

Datos

271
electores consiguió George W. Bush en la polémica contienda del 2000 y fue presidente con menos votos que Al Gore.
41,9%
fue la participación en el 2014 (92,3 millones de votantes) una de las más bajas de la historia. En 2012 votaron 121 millones.

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