El marxismo venezolano hizo crecer la pobreza

Por Redacción

GUSTAVO CHOPITEA (*)

Como cabía suponer, las cifras ahora confirman claramente lo que presumiblemente era inevitable. La perimida receta marxista, aplicada –caprichosamente y a los golpes– por el chavismo en Venezuela, ha hecho crecer la pobreza. Más aún, ha destrozado a la economía de ese país. Su dirigencia, enriquecida y ensoberbecida por el poder, ha engordado a costa de los demás. Hasta los groseramente crecidos físicos de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello son testimonio inocultable de ello. Hugo Chávez, recordemos, se apoderó de Venezuela en 1999. Su consigna era “erradicar” la pobreza, que en aquel entonces afectaba al 45% de los venezolanos, algo claramente inaceptable en el país cuyas reservas de hidrocarburos son las más ricas y generosas del mundo. Hoy, dieciséis años después, la pobreza se extiende al 48,4% de los venezolanos. Ha crecido. Los números exteriorizan el fracaso. O, mejor dicho, la enorme estafa política consumada contra el pueblo de Venezuela, al que además se privó de sus derechos humanos y de sus libertades civiles y políticas esenciales. Todo esto conforma el marco de la actual tragedia venezolana que algunos no quieren ni mirar, temerosos de las consecuencias de los endosos en blanco extendidos al chavismo a lo largo de esos lamentables dieciséis años en contraprestación por su “asistencia” financiera o en el abastecimiento de hidrocarburos. El aumento de la pobreza es consecuencia de la inflación, de la equivocada apuesta por la suba permanente de los precios internacionales de los hidrocarburos y, sobre todo, de la evidente falta de idoneidad del chavismo para administrar un país rico al que ha sumergido en la pobreza. Estafado por las llamadas “misiones” sociales (una forma de populismo que se financió con apenas el 5% del presupuesto de gastos venezolanos pero que se usó como argumento publicitario para endiosar a Hugo Chávez), el pueblo venezolano vive, en realidad, en la escasez y las privaciones. Paciente, sin embargo, aguarda las elecciones intermedias de este año, donde se espera una derrota catastrófica del chavismo, que ya está intentando manipular anticipadamente los resultados de esos comicios redistribuyendo los distritos electorales, asignando más diputados a aquellos en los que supone que le irá mejor y recortando los diputados que corresponden a los distritos en los que, sabe, la oposición es cada vez más fuerte. Mientras tanto, ha encarcelado ilegalmente a algunos de los dirigentes opositores. Y los mantiene detenidos, en condiciones de humillación y sufrimientos. La región, que ha sido groseramente complaciente con el chavismo, debiera estar alerta para evitar que en los comicios que se acercan se consume una nueva estafa en perjuicio del castigado pueblo de Venezuela. Para ello, los organismos regionales, hasta ahora dormidos cuando del pueblo venezolano se trata, deberían despertar y animarse de una vez a llamar las cosas por su nombre y decir la verdad sobre lo que sucede en Venezuela, saliendo del cepo en que el país y sus aliados todavía los mantienen. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional