El meridiano de la UCR
La elección radical se ha convertido en un articulador: según quién gane serán las alianzas que hará la oposición.
HÉCTOR MAURIÑO vasco@rionegro.com.ar
La interna radical que se terminará de dilucidar hoy se ha convertido en un meridiano de la política neuquina. Tal vez nunca antes la UCR local había estado tan presente en las especulaciones políticas y los motivos se explican fácilmente: por una suma de factores el partido se ha convertido en un gran articulador y, según quién gane, serán las alianzas que podrá desplegar la oposición. También, y por los mismos motivos, esta elección del radicalismo ha detenido por un instante el aliento del oficialismo. A pesar de que Sobisch, Sapag y Brillo, cada uno a su turno, lo negaron públicamente, para ninguno de los tres será lo mismo que gane uno u otro candidato radical. Es un lugar común por estos días señalar que, de ganar Farizano, el radicalismo tendría mejores posibilidades de aglutinar a un amplio arco opositor que va del peronismo kirchnerista a Une, pasando por los socialistas, el Frente Grande y Libres del Sur. De hecho, el intendente encabeza una coalición de esas fuerzas que, a casi tres años de ejercer el gobierno, se mantienen cohesionadas pese a todos los cortocircuitos. Así, un resultado favorable a Farizano influiría de manera negativa para la eventual reelección de Sapag, en la medida que éste debería enfrentar un escenario prácticamente de dos grandes fuerzas: su partido por un lado y la mayor parte de la oposición por el otro. Lo contrario, un desenlace que dejara la centroizquierda por un lado y el quiroguismo y sus aliados por el otro –lo que se conoce como “dividir por tres”– lo favorecería netamente. No por nada en los últimos días arreciaron las versiones que daban cuenta del presunto apoyo del gobierno provincial a la candidatura de Quiroga. Un eventual triunfo de Quiroga, en cambio, aunque no fuera capaz de aglutinar un arco tan diverso, potenciaría de hecho la construcción de una alternativa de centroderecha por fuera del MPN. Un agrupamiento capaz de competir con las eventuales candidaturas de Sobisch o Brillo. Además, si bien “Pechi” ya no lograría convencer a ningún dirigente de centroizquierda de marchar juntos, no está escrito que no le pueda ‘robar’ unos cuantos votos de ese arco político ideológico. Si, por añadidura, Sobisch llevara las de perder adentro de su propio partido, dueño como es el ex gobernador de una porción importante del aparato, se potenciaría el fantasma siempre presente de un traspaso de votos emepenistas al quiroguismo. Lo que repercutiría, claro, de manera negativa para un Sapag que lucha por la reelección. El escenario nacional, en tanto, tuvo influencia sobre la interna radical y la tendrá en el futuro juego de las alianzas neuquinas. El triunfo de Ricardo Alfonsín en medio de esta pulseada neuquina ha venido a traer, por ahora, aliento al sector de Farizano, que más cercano al gobierno nacional, y por lo tanto más alejado de una eventual candidatura de Cobos, levantó su figura en medio de la campaña. Pero no está escrito que finalmente la balanza no se vaya a inclinar por el actual vicepresidente de la Nación, insuflando las aspiraciones de Quiroga, que se identifica con el mendocino desde la primera hora. Desde luego, todo lo esbozado hasta aquí no son más que meras conjeturas, que se verán confirmadas o no en pocas horas. Pero lo que nadie podría negar es la influencia decisiva que estas internas radicales tendrán en el escenario político local. El retorno de Sobisch a escena como candidato a presidente del MPN sacudió a su partido, a la oposición y a los gremios estatales. “Sobisch se puede equivocar, pero siempre toma decisiones. En cambio Sapag parece sumido en la indefinición”, reflexionó uno de los principales referentes opositores. Es cierto que el ex gobernador es un hombre que juega fuerte, tanto que es poco probable que se excluya del escenario político por voluntad propia. Antes bien, lo más probable es que siga jugando a todo o nada mientras viva. Sobisch conserva una cuota de representatividad importante dentro del MPN porque construyó poder desde el aparato del Estado durante muchos años, pero a pesar de lo que presume está fuertemente desprestigiado frente al conjunto de la sociedad, con la que difícilmente podría recomponer cualquier romance. Sapag, en cambio, no cuenta con una poderosa corriente interna que lo respalde, entre otras cosas porque no se dedicó a construirla. Ese afán no parece estar en su naturaleza política. El gobernador, empero, detenta el aparato del Estado y conserva una mejor imagen frente a la gente, a pesar de las dificultades evidentes que atraviesa su gobierno y que Sobisch deliberadamente magnifica. Si Sobisch es visceral y compulsivo, Sapag es frío y calculador. La apuesta de este último parece haber sido sumar a Sobisch en un acuerdo que incluyera repartirse el partido a cambio de asegurar su propia reelección. “Vos ya jugaste y ahora me toca a mí”, parece que hubiera sido su argumento. Pero la apuesta de Sobisch ha sido utilizar su poder interno dentro del MPN para condicionar y desgastar a su antiguo socio. Lo ha podido intentar, precisamente porque Sapag, debido a su racionalismo especulativo reacio a la confrontación, se lo ha permitido. Ahora, las cosas están más complicadas para el gobernador, porque o se saltea la interna por el partido y va derecho a la de gobernador –lo que no es fácil porque adónde se ha visto un general que deje a la tropa en libertad de acción– o arma a último momento una lista propia cuya suerte es un enigma porque no aparece una figura de peso que la pueda encabezar. También le queda, en fin, la posibilidad de asumir personalmente el reto que le plantea su adversario, con todo lo que eso implica: si gana, la puja quedará saldada hasta la próxima interna. Si es derrotado, quedará gobernando a merced de un partido que le marcará la agenda.