El miedo detrás del miedo

El filme analiza los lugares comunes del género.

Por Redacción

“La cabaña del terror”, que se estrena mañana en el Centro Cultural Cotesma de San Martín de los Andes, es un producto de cine entretenimiento que se destaca por su intención de reflexionar en tono paródico sobre los clisés y lugares comunes del cine de terror, además de denunciar el morbo y sensacionalismo de los reality shows televisivos y sus espectadores. Se trata de una película sobre títeres y titiriteros, sobre diferentes niveles de manipulación y control social, que en un nivel político más amplio deja en evidencia el poder que algunas corporaciones y multinacionales poseen sobre las personas, especialmente a través de la televisión y de algunos programas que los usan como conejillos de India para todo tipo de experimentos. Este filme escrito por los estadounidenses Joss Whedon y Drew Goddard (quien también asumió su dirección) pone justamente a sus protagonistas –un grupo de cinco jóvenes universitarios– en una situación parecida al Gran Hermano, pero con rasgos extraordinarios y demenciales, ya que el juego tiene como único objetivo ofrecerlos como ofrendas en un sacrificio ritual. Ya desde el comienzo la película se plantea como una reflexión metalingüística acerca del género, con un relato, un estilo y un tono típicos de las películas de terror pensadas para adolescentes, en las que –como acá– abundan las excursiones hacia cabañas perdidas en bosques y zonas inhóspitas del Estados Unidos profundo, primitivo y lleno de amenazas e imprevistos. Casi un calco del clásico de Sam Raimi “Noche alucinante” (“Evil dead”), con su mismo humor negro, pinceladas de erotismo, terror sobrenatural, muertos vivos y asesinatos sangrientos, “Cabin in the Woods” –tal su título original en inglés– transcurre en una vieja casa abandonada en un bosque, pero ensaya una inesperada vuelta de tuerca, al introducir hábilmente ciertos elementos de narración sorprendentes. Acostumbrados a la necesidad de proponer sorpresas para mantener la audiencia de las series de televisión en las que colaboraron (como “Buffy, la caza vampiros”, “Angel” y “Lost”), Whedon y Goddard colocan a estos jóvenes a merced de una organización mundial secreta que los controla y manipula desde las sombras, con el objetivo de ofrecerlos en sacrificio a los dioses de las profundidades. Estas criaturas primigenias, deidades monstruosas que dominan el planeta desde mucho tiempo antes del inicio de la humanidad, demandan a sus súbditos –a los que proveen de una tecnología y un poder inusuales– una serie de tributos para permanecer tranquilos y ocultos en las profundidades, con la amenaza de salir a la superficie y convertir el mundo en un caos de muerte y destrucción. “Es el tipo de filme durante el cual los espectadores comen angustiosamente pochoclo y agarran fuerte la mano de su acompañante mientras ven a los protagonistas experimentar cosas terribles. Pero también es nuestra versión de este tipo de películas, lo cual significa que es mucho más alocada que lo que se puedan imaginar”, afirmó Goddard. Al igual que lo hizo Wes Craven en su exitosa serie “Scream”, la intención de los autores es entretener y reflexionar satíricamente sobre los elementos típicos del género de terror, poniendo al descubierto los lugares comunes de muchos filmes, su propensión al sensacionalismo, su superficialidad y tendencia a palear su falta de imaginación con escenas cada vez más brutales y sangrientas. “Me encanta el cine de terror, pero las tramas son cada vez más predecibles y las muertes cada vez más repugnantes. Los personajes son cada vez más inocuos y prescindibles. Y se invierte más interés en los instrumentos de tortura y menos en los personajes y el diálogo. El sistema se ha abaratado”, explicó Whedon acerca de los motivos que lo llevaron a producir este filme. En ese sentido, la película introduce una veta narrativa que, si bien no es original, sí es poco habitual en el cine contemporáneo: la de un pensamiento autocrítico sobre sus propias piezas constitutivas, subrayando sus puntos débiles y clisés, y proponiendo otras formas de expandir el género hacia nuevas dimensiones. (Télam)

Aquí hay humor negro, terror sobrenatural, muertos vivos y asesinatos sangrientos, pero con una vuelta de tuerca.


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