El mundo interior de Serrat mostrará su arte por última vez

El cantautor de 77 años ha decidido poner fin a su carrera y lo hará con una gira mundial que comenzará el año que viene. Si bien todavía no hay fechas, el tour de despedida pasará por Argentina.





Cantor, embustero con alma de marinero y cadencia del Mediterráneo, a quien ciertos nombres le saben a hierba. Sin tragedias ni comedias, Joan Manuel Serrat ha decidido sacarse las botas y abandonar el tablao. Y tiene sus motivos para hacerlo.

La inactividad forzada por la pandemia se ha deglutido en ocasiones la energía de las personas, incluido este catalán que el 27 de diciembre cumplirá 78 años y cuya última salida en solitario a los escenarios fue en el 2017 para repasar “Mediterráneo”, a casi cinco décadas de su lanzamiento.
“Maestro, ¿por qué no esperó tres años más para hacerlo en las bodas de oro del álbum?”. “¿Para qué esperar? Quién sabe si de aquí a 3 años tendré aire para soplar las velas…”

La ironía y la acidez, y la capacidad de pintar personajes entrañables, perdedores sin miedo a perder, bohemios, sabios y de los otros. Serrat y su mundo interior mostrarán su arte por última vez el próximo año, en una gira mundial a la que aún no se le conocen fechas, salvo la del debut y de despedida, pero que sí pasará por Latinoamérica, incluida la Argentina.
La gira se iniciará el 27 de abril en el Beacon Theatre de Nueva York y culminará el 23 de diciembre en el Palau Sant Jordi de Barcelona.

Por los 50 años del lanzamiento de “Mediterráneo”, uno de los álbumes emblema del trovador catalán Joan Manuel Serrat con gemas de la canción iberoamericana, se lanzará una reedición en vinilo.

“Lo que he decidido es despedirme en persona. No me gustó sentirme despedido por una plaga. Por eso me planteé ir al lugar más natural para hacerlo, con el público enfrente, lleno de gratitud y alegría”, dijo el artista al diario El País, al ser consultado sobre los motivos de su decisión.


Serrat se subió por última vez a un escenario en febrero del 2020 cuando compartía una gira junto a Joaquín Sabina, quien tuvo un accidente durante una presentación, hubo fechas que se tuvieron que postergar y luego la pandemia hizo lo suyo.

“Me despediré, y ya no volveré a tocar. Volveré a los sitios, saludaré, comeré, pero ya no volveré a los escenarios. Tocaré y compondré en casa, es posible que grabe un disco. Pero no volveré a los escenarios. Hay que hacerlo en algún momento. En el confinamiento me fijé en los árboles, en los pájaros. Y sobre todo leí mucho. Lo estaba dejando. Y me despediré no a la francesa, sino como corresponde”. Toda una declaración de principios de un personaje de una honestidad artística plena, siempre comprometido, genuino y valiente.


Serrat, que viene de superar un cáncer de un cáncer de pulmón y vejiga y también un infarto, tuvo siempre una ligazón muy estrecha con el público argentino desde aquella primera visita en 1969 y su memorable presentación en el programa ómnibus Sábados de la bondad, que se emitía por Canal 9.

Incluso llegó a exiliarse en el país durante la dictadura de Franco, donde se le prohibía cantar en catalán. Combinar en su canto la lengua española con el catalán, lo dejó fuera del festival Eurovisión un año antes de su primera visita a la Argentina.

Claro que después se invirtieron los roles y cuando la dictadura atravesó con su horror la década del ‘70, Serrat recién reapareció en 1983. Su disco En Tránsito, editado dos años antes, fue un álbum insustituible en aquellos días de recuperación de la democracia, como también “El sur también existe”, con poemas de Mario Benedetti.

“Quiero hacer un espectáculo durante el cual no se le caiga a la gente la sonrisa de los labios…”. Serrat no se despega de su genio y hasta para describir cómo será su última gira pone su sello en cada frase.
Visca l’amor, visca Joan!


El día que Serrat se presentó por primera vez en la televisión argentina


– Alejandro, necesito que saques a Juan al aire.
– ¿Vos estás loco? ¡Mirá lo que es la pinta de este tipo…!
– No, pero mirá…
– ¿Vos viste la pinta de zaparrastroso que tiene? Yo no lo puedo sacar al aire así, perdoname, Alfredo…
– Alejandro, por favor, me tenés que hacer caso
– No, por favor, ¡yo no puedo meter a alguien así en el estudio del canal!
– Alejandro, por favor, yo necesito que este tipo cante al aire… y no te vas a olvidar nunca de este día: Juan se va a transformar en el Número Uno.
– Me metés en cada una vos… Bueno, no sé, está bien, una canción y basta, ¿eh?
Dale, perfecto. Vos dejalo una canción y nada más.

Las negociaciones eran tensas.
El director general de Canal 9, Alejandro Romay, viejo conocedor de los trucos que pergeñaban los representantes del espectáculo local, aceptó —pese a todo— el pedido de Alfredo Capalbo, un empresario que, en pleno ascenso, bregaba por sus cantantes en el estudio de televisión de los programas ómnibus de los sábados por la tarde.
No le costó tanto.
El joven de pelo largo, patillas gruesas y un par de lunares en la mejilla cantó un tema y el público lo miró de reojo. En la segunda canción, el seseo de su entonación llamó la atención de golpe: lo aplaudieron fuerte. Sobre el tercer tema, la pequeña platea estalló en júbilo.

(*) Fragmento del libro Serrat en la Argentina, 50 años de amor y aventuras, de la periodista y escritora Tamara Smerling


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