El negocio del tráfico

Redacción

Por Redacción

El tráfico es la clave de la web. La red sólo tiene sentido si logra que millones de usuarios por segundo metan las narices en un tema específico. Facebook. Twitter. Youtube. Todos ellos necesitan usuarios interesados en algo. Lo que sea. Aquí lo que importa es el tráfico en danza. La dinámica del clickeo, del “me gusta”, el comentario de cualquier calibre, pero el comentario. Aunque haya contenido docto y especializado, la red es el paraíso del “récord de visitas”. Es allí donde se centran los ojos del negocio. Por eso, los videos prohibidos, los comerciales con estrellas recién salidos del horno, las canciones bajadas del último álbum de Coldplay, o la payasada increíble de un canguro australiano, son tan pero tan bienvenidas. Le abren sus brazos los servidores del planeta entero. Un pibe anónimo logra levantar los hits de su blog porque acaba de subir el link al video de Florencia Peña. Lo mismo consigue el sitio que permite bajar el mismo video al disco rígido. La página que contiene un link de un link. Todos se ven beneficiados porque los robots de la red buscan el aroma de la sangre. El punto donde, como en un Aleph, convergen todos los puntos. Que son personas, gentes en muchos idiomas, sentadas en sus casas, un poco menos aburridas que hace un minuto atrás.


El tráfico es la clave de la web. La red sólo tiene sentido si logra que millones de usuarios por segundo metan las narices en un tema específico. Facebook. Twitter. Youtube. Todos ellos necesitan usuarios interesados en algo. Lo que sea. Aquí lo que importa es el tráfico en danza. La dinámica del clickeo, del “me gusta”, el comentario de cualquier calibre, pero el comentario. Aunque haya contenido docto y especializado, la red es el paraíso del “récord de visitas”. Es allí donde se centran los ojos del negocio. Por eso, los videos prohibidos, los comerciales con estrellas recién salidos del horno, las canciones bajadas del último álbum de Coldplay, o la payasada increíble de un canguro australiano, son tan pero tan bienvenidas. Le abren sus brazos los servidores del planeta entero. Un pibe anónimo logra levantar los hits de su blog porque acaba de subir el link al video de Florencia Peña. Lo mismo consigue el sitio que permite bajar el mismo video al disco rígido. La página que contiene un link de un link. Todos se ven beneficiados porque los robots de la red buscan el aroma de la sangre. El punto donde, como en un Aleph, convergen todos los puntos. Que son personas, gentes en muchos idiomas, sentadas en sus casas, un poco menos aburridas que hace un minuto atrás.

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