“El nuevo paradigma y las fiestas populares”



El gobierno nacional ha decidido poner proa hacia un modelo económico de corte netamente extractivista profundizando –como sostiene Maristella Svampa– la “dinámica de la desposesión”, o sea, el despojo y la concentración de tierras, recursos y territorios a través de alianzas entre las grandes corporaciones y los gobiernos. Después de reestatizar parcialmente YPF y redefinirla en términos comerciales como sociedad anónima y no como sociedad del Estado, el kirchnerismo dejó de lado principios básicos de tanta soberanía declamada y arregló con una “corpo” emblemática, prófuga de la Justicia de otros pagos, para entregarle hasta el 2048 (secretamente, por decreto y sin discusión parlamentaria previa) una buena tajada del negocio de los hidrocarburos no convencionales, pomposamente presentado en sociedad como “nuevo paradigma estratégico”. El gobierno rionegrino, por su parte, obviamente alineado con el nacional tanto por aplicación de la obediencia debida como por discapacidades que le son propias, promueve la versión local de ese mismo modelo abriendo de par en par las tranqueras de las chacras del Alto Valle al paso desbocado del malón Apache, para que éste la emprenda con el fracking y todo lo que ello implica. Tanto la Nación como las provincias, en su camino hacia el neoextractivismo depredatorio, se manejan con idéntica prepotencia: sin consulta previa a la ciudadanía, “ninguneando” las protestas sociales (cuando no reprimiéndolas con violencia, como en Neuquén), sin controles ambientales técnicamente aptos y por ende poco confiables (recordar accidentes ocurridos recientemente en Neuquén) y buscando justificar el nuevo rumbo a través de un discurso hipócrita que nos promete bienestar, crecimiento, mayor consumo y felicidad eterna merced a los dólares que supuestamente dejarán caer de sus bolsillos las petroleras, aunque muchos de los que hoy se expresan en tales términos sean los mismos que en los 90 auguraban exactamente lo mismo defendiendo a capa y espada la privatización de YPF. Días atrás un productor allense reveló que –cansado ya de andar y harto de esperar alguna solución para el sector– había vendido su chacra a una persona que terminó asumiéndose como testaferro de la petrolera Apache. Así se manejan: entre el anonimato impune y la prepotencia siempre tentadora del dinero que, al parecer, todo lo puede. ¿El objetivo? Perforaciones de aproximadamente 2.500 metros que se devoran toneladas de agua, arena y químicos, provocando la fractura de la pizarra que de tal manera libera el gas contenido en su interior desde hace miles de años. Dinámica agresiva que avanzará sobre nuestro territorio llevándose puesta una antigua economía regional indiscutiblemente maltratada por los últimos gobiernos provinciales y encareciéndola hasta límites que hoy por hoy resultan difíciles de mensurar. Fracking mediante, casi sin darnos cuenta nos iremos quedando sin territorio, sin chacras, sin escuelas rurales, sin caminos, sin agua limpia, sin la sombra amiga de las alamedas, sin los largos silencios de la siesta, obligándonos a reinventar una nueva cultura, un modo de vida diferente. El rumbo así marcado necesariamente tendrá la impronta nómade y efímera del submundo petrolero y muchos de aquellos que hoy alucinan con montar sobre la tierra perforada un mejor escenario para nuestra gente deberán sentarse en el incómodo banquillo de los acusados para –desde allí– explicarles a sus hijos y a sus nietos por qué razón a partir del mes tal del año cual el corazón productivo del Alto Valle dejó de latir y que ése fue el motivo por el que ya no se festejaron más aquellas viejas y queridas fiestas populares. Mario Álvarez Roca

Mario Álvarez Roca


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