El pacto más ridículo

Por Redacción

El acuerdo con Irán, que el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner impulsó con el propósito de hacer pensar que estaba avanzando en la causa de la AMIA, no sólo puede considerarse inconstitucional, como acaba de declarar la Cámara Federal porteña, porque viola de manera flagrante el principio de la división de poderes; también es insensato, ya que nunca existió la menor posibilidad de que los teócratas iraníes manifestaran interés alguno en identificar a los responsables del atentado que, hace casi veinte años, provocó 85 muertos y muchos heridos. Se trata, como señaló el juez Eduardo Farah al aludir al célebre memorándum con el que el canciller Héctor Timerman cambió radicalmente la política exterior nacional, acercándola a la venezolana y alejándola de golpe de la acordada por todos los países occidentales significantes, de un “sustituto de la averiguación de la verdad”, de un intento de brindar la impresión de que la Justicia argentina contaría con el pleno apoyo de su equivalente de la República Islámica de Irán en sus esfuerzos por identificar a los autores intelectuales y materiales del atentado terrorista más mortífero de la historia de nuestro país. Puesto que entre los acusados se encuentran miembros poderosos del régimen revolucionario que desde 1979 se dedica a exportar terrorismo, afirmándose resuelto a borrar de la faz de la Tierra al “ente sionista”, o sea, Israel, era sumamente ingenuo suponer que sus líderes actuarían de buena fe al verse ante una oportunidad para poner fin al conflicto molesto, si bien a su entender nada peligroso, con la Argentina, un país que no está en condiciones de hacer mucho más que reclamar la ayuda de instituciones internacionales como la Interpol y la ONU. Parecería que, para el entonces presidente Mahmoud Ahmadinejad, el memorándum que firmaron en enero del año pasado en Etiopía Timerman y su homólogo iraní resultó ser un pequeño triunfo personal, pero los demás integrantes de la elite religiosa y política de Irán lo archivaron enseguida por entender que no les convendría en absoluto permitir que juristas argentinos interrogaran a individuos como el ministro de Defensa Ahmad Vahidi, el expresidente Alí Akbar Rafsanjani y otros prohombres de la revolución islámica. El reemplazo de Ahmadinejad por el “moderado” Hassan Rohani, un personaje más presentable que su antecesor pero igualmente duro –en lo que va de su gestión se ha llevado a cabo por lo menos medio centenar de ejecuciones, muchas en público, de opositores, incluyendo la de un poeta acusado de cometer el crimen capital de ser “enemigo de Dios”–, no ha cambiado nada. Por el contrario, envalentonados por la debilidad evidente de Estados Unidos y la Unión Europa, Rohani y otros voceros del régimen no han vacilado en amenazar con iniciar una guerra contra las potencias occidentales. Así las cosas, es claramente absurdo pedirles entregarse a la Justicia argentina. Además de motivar la indignación de los deudos de las víctimas del atentado contra la sede de la AMIA y de los líderes de la comunidad judía, el insólito pacto del gobierno kirchnerista con la belicosa teocracia iraní contribuyó a desprestigiar aún más al país a ojos de los dirigentes norteamericanos que están preocupados por los lazos de Venezuela con diversos grupos de revolucionarios islámicos, de los europeos y, por supuesto, de los israelíes, que temen que, gracias a las vacilaciones constantes de sus presuntos aliados, Irán pronto se dote de un arsenal nuclear. Sin embargo, parecería que el acercamiento a Irán no se debió a la hipotética voluntad de Cristina y Timerman de solidarizarse con los enemigos declarados del imperialismo norteamericano, sino al deseo de anotarse una imprevista victoria diplomática poniendo fin al conflicto con Irán por el atentado contra la AMIA al constituir una “comisión de la verdad” bilateral. En otras palabras, se habrá tratado de una nueva manifestación del amateurismo realmente extraordinario que ha sido una de las características más llamativas de un gobierno que, fascinado por su propio “relato” estudiantil, ha cometido una cantidad fenomenal de errores, de los que el acuerdo con Irán dista de ser el más grave, que sus sucesores tendrán que intentar remediar.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Lunes 19 de mayo de 2014


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