El póquer de las potencias
El avance del mundo hacia un sistema multipolar no ha borrado la incertidumbre que dejó el fin de la Guerra Fría. El predominio global de Estados Unidos está siendo retado por el imparable ascenso de China, que dispara preocupaciones en sus vecinos asiáticos. Rusia intenta no perder el paso, pero tiene lastres que frenan sus deseos de grandeza. Europa, inmersa en la crisis, sigue perdiendo peso.
Miran el futuro de sus poderes bajo una creciente incertidumbre. Sin el marco que dio durante medio siglo XX la Guerra Fría –cuando construir y reproducir poder sólo requería decisión y manejar prudentemente el desfiladero de riesgos que lo signaban–, el hoy es sólo conjetura sobre los días por venir para países y bloques que han definido durante las últimas décadas el destino del planeta.
Nada nuevo se dice al señalar que Estados Unidos tiene bajo reto su predominio mundial. El renovado liderazgo de Barack Obama podría confirmar la tendencia insinuada en su primer mandato de terminar con las intervenciones militares directas y concentrarse en asuntos comerciales y económicos, en medio de la fuerte crisis que sufre la economía global. A nivel geopolítico, el presidente demócrata comenzó un lento viraje desde el unilateralismo de George Bush hacia una acción global más concertada, especialmente con su tradicional socio europeo pero también con sus rivales China y Rusia, en lo que se ha llamado la “conducción desde el asiento de atrás”. Sin embargo, esa política enfrenta fuertes críticas internas desde diversos sectores, que aseguran que sólo acelerará la pérdida de influencia casi sin oposición que supo tener ese país en el mundo tras el fin del bloque soviético a fines de los 80.
Tampoco es novedad que a la “vieja y cansada Europa” parece escurrírsele el poder que forjó trabajosamente durante más de 30 años para llegar a integrarse. Debilitada por una interminable crisis económica y el creciente reclamo social, su poder de influencia se debilita y le cuesta encontrar una voz común, algo que intenta disimular el férreo liderazgo de la canciller alemana Angela Merkel.
Rusia, por su parte, con 7.000 kilómetros de frontera con China, mira cómo ésta se despliega sobre el Pacífico. Entonces busca no quedarse muy atrás de su vecino, pero ya va a la zaga.
Y China, claro, muestra músculos fuertes pero no ignora lo que implica en materia de protagonismo el gravitar cada vez con más poder en el mundo. Su mayor peso regional ya le ha granjeado conflictos territoriales con Japón, Taiwán, Corea del Sur y hasta Filipinas por el control marítimo regional. Y comerciales con Estados Unidos y Europa.
“Debates” ofrece un panorama de la agencia alemana DPA sobre estos temas.
REDACCIóN CENTRAL