“El proyecto del diputado resulta ser una ‘melange’”
La Cámara de Diputados de la Nación dio media sanción a un proyecto de ley instituyendo el 7 de octubre de cada año como el Día Nacional de los Valores Villeros, coincidiendo con el aniversario del nacimiento del sacerdote Carlos Mugica Echagüe, solicitando al Ministerio de Educación incorporar esa fecha al calendario escolar tendiente a difundir entre los alumnos el significado de la conmemoración. El proyecto, cuya autoría corresponde al diputado del Frente para la Victoria Andrés Larroque –uno de los jefes de La Cámpora–, resulta ser una “melange”, no surgiendo claro si lo que se pretende es un homenaje al mencionado cura o una promoción de la villa como hábitat de calidad, utilizando desproporcionadas comparaciones entre una situación individual, la del cura, que puede dejar ese lugar cuando se lo proponga, con la que padecen cientos de miles de personas forzadas por circunstancias económico-sociales de las que, en la mayoría de los casos, no son responsables. En sus fundamentos el proyecto destaca que el cura Mugica Echagüe –que provenía de una familia de altos recursos– decidió vivir en la villa de Retiro en solidaridad con sus habitantes, resultando con ello enfrentado por sectores poderosos que cuestionaban su actitud, por lo que termina asesinado el 11/3/74, eludiendo mencionar la responsabilidad en su muerte de la organización criminal paraestatal Triple A, que actuaba bajo las órdenes del ministro de Bienestar Social José López Rega, del gobierno del presidente Perón (un dato muy común entre los peronistas que procuran no recordar esta parte de su historia). Pero lo cierto es que, más allá de cualquier valoración, la actitud del sacerdote es el resultado de una decisión propia impulsada por su convicciones políticas u obedeciendo órdenes de sus autoridades religiosas. Nada tiene que ver esa acción con la situación de la mayoría de los pobladores de esos asentamientos adonde se han visto obligados a ir a vivir, impedidos de acceder a la casa propia o al pago del alquiler de una vivienda confortable en un lugar donde no se sufran las carencias y las inseguridades propias de las villas. Porque cuando se habla de villas la cuestión trasciende ampliamente la precariedad habitacional. Su realidad abarca la falta de inclusión y la marginalidad en que viven sus habitantes; la carencia de servicios esenciales y elementales como agua corriente, luz eléctrica, cloacas, etc., además de la falta de posibilidades de acceder a un buen empleo y a una buena educación, salud y seguridad; es decir: una calidad de vida muy por debajo del promedio social deseable para cualquier comunidad. En el proyecto se ponderan demagógicamente valores existentes en las villas, “humildad, solidaridad, optimismo, generosidad, esperanza y valor por lo colectivo” como si fueran exclusivos de sus habitantes, en una suerte de convivencia armónica, tal vez pretendiendo con ello hacer aparecer a la villa como un lugar placentero, al que sus habitantes han accedido por decisión propia y siendo felices por vivir allí, olvidando que la gran mayoría de ellos han terminado en ese lugar empujados y como consecuencia de un factor determinante: la pobreza. Por esa razón el periodista Bernardo Verbitsky las llamó “villas miseria”, definición tan precisa que torna innecesario cualquier otro aditamento, en una caracterización que se mantiene vigente después de medio siglo. Desde ya que el proyecto del diputado Larroque –votado por 122 diputados, entre ellos todos los de Neuquén y Río Negro– no menciona para nada las responsabilidades de las dirigencias políticas sobre estas cuestiones ni tampoco analiza o propone medidas para terminar con tanta injusticia. Eso es otro tema y está fuera de agenda. Lo importante es mostrar lo preocupados que están los diputados con la situación de esas miles de personas que habitan en las villas, al extremo que se ocuparon por fijarles un día en el almanaque. Después del meritorio esfuerzo de Diputados, es de esperar que el Senado no demore su tratamiento y apruebe rápidamente esta ley tan necesaria, que a no dudar les va a cambiar radicalmente las condiciones de vida a los miles de habitantes de las villas desde Jujuy a Tierra del Fuego. Los villeros de parabienes. Enhorabuena. Carlos Segovia, LE 7.304.065 – Cipolletti
Carlos Segovia, LE 7.304.065 – Cipolletti
La Cámara de Diputados de la Nación dio media sanción a un proyecto de ley instituyendo el 7 de octubre de cada año como el Día Nacional de los Valores Villeros, coincidiendo con el aniversario del nacimiento del sacerdote Carlos Mugica Echagüe, solicitando al Ministerio de Educación incorporar esa fecha al calendario escolar tendiente a difundir entre los alumnos el significado de la conmemoración. El proyecto, cuya autoría corresponde al diputado del Frente para la Victoria Andrés Larroque –uno de los jefes de La Cámpora–, resulta ser una “melange”, no surgiendo claro si lo que se pretende es un homenaje al mencionado cura o una promoción de la villa como hábitat de calidad, utilizando desproporcionadas comparaciones entre una situación individual, la del cura, que puede dejar ese lugar cuando se lo proponga, con la que padecen cientos de miles de personas forzadas por circunstancias económico-sociales de las que, en la mayoría de los casos, no son responsables. En sus fundamentos el proyecto destaca que el cura Mugica Echagüe –que provenía de una familia de altos recursos– decidió vivir en la villa de Retiro en solidaridad con sus habitantes, resultando con ello enfrentado por sectores poderosos que cuestionaban su actitud, por lo que termina asesinado el 11/3/74, eludiendo mencionar la responsabilidad en su muerte de la organización criminal paraestatal Triple A, que actuaba bajo las órdenes del ministro de Bienestar Social José López Rega, del gobierno del presidente Perón (un dato muy común entre los peronistas que procuran no recordar esta parte de su historia). Pero lo cierto es que, más allá de cualquier valoración, la actitud del sacerdote es el resultado de una decisión propia impulsada por su convicciones políticas u obedeciendo órdenes de sus autoridades religiosas. Nada tiene que ver esa acción con la situación de la mayoría de los pobladores de esos asentamientos adonde se han visto obligados a ir a vivir, impedidos de acceder a la casa propia o al pago del alquiler de una vivienda confortable en un lugar donde no se sufran las carencias y las inseguridades propias de las villas. Porque cuando se habla de villas la cuestión trasciende ampliamente la precariedad habitacional. Su realidad abarca la falta de inclusión y la marginalidad en que viven sus habitantes; la carencia de servicios esenciales y elementales como agua corriente, luz eléctrica, cloacas, etc., además de la falta de posibilidades de acceder a un buen empleo y a una buena educación, salud y seguridad; es decir: una calidad de vida muy por debajo del promedio social deseable para cualquier comunidad. En el proyecto se ponderan demagógicamente valores existentes en las villas, “humildad, solidaridad, optimismo, generosidad, esperanza y valor por lo colectivo” como si fueran exclusivos de sus habitantes, en una suerte de convivencia armónica, tal vez pretendiendo con ello hacer aparecer a la villa como un lugar placentero, al que sus habitantes han accedido por decisión propia y siendo felices por vivir allí, olvidando que la gran mayoría de ellos han terminado en ese lugar empujados y como consecuencia de un factor determinante: la pobreza. Por esa razón el periodista Bernardo Verbitsky las llamó “villas miseria”, definición tan precisa que torna innecesario cualquier otro aditamento, en una caracterización que se mantiene vigente después de medio siglo. Desde ya que el proyecto del diputado Larroque –votado por 122 diputados, entre ellos todos los de Neuquén y Río Negro– no menciona para nada las responsabilidades de las dirigencias políticas sobre estas cuestiones ni tampoco analiza o propone medidas para terminar con tanta injusticia. Eso es otro tema y está fuera de agenda. Lo importante es mostrar lo preocupados que están los diputados con la situación de esas miles de personas que habitan en las villas, al extremo que se ocuparon por fijarles un día en el almanaque. Después del meritorio esfuerzo de Diputados, es de esperar que el Senado no demore su tratamiento y apruebe rápidamente esta ley tan necesaria, que a no dudar les va a cambiar radicalmente las condiciones de vida a los miles de habitantes de las villas desde Jujuy a Tierra del Fuego. Los villeros de parabienes. Enhorabuena. Carlos Segovia, LE 7.304.065 - Cipolletti
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