El retrato de la fascinación
Nacido en un área pobre de Londres, David Jones vivió en un medio en el que la música fue una influencia positiva en su vida, al interesarse en pioneros del rock norteamericano tales como Chuck Berry, Fats Domino y Elvis Presley, y aprendió a tocar la guitarra y más adelante el saxo.
En 1967 se cambió el nombre a David Bowie para evitar ser confundido con el líder vocal de Monkees y grabó «The world of David Bowie», su primer álbum. Por entonces conoció a Angela Barnet, quien se convirtió en su esposa en 1970. Barnet convenció a un amigo de Mercury Records de que le diera a su novio una oportunidad de presentarle su música, y a raíz de eso David resurgió en 1969 con el simple «Space Oddity», al que poco tiempo después acompañó un álbum del mismo nombre.
Con peinados y vestimentas femeninas, cada vez se afianzaba más en la inexplorada comunión entre música e imagen. Eran los tiempos del «glam rock», una etapa que marcó para siempre su trayectoria. En 1971 editó «The man who sold the world» y «Hunky Dory», los primeros trabajos que muestran a un Bowie con identidad eléctrica y una astuta y premeditada ambigüedad sexual. Ese mismo año nació su hijo Zowie Duncan Heywood Bowie.
En 1972 salió «The rise and fall of Ziggy Stardust and The Spiders from Mars», álbum que lo convirtió en una leyenda. Se trataba de una grabación conceptual compleja sobre un andrógino mesías rockero proveniente del espacio que es destruido por el fanatismo que él mismo incita, que fuera considerada como una de las mejores de su carrera.
La puesta en escena, en la que colaboró Lindsay Kemp, mostraba un escenario construido a distintos niveles y con andamiajes que facilitaban los cambios de vestuario. Aparecían sobre las tablas los Spiders From Mars, los músicos y también un grupo de danza.