El sueño de Luther King, 50 años después

Por Redacción

EDUARDO TEMPONE (*)

Pasaron 50 años desde aquel 28 de agosto de 1963 en que 250.000 personas marcharon por el National Mall de Washington DC, capital de Estados Unidos, para decir “basta” a una sociedad racista e injusta. Ese día el cambio encontró un camino. El sábado 24 de agosto de 2013, miles de personas volvieron a recorrer las mismas calles para reafirmar aquella “Marcha por el trabajo y la libertad”. El congresista demócrata John Lewis, de Georgia, el único orador de la marcha de 1963 que continúa con vida, llamó a proseguir el combate contra toda forma de discriminación y describió con nostalgia su militancia por la justicia social emprendida en aquellos años violentos junto al reverendo Martin Luther King jr. Al final de aquel día, en las escalinatas del monumento al presidente Abraham Lincoln, quien cumplió un rol definitorio en la abolición de la esclavitud en el país, Martin Luther King jr. pronunció su emblemático discurso “Tengo un sueño” (“I have a dream”), un sueño que hoy resuena en la conciencia de cada estadounidense como la frase que disparó la esperanza de igualdad y justicia. Y quedó claro que no era suficiente sostener una lucha masiva por la libertad, a no ser que los participantes pudieran imaginar un futuro en el que los sacrificios merecieran la pena. King acusó una realidad diferente de la que marcaba la Constitución acerca de la igualdad. Y aquel encuentro en el Mall tenía como objetivo hacer realidad lo escrito en la carta magna: garantizar los derechos inalienables a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad para todos los ciudadanos, sin distinción. El pueblo afroamericano, sin embargo, había recibido sólo una promesa, un “cheque sin fondos”, como lo describió. La marcha del 63, promovida por A. Philip Randolph, un líder sindical fundador de la Hermandad de Maleteros de Coches Cama, y por Bayard Rustin, un activista social, tenía un fin: aguijonear al Congreso y al gobierno del presidente John F. Kennedy a actuar sobre los derechos civiles. Las manifestaciones lideradas por King en la primavera del 63 en la segregada ciudad de Birmingham, Alabama, anticipaban más reclamos y una lucha decidida. En tanto, el escepticismo de Kennedy se sumaba a su temor por un desmadre de violencia y caos que finalmente frenara el progreso hacia la ley de Derechos Civiles. El discurso de King fue uno entre otros nueve de ese día de agosto. Más allá de las reivindicaciones sobre los derechos civiles y políticos, los dirigentes demandaron empleo justo, vivienda decente, salarios dignos y educación integrada y adecuada, reclamos críticos para lograr la igualdad de oportunidades para los afroamericanos, castigados por la segregación y la violencia. Después de medio siglo, el “sueño” de King se convirtió en un ícono de los movimientos sociales que reclaman hoy por los derechos de las minorías y apuntan contra la discriminación. La fuerza de su discurso eclipsó algunos aspectos de la historia y el significado de lo que entonces se denominó la “Marcha de Washington por el empleo y la libertad”. Hoy el pueblo estadounidense conmemora estos 50 años con un balance acerca del tiempo transcurrido y del terreno ganado sobre los objetivos que movilizaron a aquellos manifestantes en el verano del 63. En este 2013 Estados Unidos puede ostentar la ley de Derechos Civiles (1964) y la ley del Derecho al Voto de 1965 como parte de este periplo iniciado por King. Una epopeya que no sólo trajo la igualdad de acceso de los afroamericanos a los lugares públicos, una ley contra la discriminación racial en el trabajo y los derechos de voto de los afroamericanos, sino que puso en la cima del poder desde el 2009 al primer presidente afroamericano de la historia del país, Barack Obama. La representación política de la población afroamericana también ha ganado terreno. En el Congreso hay 44 legisladores afroamericanos; esa cifra marca una diferencia contundente: en el Parlamento que sesionó entre 1957 y 1969 sólo había cuatro representantes afroamericanos, según el Servicio de Investigación del Congreso. Pero, a pesar de esos avances, el desafío más tenaz y persistente en relación con el tema racial de Estados Unidos permanece en las áreas de economía y riqueza. Si bien la pobreza de los afroamericanos disminuyó durante la década del 60 y pasó del 55,1% en 1959 al 32,2% en 1969, desde entonces hasta hoy la reducción ha sido lenta y desigual. Así, en el 2011 la tasa de pobreza de la población afroamericana fue del 27,6%, casi tres veces la tasa de los blancos, que llegó al 9,8%. En cuanto al desempleo, el Instituto de Política Económica asegura que hace 50 años era del 5% para los blancos y del 10,9% para los afroamericanos. Hoy es del 6,6 y el 14% respectivamente. La brecha aún persiste, a pesar del paso del tiempo y de la lucha constante iniciada por King, Kennedy y otros, quienes dejaron un camino abierto para lograr una sociedad multirracial, democrática y menos violenta que hace medio siglo. (*) Abogado y diplomático