El trabajo de la facultad
con la comunidad

Estudiantes de la Universidad del Comahue aplicaron reiki a pacientes oncológicos con el objetivo de disminuir el dolor. La experiencia está siendo evaluada por un comité de profesionales.



Un grupo de 21 estudiantes de la Facultad de Ciencias Médicas, de la Universidad Nacional del Comahue se capacitó y aplicó reiki a pacientes pediátricos del hospital Castro Rendón, con la finalidad de poder calmar el dolor físico y emocional de pacientes oncológicos. Durante más de dos meses, los niños de hasta 14 años, sus familiares y los trabajadores de la salud participaron del proyecto que formó parte de voluntariado universitario.

Durante el tiempo que duró la práctica, los participantes del proyecto trabajaron con herramientas aportadas por la Organización Mundial de la Salud. Asesorados por los profesionales, realizaron informes sobre la escala del dolor para demostrar la eficacia del trabajo. Esos datos quedaron a disposición del hospital que los evaluará científicamente.

La encargada de dar forma a la iniciativa fue la bioterapeuta y reikista Patricia Sánchez, que dio su primer aporte en la universidad en el 2015, a través de un seminario de “Bienestar emocional”. Su intención, explicó, siempre fue poder trasladar su conocimiento a la medicina.

Este interés fue el que la llevó a contactarse con la médica oncóloga y pediatra Constanza Arnaiz, que forma parte del equipo médico del hospital Castro Rendón. También contó con el aporte de la jefa del área de Cuidados Paliativos de ese hospital, Sandra Chacón, y con la docente de la Facultad de Ciencias Médicas, Nora Mur.

Fue el año pasado cuando comenzaron a darle forma al proyecto que luego presentaron para que pueda concursar con el resto de los voluntariados universitarios. “En diciembre, del año pasado, nos informaron que el proyecto estaba aprobado”, recordó Patricia con entusiasmo. Esa presentación logró obtener el acompañamiento de la Secretaría de Políticas Universitarias a nivel nacional.

Una experiencia distinta

El primer paso fue capacitar a los estudiantes de la carrera de medicina. Patricia junto al resto de los profesionales organizaron un grupo de trabajo con voluntarios reikistas, para que puedan aportar conocimiento y herramientas sobre esta disciplina. De esta forma fue como los estudiantes se involucraron y lograron alcanzar el primer nivel de la práctica.

Durante ese proceso de capacitación, los voluntarios participaron de charlas relacionadas a los cuidados paliativos, oncología y tanatología. Patricia explicó que contaron con el aporte de un psicólogo especialista en el buen morir. “Después de las capacitaciones, a mediados de abril, los chicos comenzaron a participar (en el hospital) organizados en comisiones”, recordó. A los estudiantes se les sumaron los voluntarios que quisieron participar de la iniciativa que se desarrolló hasta julio de este año.

Los receptores del proyecto fueron niños de 0 a 14 años que estaban internados por alguna patología oncológica. Muchas de ellas, explicó Patricia, relacionadas a la sangre. Los síntomas que tenían les generaban dolores de cabeza crónicos, cansancio corporal o calambres en las extremidades del cuerpo, entre otras dolencias. “Después de 20 minutos de práctica, los chicos podían expresar claramente el alivio de los síntomas, sin haber recibido en ese momento ningún tipo de medicación”, aseguró.

La bioterapeuta explicó que el reiki es “la transmisión de energía a través de las manos”. En general, agregó, tiene más efecto a nivel emocional. Una sesión normal de adultos, explicó, demanda alrededor de 40 minutos a una hora, sin embargo, ellos lograron reducir el tiempo ya que se dividían en comisiones de trabajo.

Para llevarlo a cabo, los estudiantes y voluntarios reikistas se dividieron en grupos. La modalidad consistió en que cada paciente, familiar o trabajador de la salud contaba con la atención de tres personas. Para poder realizar de manera plena la disciplina, era necesario que el niño y un referente de la familia formen parte de esa experiencia ya que la mirada holística de esa disciplina entiende que “la enfermedad es una disfunción emocional que generalmente se genera en el seno de la familia a la que pertenecemos”, explicó Patricia. “El ofrecer esto a su familia fue una manera de acceder o ayudar a aliviar el origen de la enfermedad y no solamente el síntoma”, agregó la bioterapeuta.

Pero no sólo los pacientes y sus familiares recibieron la aplicación del reiki. El proyecto también involucró a los trabajadores de salud, con el fin de poder favorecer la atención en los pacientes.

Durante esos meses, los participantes del proyecto trabajaron con herramientas aportadas por la Organización Mundial de la Salud. Para esto contaron con el asesoramiento de los médicos del hospital Castro Rendón.

Según explicó Patricia, la OMS cuenta con una escala del dolor que va de 1 a 10. La especialista recordó que antes de cada sesión se le preguntaba al niño, o a su madre, en qué instancia se encontraba. “Las evaluaciones siempre fueron positivas, siempre nos mencionaban que el dolor disminuía enormemente”, recordó con agrado.

La última visita al hospital fue en junio de este año pero el trabajo aún no está concluido. La intención de los estudiante universitarios es poder trasmitir su experiencia al resto de sus compañeros. La creadora del proyecto de voluntariado explicó que el próximo objetivo es poder capacitar a equipos médicos de otros hospitales de la región para que puedan desarrollar la propuesta, junto a estudiantes universitarios. “Fue un sueño hecho realidad, hay mucho compromiso por parte de todos. Los estudiantes se pusieron el proyecto al hombro”, destacó.

El dato

El proyecto se llevó a cabo a través del voluntariado universitario. Fue aprobado en diciembre del año pasado y se realizó durante el 2017.

Los informes con los resultados obtenidos están ahora en estudio por un comité de profesionales de la salud del hospital neuquino.

“Me parece que se complementan. La medicina tradicional trata bien lo físico y quizás el reiki u otras terapias tratan la parte espiritual”.

Lorena Rodríguez, 26 años, estudiante del último año de la carrera de Medicina.

“Fue un sueño hecho realidad, hay mucho compromiso por parte de todos. Los estudiantes se pusieron el proyecto al hombro”,

aseguró Patricia Sánchez, reikista y generadora del proyecto.

La salud colectiva moviliza a diario a la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Comahue. Es por eso que de manera permanente, los docentes y estudiantes se ocupan de generar lazos con la sociedad, a través de los proyectos de Extensión y de los grupos de voluntariado. En lo que va del año, la comunidad universitaria se dedicó a abordar la prevención de enfermedades, promoción de derechos y contención emocional de niños y adultos.

La secretaria de Extensión de la Facultad de Ciencias Médicas, María Luz Riera, remarcó que el objetivo del área de la Universidad Nacional del Comahue es “bajar las paredes y abrir las puertas de las facultades para que entre la comunidad”.

Desde la Secretaría de Extensión explicaron que el proyecto “Atención paliativa con reiki” contó con el apoyo de la Secretaría de Políticas Universitarias a nivel nacional y luego se canalizó por el área de la Facultad de Ciencias Médicas. El proyecto, que pasó por todos los controles, ahora está en estudio por un comité de profesionales de la salud, en Neuquén, detallaron.

Pero ese no fue el único proyecto que se trabajó a lo largo del año. Un grupo de estudiantes de Ciencias Médicas se capacitó para visitar las escuelas medias de Neuquén y brindar información preventiva para el control del VIH. El proyecto denominado “Educar para Prevenir” es una iniciativa del Servicio de Infectología del Hospital Castro Rendón y del ministerio de Ciudadanía de Neuquén, que se unieron a la Facultad de Ciencias Médicas de la UNC para realizar tareas de prevención de VIH en 18 escuelas medias de esa ciudad. Fue canalizada en un proyecto de voluntariado universitario dirigido por el médico y docente de la Facultad, Adrián Cattáneo, y los especialistas Adrián Morales y Paola Tanti del hospital Castro Rendón.

Las capacitaciones comenzaron en mayo y el objetivo fue que los estudiantes secundarios reciban de sus pares más información sobre este tipo de enfermedades, como forma de prevención estipulada en el marco de la campaña de la Organización Mundial de la Salud para el control del HIV, denominada “Estrategia 90-90-90”, informaron.

La secretaria de Extensión universitaria remarcó que en general en los proyectos “se pone en evidencia todo lo que uno es, se pone en práctica lo humano”. Esa interacción que se da entre la comunidad y facultad, remarcó, genera crecimiento y es lo que “le da valor a la facultad inserta en su comunidad”.

“La interacción que se da con la gente genera crecimiento
y es lo que le da valor a la universidad inserta en su comunidad”,

explicó María Luz Riera, secretaria de Extensión de Medicina.

Datos

21
estudiantes participaron del proyecto que se llevó a cabo en el hospital Castro Rendón de Neuquén.
2
meses duró el proyecto, que estuvo destinado a niños de hasta 14 años internados por una patología oncológica.
El proyecto se llevó a cabo a través del voluntariado universitario. Fue aprobado en diciembre del año pasado y se realizó durante el 2017.
Los informes con los resultados obtenidos están ahora en estudio por un comité de profesionales de la salud del hospital neuquino.
“Me parece que se complementan. La medicina tradicional trata bien lo físico y quizás el reiki u otras terapias tratan la parte espiritual”.
“Fue un sueño hecho realidad, hay mucho compromiso por parte de todos. Los estudiantes se pusieron el proyecto al hombro”,
“La interacción que se da con la gente genera crecimiento
y es lo que le da valor a la universidad inserta en su comunidad”,

Temas

Cipolletti

Comentarios


El trabajo de la facultad con la comunidad