El Último Primer Día ya se instala en la región

Cada vez más adolescentes deciden pasar la noche en vela antes del primer día de clases de su último año del secundario, e ir al colegio sin dormir, todos juntos.



La costumbre empezó en Mendoza y rápidamente se expandió por todo el país.

La costumbre empezó en Mendoza y rápidamente se expandió por todo el país.

“Es la celebración de un día que no vas a vivir nunca más. Un día para festejar”. Son muchos los jóvenes que coinciden en la definición del llamado “UPD” (último primer día).

El ritual comenzó en las provincias de Mendoza y San Juan, se propagó rápidamente a las ciudades de Buenos Aires y Rosario, con fiestas en parques y calles, murgas, pirotecnia, aerosoles con espuma, cotillón y abundante alcohol. Y ya llegó a la región.

Año tras año, más y más estudiantes del último año del secundario se ven seducidos por la celebración del “Último Primer Día” de clases de quienes terminan la secundaria. Lo que comenzó siendo un festejo de colegios privados se fue extendiendo a algunas escuelas públicas.

El ritual arranca con “una previa” la noche anterior al comienzo de clases. Cada curso se reúne en alguna casa donde, aseguran, el consumo de alcohol no falta. A la medianoche, varios cursos confluyen en algún salón contratado previamente para dar comienzo al “festejo oficial”.

La fiesta se extiende hasta las 6 cuando llega el momento de asistir al colegio en las mejores condiciones posibles y todos juntos.

“La idea es la unión”

“La previa es el momento propio del curso; de ahí salimos todos juntos. La idea de la UPD es unión. Bailar, pasarla bien y reírse. Estar todos juntos para ir al colegio sin dormir. A las 6 salimos y nos tomamos el colectivo, estemos como estemos”, resumió Paula, de 17 años, que concurre a un colegio público de los kilómetros en Bariloche.

Candela, una de las organizadoras del festejo para hoy a la noche, admitió: “Lo que más cuesta es conseguir lugar porque la verdad es que la UPD no tiene muy buena fama y la mayoría somos menores de edad. Buscamos boliches porque no necesitan permiso de la municipalidad pero cierran en marzo y son muy caros, y hay uno que abre todo el año pero no quiere tener problemas”.

Este año unos 500 jóvenes de distintos colegios intentaron festejar de manera conjunta pero ante la falta de espacios, el grupo debió dividirse. Una parte consiguió el salón de un hotel céntrico que garantiza DJ, seguridad y decoración, aunque con varias condiciones.

Cuesta conseguir lugar porque la UPD no tiene buena fama y la mayoría somos menores de edad"

Candela, una de las organizadoras del festejo de esta noche en Bariloche.

Los “resguardos”

El fantasma de los disturbios posibles ocasionados por el consumo de alcohol no es menor.

“En mi colegio, cuando llegan los chicos de quinto se fijan que estén en condiciones. Por eso, muchos de ellos terminan no yendo. Otro están pero no muy bien”, admitió Candela, de Bariloche.

En Rosario, por ejemplo, hay escuelas que organizan reuniones de padres por la UPD para que pongan algunos límites.

Los adolescentes festejan toda la madrugada y luego se presentan al último primer día de clases.

Evento privado

En Bariloche, el “contrato” con algunos salones define que se trata de “un evento privado” en el que nadie puede ingresar si no figura en las listas; por eso, los chicos deben llevar el documento e incluso una autorización de los padres.

Especifica que los menores no pueden comprar alcohol en la barra; solo los mayores están habilitados aunque con documento en mano. Tampoco permiten el ingreso de alumnos “en estado de ebriedad extrema”.

Los cursos deben garantizar la presencia de 5 a 10 tutores que deberán permanecer en el sector vip hasta las 4.

Ignacio egresó de un colegio privado de Bariloche el año pasado. Para la UPD, su curso, junto a otros nueve, reservó un local debajo del Bariloche Center, a metros del Centro Cívico, pero la fiesta debió suspenderse a mitad de la madrugada.

Nos dijeron que había exceso de gente. Había chicos en las listas que quedaron rondando afuera, hubo peleas y terminó interviniendo la policía”, recordó el joven de 18 años.

Después del festejo, admitió risueño que “hubo soldados caídos pero la mayoría llegamos a clases. Nos controlaron el uniforme, el estado en que estábamos, los ojos y el aliento. Como la policía, pero eran directivos”.

El ritual

Previo a la celebración, chicos y chicas decoran las remeras que usarán esa noche. También se diseñan vinchas.

Nosotros nos pintamos las chombas del cole. Les pusimos manos con los colores del colegio y ‘Promo 2020’. Hay algunos que se hacen batik”, indicó Candela.

Paula acotó que “no todos los colegios se suman a la UPD, ni todos los cursos porque hay muchos que no se llevan bien”. “Unos 13 cursos participan de la fiesta a la que voy a ir yo, pero sé que hay, al menos, otras dos fiestas más”, contó.

El supervisor de educación media, Ricardo Fernández, señaló que la UPD surgió hace ya varios años “en determinados grupos sociales, pero en Bariloche no es tan visible, ni tiene la misma intensidad que en otros lugares del país”.

“Es un compartir juntos el inicio de la última jornada. En Bariloche no hemos tenido intervenciones o conocimiento de situaciones que hayan estado acompañadas de mucho alcohol o drogas”, reconoció.

Advirtió también que comenzó en escuelas privadas y hoy se hace “en escuelas públicas de clase media, no en los sectores populares”.

Es un festejo pero no comparto nada que ponga en riesgo la vida de los adolescentes. Además, supongo que es un invento americano, no tiene nada que ver con nuestra cultura”, sintetizó Fernández.

En Neuquén sugieren atender al estado de los alumnos

El Último Primer Día comenzó a crecer en Neuquén en los últimos tres años. Es una iniciativa que surge de los adolescentes y que se desarrolla por fuera de las instituciones educativas. Pero la raíz tiene que ver con las escuelas y por eso sus directivos, y también el Ministerio de Educación, comenzaron a involucrarse.

“A través de las jefaturas de supervisión y de los supervisores, recomendamos a los equipos directivos que estén atentos y miren las condiciones en las que ingresan a los establecimientos nuestros chicos y chicas. Tengamos en cuenta que son actividades que las desarrollan masivamente, en grupo, y que para evitar cualquier tipo de conflicto hay que convocar a los papás de los chicos con los que tengamos alguna situación en particular”, dijo Ruth Flutsch, vicepresidenta del Consejo Provincial de Educación (CPE).

Resaltó que “la sugerencia es, sobre todo a los padres, que hablen con sus hijos sobre el comportamiento, el consumo de bebidas y sobre el tipo de cuidados que tenemos que tener en este tipo de actividades grupales y masivas para evitar situaciones desagradables”.

“Lejos de nosotros está que los chicos tengan este tipo de experiencias, pero si las quieren tener que las tengan con los cuidados y los recaudos que corresponden al caso. Y en esto la familia cumple un rol primordial porque justamente se desarrolla en un ámbito que no es escolar”, agregó la funcionaria provincial.

Flutsch aseguró que también articularán medidas con el Ministerio de Seguridad para garantizar rondines policiales en los lugares preferidos de los adolescentes para desarrollar los “festejos” previos a su último primer día como estudiantes secundarios.

Respecto de las posibles sanciones ante incidentes, dijo que cada escuela lo decidirá en base a su acuerdo de convivencia.

“Las escuelas secundarias tienen sus propios Acuerdos Escolares de Convivencia (AEC). Esos acuerdos se han hecho y se han elaborado de manera democrática con cada uno de los sectores de la escuela. Dentro de esos marcos, la escuela evaluará los conflictos que se puedan desarrollar y verán qué es lo que amerita: si un diálogo; o que llamemos a los papás; o un taller para hablar sobre estas temáticas. Esa libertad la tienen las escuelas”, detalló la vice del CPE.

Desde hace unos tres años la costumbre se instaló en la región.

Celebremos intensamente EDD (El Día Después)

Gustavo Marín, Psicólogo, MP 231.

No hay ningún problema con esto de festejar, al contrario, se necesitan espacios para todas las edades donde compartir, celebrar, intercambiar, crecer juntos, bailar y reír. El inconveniente es que para la celebración adolescente del UPD se requiera inevitablemente de mucho alcohol, sin límites, en exceso, hasta la borrachera.

Y a “las borracheras” no hay que naturalizarlas porque muchos estudios indican su relación directa con accidentes graves, violencia y riesgos para la salud.

Es esperable que los adolescentes quieran transgredir, desobedecer, manipular, querer salirse con la suya, probar cosas nuevas, crear culpa o conflicto en los padres. Pero el rol de los adultos es salirles al paso, confrontar, a veces de manera directa, a veces más sutilmente. Y si esto no sucede, el adolescente no tiene contra quien probar su fuerza, averiguar dónde están los límites. Si los adultos se corren de su lugar ¿quién lo va a contener ante tanto descontrol hormonal y conductual?

A veces los padres ven a los adolescentes como “incapaces” y les resuelven todo; y a veces los ven como “maduros, autónomos y elaborados” y les permiten tomar decisiones por sí mismos y los dejan de guiar y acompañar. El resultado es un ser desamparado que actúa por impulso, sin pensar, sin posibilidad de reflexionar y ser contenido ante los importantes cambios que está experimentado en la vida.

La sociedad está en permanente cambio, y esto lleva a los adultos a estar en crisis, y no hay recetas para actuar adecuadamente, pero la cuestión es no abandonar el lugar de adultos, no renunciar a su autoridad.

Hay jóvenes, padres y profesionales que naturalizan el alcohol y las drogas, y así ya tenemos demasiados adictos. El temor a ser un represor, un autoritario, nos ha hecho perder autoridad, y sin ella, no hay contención que es cuidado y afecto.

Para festejar, para celebrar y divertirse, un adolescente lo único que necesita son sus emociones, sus ganas, la música y el baile.

Podemos fortalecer los vínculos humanos estando presentes en la vida de nuestros hijos, animándonos a ir en contra de la corriente de una sociedad enferma que nos propone valores ligth, el facilismo, y el soltar cuando no hay que soltar, sino contener y poner límites, que una forma de amar.


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