El viaje de egresados no es un resorte del Estado




Marcelo Antonio Angriman

*Abogado, Profesfor Nacional de Educación Física, docente universitario. angrimanmarcelo@gmail.com

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Resulta evidente que los resultados esquivos en las primarias, dentro de la franja etaria juvenil, llevan a anuncios indisimulablemente demagógicos como los de Kicillof.


No hay que ser un erudito para afirmar que el viaje de egresados no es resorte del Estado.

Tanto por definición, usos y costumbres, como por tener otras prioridades más acuciantes, escapa al Fisco tener que soportar una erogación de 30 mil pesos por alumno a razón de 220.000 jóvenes de escuelas públicas y privadas de la Provincia de Buenos Aires que cursan actualmente el último año de la escuela secundaria.

Sin embargo para perplejidad de propios y extraños, tal ha sido el anuncio del gobernador bonaerense Axel Kicillof, quien fundamentó su intempestiva decisión de beneficiar al sector turístico y la revinculación social y afectiva de los jóvenes.

Entre los objetivos del programa se destacaron, además, el impulso del turismo contra-estación; el desarrollo de nuevos destinos como la costa y el fortalecer la identidad bonaerense. Sin embargo, la medida amerita una serie de objeciones, que se podrían sintetizar en los siguientes puntos:

1.- Los viajes de egresados no persiguen una finalidad educativa: La ley nacional 25599 de Turismo Estudiantil se encarga de definir a los viajes de egresados como: las “actividades turísticas realizadas con el objeto de celebrar la finalización de un nivel educativo o carrera, que son organizadas con la participación de los padres o tutores de los alumnos, con propósito de recreación y esparcimiento, ajenos a la propuesta curricular de las escuelas y sin perjuicio del cumplimiento del mínimo de días de clase dispuesto en el calendario escolar de cada jurisdicción educativa” .

En tanto los viajes de estudio son: “actividades formativas integradas a la propuesta curricular de las escuelas, que son organizadas y supervisadas por las autoridades y docentes del respectivo establecimiento”.

Más allá de cuestiones semánticas y confirmando la total carencia pedagógica, no se observa que los alumnos deban brindar algún tipo de contraprestación por el beneficio recibido, tal como desarrollar una campaña solidaria que beneficie a otras personas y a partir de allí generar un círculo virtuoso.

2.- Los viajes de egresados no involucran a los colegios: Ha sido una constante durante las últimas décadas la ajenidad de las escuelas en la organización y participación de los viajes de egresados. A tal punto que no se celebran reuniones de padres en los establecimientos educativos y los contratos se firman directamente entre padres y la agencia de turismo estudiantil.

A su vez tales viajes se acostumbraban a diferir para una vez finalizado el año lectivo, ya que se computan las faltas a quienes participan de los mismos.

Cuestiones de responsabilidad civil y de no poder ejercer efectivamente el control de la autoridad escolar (Art. 1767 CCYC), llevaron a directivos y/o docentes a no participar de dichas actividades (Arts. 1710, 1716 y 1725 CCYC).

Llama poderosamente la atención que, tras tanto tiempo de sacarse con razón el lazo de encima, ahora el Estado provincial se lo ponga gustoso, en un discurso celebrado con bombos y platillos.

3.- Un gasto perfectamente evitable: Siendo una tradición que los padres paguen el viaje de egresados de sus hijos en cuotas y aun con gran esfuerzo, poner en cabeza de todos los contribuyentes bonaerenses el pago de más de doscientos mil jóvenes, implica un verdadero desatino. Mucho más lo es que escuelas privadas pudientes, acostumbradas incluso a viajar al exterior, formen parte del mismo plan.

Hubiera sido más criterioso, y seguramente más digno, dar un crédito que sea devuelto en cuotas razonables por parte de los alumnos y/o sus padres.

4.- El padecimiento general de los jóvenes: Con el mismo argumento de haber sufrido los embates de la pandemia y la eterna cuarentena, el viaje debería ser otorgado a todos los jóvenes y niños de la provincia de nivel primario y secundario. Curiosamente, según el criterio gubernamental, la afectación resultó privativa solo para los votantes.

5.-Desincetiva el esfuerzo: El plan, tal como está concebido, desmerece el esfuerzo personal de los alumnos para poder acceder a su viaje de egresados y el de sus padres, que muchas veces ven en ese premio un reconocimiento al cierre de un ciclo por parte de sus hijos.

Tampoco queda claro si el mandatario provincial considera un mérito el terminar la secundaria ya que, de ser así, debería pensar en un viaje al exterior para los cada vez menos egresados universitarios. Indudablemente, el hecho de que este anuncio se haya producido entre las PASO y los comicios definitivos, demuestra el claro tinte electoralista de la medida. Máxime cuando estos mismos jóvenes fueron los últimos a quienes se consiguió la vacuna contra el coronavirus habilitada para su edad.

Resulta evidente que los resultados esquivos arrojados en las primarias, dentro de la franja etaria juvenil o directamente su inasistencia a los comicios, llevan a anuncios indisimulablemente demagógicos como el comentado. Un sistema clientelar que por conveniencia o temor muchos aceptan, mientras que para otros ya constituye una práctica perimida.

La situación planteada enfrenta a los jóvenes -primeros votantes- a un crucial desafío cívico: el de decidir qué clase de política pretende que gobierne nuestro país en los próximos años.

* Abogado. Prof. Nacional de Educación Física. Docente universitario. angrimanmarcelo@gmail.com


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